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Entrevista a Dolores Prades: La crítica solo tiene sentido si es exigente

Queremos compartir con ustedes esta entrevista a Dolores Prades, de quien nos declaramos admiradores, publicada recientemente en el número 16 de la revista El Librero. Dolores es editora especializada en literatura infantil y juvenil y coordinadora editorial de la revista Emilia. También pueden leer su columna para Publishnews aquí: «Pequenos grandes leitores».

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“La crítica solo tiene sentido si es exigente”

El Quinto Festival del Libro Infantil tuvo como invitada a la editora, gestora y consultora brasileña, quien durante años se ha dedicado a reflexionar sobre la industria editorial y la literatura para niños.

Isabel Calderón Reyes

Dolores Prades ha recorrido un camino largo en la edición de libros para niños y jóvenes. Después de varios años como gerente de literatura infantil y juvenil en SM, pasó a formar parte del equipo de la editorial portuguesa Babel, que este año desembarcó en Brasil con la idea de ampliar su catálogo y su público. Además, Prades escribe sobre temas editoriales y sus textos se pueden leer en Internet, en el portal brasileño de noticias PublishNews y en la revista digital Emília, de la cual coordina el área de literatura infantil y juvenil.

Hay indicios de que en los últimos años la edición de libros infantiles y juveniles ha estado fortaleciéndose en los países latinoamericanos: se hacen montones de libros, se venden, y se organizan congresos y festivales en torno a la literatura y la edición para niños y jóvenes. Pero, ¿cómo lo ves tú desde adentro?

–La literatura para niños y jóvenes gana cada vez más espacio y atención en varios países latinoamericanos. Creo que son varios los factores que ayudan a poner en marcha este fenómeno. Primero, los mercados de la infancia, de la juventud y, más recientemente, de la primera infancia se están abriendo con una potencia enorme. Segundo, la necesaria inversión en la formación de lectores en toda América Latina: no solo como una cuestión cultural pero prioritariamente como una condición para acceder a la economía global en condiciones de competencia. Y en tercer lugar están las inversiones de los gobiernos en compras de libros infantiles. Hoy Brasil se destaca, pero no nos olvidemos de lo que fue México. Y sabemos que muchos otros países ensayan y ponen en marcha sus planes nacionales de lectura. La lectura está en evidencia en América Latina, esa es la verdad y se está produciendo muchísimo. Demasiado, diría yo. Creo que estamos viviendo dentro de una burbuja de jabón que en cualquier momento puede explotar. Por eso es importante trabajar por la calidad y no por la cantidad.

En la industria editorial, el mercado es una realidad e impone sus reglas. ¿Cómo establecer un equilibrio entre las reglas del mercado y los criterios de calidad?

–Sin duda, al hablar de edición hablamos de industria editorial. Los editores históricos, los más importantes, que ayudaron a innovar en la edición, que construyeron catálogos de calidad inolvidables, que invirtieron en autores fuera de las convenciones de su época, nunca lo hicieron fuera del mercado. Lo esencial es no perder de vista la particularidad de la industria editorial, su carácter cultural. No perder de vista también que el responsable por todo el proceso editorial, del original hasta el mercado, es el editor. Que una de las características de un buen editor es que vaya mas allá de su época, que se adelante, que identifique los deseos y las necesidades de su público. La realidad actual conspira contra todo esto y pone en marcha lo contrario.  En el momento en que estos valores se subordinan al mercado, que pasa a dar las coordenadas y someter la edición a su lógica exclusiva, la calidad, la innovación y el lector desaparecen, o dejan de ser la razón de ser del trabajo editorial. El equilibrio solo puede establecerse poniendo otra vez la edición en el centro.

¿Será que el rol del editor es limitar la tendencia de la industria editorial a complacer a tantos consumidores como sea posible?

–Creo que el rol del editor es asegurarse de estar haciendo lo mejor de acuerdo con la línea de su editorial. Para eso, tiene que tener una formación que le dé criterios para seleccionar lo mejor entre las ofertas que se presenten, sean de literatura o libros de conocimiento. Creo que la búsqueda de los best sellers, tal como la plantean hoy los grandes grupos, es una trampa del mercado. Cualquier editor hace sus libros pensando que deben ser un éxito entre su público. Y muchos lo son o no, sin razones lógicas. Lo que hace un catálogo sólido no son los best sellers sino los long sellers, el fondo vivo. Exactamente todo lo contrario de lo que el mercado actual propone, libros con vida corta, políticas de marketing y comerciales diciendo cómo y qué editar: editores transformados en controladores de cronogramas.

Cuando los niños son el público de un proyecto editorial hay variables que inevitablemente se cuelan en el oficio. Ya no se trata solo de hacer libros: con esta actividad vienen otras, como la promoción de lectura, la educación e, incluso, la formación de mejores ciudadanos. ¿Estás de acuerdo? ¿Crees que la edición de libros para niños y jóvenes deba ser una actividad «comprometida» con causas políticas y/o educativas?

