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Graciela Fandiño: «Si me toca ser innovadora, soy innovadora…»

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En Espantapájaros aplaudimos la publicación del libro Haciéndose maestras, de Graciela Fandiño e Inés Elvira Castaño, sobre los problemas a los que se enfrentan en sus primeros años de trabajo las maestras de Educación Infantil. Hoy compartimos con ustedes esta entrevista que le hizo Isabel Calderón a una de las autoras.

Graciela Fandiño es Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación, UNEP, Madrid, y Magister en Investigación y Análisis Curricular, Universidad Pedagógica Nacional (UPN). Ha sido profesora de la Maestría de Educación y del Doctorado en la UPN. Coordinó la elaboración del Lineamiento Pedagógico y Curricular para la Educación Inicial en el Distrito y fue consultora del BID para la construcción del Lineamiento de Educación Inicial del Ministerio de Educación Nacional.


 

«Si me toca ser tradicional, soy tradicional.

Si me toca ser innovadora, soy innovadora…»

 

Graciela, por favor cuéntenos de dónde surgió su interés por el tema de los primeros años de docencia.

Yo me atrevería a decir que el tema de los maestros principiantes es nuevo para nuestro medio. Cuando fui a España a hacer mi Doctorado, en 1998, entré al mundo de la investigación educativa. Y allí me encontré con una línea de investigación, que se llama la línea del pensamiento del profesor: surgió en la década de 1970 y trata de pensar la profesión docente desde su especificidad. Su pregunta fundamental es «¿Cómo piensan los maestros?».

Y cuando yo les conté a mis profesores que me interesaba trabajar en esa línea, me sugirieron que leyera a Carlos Marcelo; Conseguí varios libros de él y uno de ellos era una investigación sobre los maestros principiantes. Yo no podía creer que ese fuera un tema de investigación. Y me alegró mucho porque recuerdo que para mí, salir de la universidad y empezar a trabajar como maestra fue un choque muy violento. De modo que mientras leía la investigación de Marcelo alcancé a pensar en hacer mi tesis sobre maestros principiantes. Pero sentía que quería investigar sobre ese tema más adelante y con la ayuda de alguien más. Así que hice mi tesis sobre el pensamiento del profesor en el trabajo por proyectos y supe que eventualmente llegaría el momento de trabajar en torno a los maestros principiantes.

Y el momento llegó. Cuéntenos cuándo decidió hacer esta investigación que ahora se ha convertido en un libro.

Yo estaba dictando un curso sobre el pensamiento del profesor, en la Maestría de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN). Y en una sesión les mostré a mis estudiantes una investigación sobre los maestros principiantes, a lo que un muchacho respondió: «¡No puedo creer que lo que yo esté viviendo esté tematizado!». Este muchacho, recién egresado de la Licenciatura en Ciencias Sociales, quería ser el mejor maestro de historia del mundo y se estaba encontrando con que lo que menos hacía era enseñar historia. Estaba metido en un mundo en el que no entendía nada. Para él, descubrir que aquello que él estaba sintiendo se investigaba en la academia era increíble. Y con esa perspectiva que él me dio decidí ponerme en la tarea de preparar mi investigación.

¿Cómo hicieron Inés Elvira Castaño y usted para recoger información sobre las experiencias de estas maestras principiantes?

Las maestras principiantes que participaron habían sido alumnas mías en la UPN y yo había mantenido contacto con ellas. Por otro lado, se dio una circunstancia muy bonita y es que por esos años se acababa de crear el Jardín Maternal de la UPN. Inés Elvira Castaño era la coordinadora y ella y yo trabajado juntas en otra investigación. Yo le propuse que me acompañara en esta y ella se entusiasmó con la idea. Por eso, varias de las maestras con las que trabajamos eran principiantes en el Maternal.

A la primera reunión llegaron unas quince personas: maestras que llevaban seis meses en el mundo real. Algunas no habían conseguido trabajo, estaban buscando y presentándose a entrevistas, y otras ya estaban trabajando. Y allá llegaron… Yo siento que ellas fueron para socializar lo duro que era haber salido de la universidad. Era muy fuerte.

Suena como si fueran a un grupo de apoyo…

¡Exacto! Los grupos de discusión se convertían en grupos de apoyo. Porque los maestros principiantes necesitan compañía. Para estas jóvenes, asistir a las discusiones era como una terapia: llegaban en busca de alguien que las escuchara y que entendiera lo que ellas estaban viviendo. Y eso lo encontraban en el grupo.