–Si analizamos el mercado, vemos que sucede exactamente lo contrario: se hacen libros y más libros en su enorme mayoría sin ningún compromiso ni con la educación ni mucho menos con el futuro de los niños o de la humanidad. Sin embargo, yo creo que cada vez que decides hacer un nuevo libro, algunas preguntas inevitables se te ponen: ¿para qué? ¿Por qué? Los editores son los responsables  de lo que está a la mano. Dependiendo de lo que editemos, podemos aproximar o alejar los lectores de hoy de la lectura de mañana. No veo cómo pueda dejar de ser una actividad comprometida.

En tu trabajo se evidencia un interés por la promoción de espacios para la crítica literaria. ¿Cómo puede la crítica alimentar la producción editorial y encender luces que guíen a autores, ilustradores y editores, sin dejar de ser exigente y rigurosa?

–La crítica literaria solo tiene sentido si es exigente y rigurosa. Y creo que en nuestra área falta crítica responsable por crear criterios y ofrecer un aparato crítico de evaluación de lo que el mercado ofrece. Sin esto, me parece muy difícil pensar en la formación de los promotores de lectura, por ejemplo, en los profesores que seleccionan libros para las escuelas y que son, al final, los mayores responsables por las ventas y por la continuidad de la edición de determinados libros de carácter instrumental. La crítica también puede alimentar la producción editorial apuntando tendencias, innovaciones, nuevos caminos, para todos los que están involucrados en el mundo de la edición.

Tomemos el ejemplo de la Revista Emília, un proyecto en el que tú participas activamente: se trata de un medio de comunicación en el que se plantean reflexiones sobre promoción de lectura y literatura infantil…

Emília nace de una acción entre amigos preocupados con la edición de calidad, la formación de lectores y la falta de un canal de reflexión y un espacio de intercambio de experiencias y pensamientos. Y con vocación de ser un palco y un puente entre los diferentes países de América Latina. Creo que no es por casualidad que surge exactamente en este momento tan fértil de la producción y de la promoción de la lectura en nuestros países. Es una necesidad que podemos medir por la aceptación que  viene teniendo desde que la colgamos por primera vez en Internet.

Cortesía El Librero

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Artículos Literatura Infantil

Entrevista con Anthony Browne

Publicada en la revista Cambio

Bogotá, septiembre de 2000
Por: Yolanda Reyes

ANTHONY BROWNE

Un peso pesado de los Premios Andersen

Cartagena de Indias, la ciudad que desde los tiempos de piratas y corsarios, ha sido el escenario para todo tipo de encuentros, desde los más serios, hasta los más mágicos e inesperados, acaba de ser la sede de una cita que cada dos años convoca a todas las personas dedicadas al oficio de hacer libros para niños en el mundo entero. El congreso de IBBY, International Board on Books for Young People, reunió durante una semana de septiembre, a más de ochocientas personas, entre escritores, ilustradores, editores, libreros, críticos, maestros y bibliotecarios interesados en la lectura y la literatura infantil. En el marco de ese congreso se entregaron los Premios Andersen, que son los máximos galardones otorgados a los creadores de libros para niños. (Algo así como los Nobel de la literatura infantil). La brasileña Ana María Machado recibió el premio como autora y el inglés Anthony Browne recibió el premio de ilustración.

Cambio tuvo la oportunidad de hablar con Anthony Browne unas horas antes de recibir el Andersen. Para ese inglés irreverente y menudo, nacido en Sheffield en 1946 y muy parecido al tímido Willy de sus cuentos, la experiencia de leer su discurso ante una multitud de fans, en el teatro Pedro de Heredia, tenía cierto parecido con algunas de las escenas de sus libros. El personaje de un chimpancé débil y pequeño, que se enfrenta a un mundo de feroces gorilas es un motivo recurrente en su obra y quizás en otras escenas de su vida, como la que vivió ese día. Pero, con la humildad y la paciencia de Willy el tímido y, a la vez con la ternura y el humor que lo caracterizan, Browne tuvo tiempo para reírse con nosotros, comer arroz de coco y conversar a la sombra de una vieja casona en el centro de la ciudad. Y aunque dice ser de pocas palabras -de hecho sus libros lo son- la modorra del mediodía nos alcanzó para una deliciosa entrevista.

Yolanda Reyes: Voy a empezar por esa pregunta obvia que habrás contestado tantas veces y que seguro le sirve a Willy para romper el hielo. ¿Qué significa el premio Andersen en tu carrera?

Anthony Browne: Significa el fin de mi carrera. (Risas). Hasta aquí llego. No hay para dónde seguir…

YR: Habías estado en Colombia hace cuatro años. Además del Andersen, ¿qué ha pasado en estos cuatro años?

AB: No sé si me acuerdo. Hice nuevos libros. Cambié de editorial. Durante veinte años había tenido una excelente editora, Julia Mc Ree, pero ella se retiró y yo decidí salirme de Random House, que es una editorial enorme, un conglomerado. Me pasé a una editorial pequeña que publica, tal vez, los mejores libros para niños y los hace con muchísimo cuidado. Fue como un gran salto que me tiene feliz y lleno de entusiasmo.