Pero, bueno, volviendo a la metodología de la investigación, se trabajó de una manera muy libre, aunque con unas categorías muy bien definidas: es decir, ya sabíamos que íbamos a indagar por los problemas a los que se enfrentan las maestras en cuatro niveles: en el ámbito social, en el ámbito pedagógico, en el ámbito personal y en el ámbito institucional.

Llama la atención que en su investigación ustedes hayan concluido que el ámbito en el que las maestras se encuentran con mayores problemas es el institucional. Sorprende un poco, porque otras investigaciones sobre maestros principiantes señalan el ámbito pedagógico como el más difícil.

Eso es una cosa coyuntural, específica de la educación infantil. No necesariamente pasa en otros niveles educativos. Sin duda, en Bachillerato las mayores tensiones sí están relacionadas con el manejo del grupo. Pero, bueno, lo que vimos nosotras es que estas maestras con las que trabajamos no tenían problemas con los niños. Sus mayores dificultades estaban relacionadas con las situaciones nuevas para ellas: con aquellos problemas a los que no se enfrentaban como practicantes. Por ejemplo, la relación con los padres de familia y los asuntos de las instituciones educativas.

Cuéntenos qué se sabe, en la actualidad, sobre <<el choque con la realidad>> de los maestros principiantes y sus efectos.

Es tan duro el choque con la realidad, en diferentes países, que más o menos el 30% de los maestros principiantes se retiran de la profesión. Eso es muy grave. Y por eso, porque el costo es muy grande, en otros países se adelantan programas de acompañamiento. Ahora el 80% de las ponencias en los congresos son sobre acompañamiento a los maestros principiantes. Colombia, en cambio, ni siquiera tiene estudios sobre el tema. Aquí se han tratado de hacer cosas, pero muy pronto se abandonan. Hay que hacer programas de acompañamiento y esto tiene que ser una política de estado. Todos deberíamos entender que hay que cuidar a los maestros, hay que preocuparse por que ellos estén bien. Yo creo que no se debe responsabilizar a la Universidad, que es la tendencia que hay acá. Aunque la Universidad sí tiene que revisarse y le convendría hacerlo…

¿Qué cosas se podrían replantear desde la Universidad?

En la Universidad la formación es muy crítica. Y es posible que por eso termine siendo idealista. Las maestras principiantes reconocen que cuando eran estudiantes y practicantes criticaban a las maestras. Y la universidad refuerza esas críticas, en vez de asumir un rol de comprensión y la reflexión; es decir, en vez de ayudar a las estudiantes a a entender que la maestra es parte del sistema educativo. La gran frase de las maestras principiantes con las que he hablado es: «Yo pensaba que podía cambiar el mundo». Y con eso se refieren a que pensaban que ellas no iban parecerse a las maestras a las que criticaron, ellas creían que iban a ser diferentes. Esa mirada hace que el golpe sea más duro. Pero, a la vez, ¿cómo les vamos a quitar el entusiasmo? ¡No! El entusiasmo es la esencia del trabajo educativo y tiene que ver con la edad, con la juventud, con el idealismo. Lo que pasa es que hay que ser un poco más realistas.

¿Cómo se explica que no se esté ofreciendo acompañamiento a las maestras principiantes?

Mire, mientras el maestro no tenga un lugar, esto no va a cambiar, es imposible. Si en este país de verdad fuera importante la educación habría tiempo y habría espacios para acompañar a los maestros. Y los maestros de educación infantil son los mejores del sistema educativo: son seres humanos maravillosos. Porque estar con los chiquitos no es una cosa fácil, dejémonos de tonterías. Estar con los chiquitos es agotador. Pero estos maestros se encarretan y quieren a los niños. Y si no tienen con quien compartir sus experiencias, si no tienen colegas, se les acaba el mundo. Estuve hace poco en Choachí y me impresionó la soledad de las madres comunitarias. Hay madres comunitarias a cargo 12 niños, que no tienen con quién hablar de lo que les pasa. Nadie, en serio. Eso empobrece el pensamiento. El maestro solo, la madre comunitaria sola…

Para cerrar, hablemos sobre lo que sucede después del choque con la realidad. A los tres años de estar trabajando, parece que las maestras se adaptan… ¿Qué nos puede decir sobre eso?

El primer año es el más duro. Luego, entre el primer y el tercer año, se van adaptando. Hay unas que cambian de institución cada vez que tienen la oportunidad. Esto les potencia el problema, diría yo.