YR: Hoy escogiste Gorila para leer al público en tu encuentro con los lectores. ¿Por qué Gorila? ¿Es tu libro preferido?

AB: Eso es relativo. También me gustan Zoológico, Cambios o Willy el Soñador. Pero Gorila es un libro extraño. Es el séptimo libro de mi carrera y fue el primer libro en el que sentí que todo se iba dando a la vez. Yo trabajé en él de un modo completamente instintivo. Sólo ahora, cuando miro para atrás, soy más consciente de lo que hice. Ahora puedo explicar, por ejemplo, que hice dos escenas en la cocina: una, que es la escena de Ana con el padre distante, en la que los colores son fríos y la perspectiva es lejana. Y la otra, la de Ana con el gorila, en la que los colores son cálidos y la perspectiva acerca las cosas. Pero, mientras lo hacía, todo iba pasando y así se fue dando.

YR: Quizás esas sensaciones que se fueron dando, como tú dices, son las que experimentan los niños lectores. Ellos no se detienen a analizar los colores que elegiste o el manejo de la perspectiva. Simplemente sienten la historia y quedan atrapados, seducidos en ella.

AB: ¿Atrapados? Eso me gusta.

YR: ¿Planeas hacer más libros de gorilas?

AB: Hay otro libro de Willy que está por salir y creo que será el último En ese libro hay una escena final, en una mesa de dibujo, en la que sale, sobre el escritorio, una máscara de Willy. De alguna forma, podría estar sugerido que Willy se queda atrás. Pero nunca se sabe del todo. Quizás siga viniendo…

YR: De todas formas, Willy el soñador es un libro muy distinto a los otros libros de Willy.

AB: Sí, es muy diferente. Es que no me gusta la idea de hacer más libros de Willy, en serie. Eso les gustaría a los editores porque ya tienen un mercado. Incluso, querrían también hacer una serie de televisión con el personaje. Pero yo no busco eso.

YR: En ese sentido, tu libro de Voces en el Parque es un libro mucho más complejo, con esas cuatro voces que se entrecruzan y ese juego de cuatro perspectivas que miran la realidad de distintas formas. Podría verse como un paso adelante en tu carrera…

AB: Me alegra que me digas que es un paso adelante porque, de cierta forma, también es un paso atrás. Se trata de un libro muy viejo, fue el segundo que hice, en 1977. Se llamaba Un Paseo por el Parque y la verdad es que nunca estuve contento con las ilustraciones ni con la historia, que me parecía demasiado simple. Entonces, mucho tiempo después lo retomé y fue emocionante volver atrás y hacer el libro otra vez.

YR: Es un libro muy audaz. Yo pensaba que era una idea nueva.

AB: No. Yo tuve muchos problemas con ese libro. Volví a empezarlo pero no parecía una idea muy comercial. Entonces empecé a trabajar en Willy el soñador porque quería hacer un libro que fuera como una serie de pinturas, sin la obligación de buscar la lógica o los nexos de una historia. Por eso escogí los sueños, que no obligan a ser lógico, sino a pintar lo que verdaderamente quieres. Así fue surgiendo. Las imágenes iban llegando, no tenía que pensarlas y podía pintar lo que quería, como en los sueños, que son de la imaginación. No tenía que explicar por qué ese árbol se convertía en banano. Fue una liberación. Y, cuando terminé Willy el soñador, volví a dedicarme a Voces en el parque. Pero las imágenes seguían pareciéndome muy simples y los personajes me parecían estereotipados. Estaba pensando cómo hacerlos diferentes y cubrí las ilustraciones con acetato, para protegerlas. Un día empecé a pintar sobre el acetato, solamente en las caras de mis personajes, que eran seres humanos. Entonces sucedió… Los fui transformando, de ser gente a ser gorilas y ¡funcionó!. Era sorprendente pero los gorilas parecían más reales. Las ilustraciones se volvieron más divertidas y también más extrañas. Y creo que dicen más sobre la gente, que las otras que eran sobre gente de verdad.

YR: Esa es una clave de tu trabajo. Si uno se fija bien, los gorilas son muy parecidos a la gente…

AB: Sí. Por eso me encanta citar siempre a un niño que me preguntó. “¿Willy es una persona real, o tú lo maquillas?”

YR: Siempre me ha resultado sorprendente que tú hagas libros tan complejos y los entiendan los niños de dos y tres años, lo mismo que los adultos. Además, en Latinoamérica y específicamente en Colombia, los niños no tienen muchos museos a su alcance y muchas veces no han visto jamás un cuadro de Dalí, de Van Gogh o de Magritte. Pero ellos ven las obras de arte de tus historias y entienden profundamente, o mejor, sienten, profundamente, el significado de ese cuadro puesto en ese lugar específico. Tus libros a veces son como los museos para nuestros niños.

AB: Es que los niños son increíblemente sensibles y brillantes. Y además, están muy cerca del arte. Todos dibujan y crean historias. Pero, entre la infancia y la edad adulta, algo sucede. Se vuelven serios y grandes y se olvidan de lo que sintieron.