En cambio, otras se cansan de ir contra la corriente y se adaptan. Pensando en eso, yo quise ponerle a este libro un título diferente: «Si me toca ser tradicional, soy tradicional; si me toca ser innovadora, soy innovadora.» Es una frase de una maestra, a la que le pregunté, hacia el final de la investigación, cuando ella ya estaba en su tercer año de docencia, por qué sus opiniones sobre muchos temas habían cambiado. Y ella me respondió con esa frase, que me parece maravillosa porque muestra de qué se está tratando en realidad la profesión docente. El libro habla también sobre ese proceso.

– – –

Haciéndose maestras, de Graciela Fandiño e Inés Elvira Castaño, se consigue en la librería Espantapájaros (Bogotá, Colombia).

Dirección: Cra 19 A # 104A – 60. Teléfono: 2142363.

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Gracias por los libros: Juan Esteban Constaín

El martes pasado (11 de noviembre), en el marco del ciclo En el estudio del escritor, Juan Esteban Constaín estuvo en Espantapájaros conversando con Yolanda Reyes sobre música, historia, religión y, especialmente, sobre literatura. Juan Esteban le contó al público cómo se hizo escritor, por qué sus novelas están llenas de digresiones y cómo le apasiona llenar los vacíos de la historia con un poco de ficción.

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También habló sobre la profunda admiración que siente por G. K. Chesterton, escritor británico de principios del siglo XX, autor de Qué está mal en el mundoLos relatos del Padre Brown, El hombre que fue Jueves, entre otros libros, y recomendó su lectura. Después de todo, la novela más reciente que Juan Esteban escribió, El hombre que no fue Jueves, es un homenaje a Chesterton, uno de sus autores favoritos.

Y como su pasión es la historia, Juan Esteban también recomendó algunas obras de literatura que desde la ficción amplían nuestro conocimiento del mundo y nos hablan de épocas históricas interesantes, como lo son El capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte, y 1913: un año hace cien años, de Florian Illies.

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Gracias por los libros, Juan Esteban.

Constain


 

 

 

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¡Gracias por los libros!

En Espantapájaros, nos alegra conectar a los lectores de todas las edades con los libros que su corazón les está pidiendo. Por eso hemos inaugurado una sección nueva en nuestra página web, que se llama Gracias por los libros.

GraciasPorLosLibros

 

Los invitamos a que nos cuenten qué libros están devorando y por qué los recomiendan. Pueden escribirnos al correo (prensa@espantapajaros.com), o participar en nuestras redes sociales:

Twitter: https://twitter.com/espantapajarost

Facebook: https://www.facebook.com/EspantapajarosColombia

¡Gracias por los libros! Ya verán que es una dicha recomendar y recibir recomendaciones…

Por ejemplo, ayer, nuestra directora, Yolanda Reyes, recomendó la novela Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie.

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Volvemos al Parque de la 93

Desde el año 2012 la Revista Arcadia ha sido organizadora de una fiesta literaria extraordinaria en el Parque de la 93 (Bogotá, Colombia). Se trata del Festival de Librerías: un evento que fue creado con el objetivo de establecer relaciones más cercanas entre los lectores y los libreros de la ciudad. Hay 18 librerías invitadas, que durante un fin de semana exhiben sus libros más queridos y conversan con los asistentes, ya sea para recomendarles lecturas o para contarles sobre su oficio.

La librería Espantapájaros siempre ha participado del Festival. En las dos versiones anteriores ha sido maravilloso para nosotros encontrarnos, alrededor de los libros, en el Parque de la 93 y ver a tantas familias lectoras que se han ido formando al lado nuestro…

FestivalDeLibrerias

Y este año, ¡volveremos! Desde el viernes 19 de septiembre hasta el domingo 21 estaremos en la carpa número 5, al lado de Casa Tomada y de Fondo de Cultura Económica. Llevaremos los mejores libros para crecer como lectores, seleccionados por nuestro equipo de expertos en Animación a la Lectura. El horario de atención al público es de 10 de la mañana a 8 de la noche el viernes y el sábado, y de diez de la mañana a seis de la tarde el domingo.

¡Los esperamos!

Arcadia

El Festival contará, además, con una variada programación cultural que incluirá actividades para niños en las mañanas, recitales, lecturas, encuentros con autores y conciertos.

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Ivar Da Coll: Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil

¡Estamos de celebración! Nos alegra mucho contarles a todos nuestros lectores que el autor e ilustrador colombiano Ivar Da Coll se ha ganado el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil.

Muchos conocen a Ivar por uno de sus personajes más célebres: Chigüiro. También ha escrito e ilustrado historias divertidas y entrañables como ¡No, no fui yo!Tengo miedoHamamelis y el secreto, Día de muertos, Carlos ¡Azúcar!.

ObraEl jurado que lo eligió como ganador destacó la originalidad de los mundos de ficción que ha creado y aseguró que «el cuerpo de su obra es a la vez local y universal; trasciende la geografía colombiana, al apropiarse de tradiciones e imaginarios de otras culturas». Ivar recibirá el premio el 2 de diciembre, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Nos alegra mucho porque le tenemos un gran cariño a Ivar, adoramos sus libros y sabemos que ha trabajado muy duro.

Además, nos sentimos afortunados porque hace dos días, el sábado 6 de septiembre, en el marco del ciclo Primeras páginas de la vida, estuvo en Espantapájaros, participando de un encuentro con lectores de todas las edades. Fue una mañana inolvidable, en la que bebés, niños y familias disfrutaron con las mejores historias de Ivar Da Coll, lo saludaron, lo vieron dibujar a sus personajes más queridos y le pidieron que leyera en voz alta algunas de sus historias favoritas, como ¡No, no fui yo! Chigüiro y el lápiz.

Les dejamos algunas fotos del sábado y los invitamos a celebrar el premio de la mejor forma posible: ¡leyendo sus libros!

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Desde muy temprano había niños y niñas haciendo fila para que Ivar autografiara sus libros.

 

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A las 11 empezó el encuentro. Lo primero que hizo Ivar fue visitar la bebeteca, donde estaban sus lectores más pequeños.

 

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En su iPad, mostró fotos de chigüiros de la vida real.

 

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Y después les leyó a los bebés, que estuvieron muy atentos, ‘Chigüiro y el lápiz’ y ‘Chigüiro y el palo’.
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¡Y dibujó al personaje, a mano alzada, frente al público!
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Mientras tanto, Lucía Liévano compartía sus historias favoritas con los más grandes. Una de las que más le gusta a ella es ‘Tengo miedo’…
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Y cuando llegó Ivar, Lucía y él leyeron ‘¡No, no fui yo!’ a dos voces: mientras ella contaba la historia, él la dibujaba.

 

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¿Saben cuál de los tres compadres es este? ¡A que sí!
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Niños y adultos hicieron preguntas.
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Y al final Ivar firmó sus libros
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Esta familia vino a Espantapájaros, desde Guainía.
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Y en los rincones de lectura al aire libre, no faltaron los libros de Ivar. Encuentren en la foto a alguien gozando con ‘Torta de cumpleaños’…

 

 

 

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Marina Colasanti: «El exotismo se agota»

A finales del año pasado llegó a nuestra librería Mi guerra ajena de Marina Colasanti, publicado por Babel en la colección Frontera, donde también está su libro de cuentos Entre la espada y la rosa. Mi guerra ajena es un libro de memorias y les recomendamos a todos nuestros amigos que lo lean. Para que les den ganas de conocer el universo de Marina y su infancia, compartimos con ustedes esta entrevista que Isabel Calderón le hizo a la escritora brasilera cuando estuvo en Colombia en el 2012. La entrevista fue publicada originalmente en la revista El Librero.

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“El exotismo se agota”

Una de las autoras contemporáneas más reconocidas del Brasil habla del crecimiento de la industria editorial en su país, la importancia de los estímulos gubernamentales y la evolución de la literatura infantil.

Por: Isabel Calderón Reyes

Cuando Marina Colasanti era una jovencita, soñaba con viajar por los cinco continentes. No tenía suficiente dinero para ir a todos los lugares que deseaba visitar, de modo que hacía los viajes dentro de su cabeza. En sus ensoñaciones llegaba tan lejos que sabía qué regalos traería para sus seres queridos. Desde ese entonces, sabe que lo suyo es viajar. Nació en Asmara, Eritrea, su infancia transcurrió entre África e Italia y a los once años llegó al Brasil. Pero no siente que pertenezca a ningún país. “Una vez me preguntaron qué tenía de brasilero mi literatura. Quedé petrificada, no sabía qué responder… Y de pronto se me ocurrió una respuesta que me salvó: ¡la lengua! Pero yo no puedo hacer historias de jaguares y de monos, o sí puedo hacerlas, pero no son los jaguares ni los monos de Brasil.”

Algo parecido sucede con su escritura. Aunque los cuentos de hadas son lo que mejor se le da, también escribe para adultos y trabaja en periodismo. Varias de sus obras están traducidas al español y se consiguen en Colombia, un país donde se ha sentido tan bien recibida que viene cada vez que puede: Clasificados y no tanto (publicado por El Jinete Azul), La amistad bate la cola (publicado por Alfaguara) y Entre la espada y la rosa (publicado por Babel) son tres títulos recomendados. Con más de treinta libros publicados, Marina tiene suficiente experiencia para hablar del panorama editorial de su país.

— A juzgar por lo que vimos en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, estamos presenciando el fortalecimiento de la industria editorial brasileña. ¿Este fenómeno se corresponde con una evolución de la literatura?

Antes, nuestro corpus literario era muy pequeño para el tamaño del país: éramos pocos escritores y todo estaba muy centralizado en Sao Paulo, Rio de Janeiro, Belo Horizonte y Porto Alegre. El mercado ha crecido, la producción local también y el acceso de los escritores a las editoriales se ha hecho más fácil que antes. Por otro lado, una editorial media publica un libro al día. Y no te hablo de las casas más grandes…

— ¿El crecimiento de la industria favorece de una manera determinante la producción de libros brasileños?

¿Qué crees, que los estadounidenses ven el tamaño del mercado brasileño y duermen? ¿Que traen las películas de Crepúsculo y Harry Potter, y no van a traer los libros? Los editores brasileños van a las mejores ferias del mundo, a Frankfurt, a Guadalajara y a Bolonia, a comprar. ¡Comprar y comprar! Mucho más que a vender.

Sin embargo, la idea que tenemos de Brasil es la de un país sumamente interesante, excitante. ¿Su literatura no es tan excitante? ¿O no le interesa tanto a la gente?

Brasil tiene dos posibilidades de ponerse interesante. Una de ellas ya pasó: el exotismo. La otra posibilidad es si nos volvemos ricos. En el medio de esos dos escenarios es la selva de nadie, la oscuridad, el olvido. Si lo piensas bien, en América Latina hubo dos momentos de gloria para la literatura. Uno, cuando los argentinos se fueron a vivir a París. Y el otro fue cuando hicimos los libros estilo García Márquez, con mariposas amarillas e invasiones de hormigas, ¡oh, qué exótico! Pero el exotismo se agota. Los editores extranjeros ya no quieren más, ni la gente quiere más, ahora buscarán otras cosas, por ejemplo, en el norte de Europa, en Islandia.

— Hablemos de libros para niños. ¿Crees que podemos trazar rutas, señalar momentos claves de la literatura infantil?

A comienzos del siglo pasado la figura más importante fue Monteiro Lobato. Tengo que confesarte que cuando yo llegué al Brasil, tenía 10 años y no lo leí. Yo en esa época leía a Julio Verne. Pero como al Brasil no llegaban libros extranjeros, lo que Monteiro Lobato hizo por los niños brasileños fue importante. Se trataba de una creación rara, posmoderna: se inventó un lugar, la finca del pájaro carpintero amarillo, y allí transcurrían una serie de libros en los que personajes de la literatura universal llegaban como visitantes a la finca. Los niños de Brasil de una generación entera conocieron la literatura universal a través de Monteiro Lobato

— ¿Y qué puedes contarme sobre la literatura infantil brasileña desde la segunda mitad del siglo pasado? ¿Qué pasó entre la hegemonía cultural de Monteiro Lobato y la actual proliferación de buenos autores, ganadores de premios internacionales como el Hans Christian Andersen y el ALMA (Astrid Lindgren Memorial Award)?

Primero, hubo una época de libros muy malos y, especialmente, ediciones muy feas: libros chiquititos, que ni siquiera tenían lomo. Mira, cuando yo empecé, y hacía las ilustraciones de mis propios libros yo misma, tenía que hacerlos en blanco y negro. Porque era muy costoso imprimir a color y estaba el temor de que las escuelas no estarían dispuestas a comprar libros caros. Creo que el panorama empezó a mejorar a finales de los sesenta cuando apareció la revista Recreio, de la mano de Ruth Rocha. Ella, Ana María Machado, y Lygia Boyunga son muy importantes en la consolidación de la literatura infantil. Paralelamente, la calidad gráfica de los libros empezó gradualmente a mejorar.

— ¿Cómo ves la relación entre la evolución de la literatura infantil en tu país y las iniciativas gubernamentales para fortalecer al sector editorial, como el proyecto de compras estatales y el programa de estímulo a las traducciones?

Un problema de la literatura infantil era que se veía despectivamente: “bah, esos libritos para niños…” Pero a medida que se supo de las compras estatales, varios autores buenos empezaron a escribir para niños. Otro factor es que la literatura infantil no se estudiaba como la literatura de adultos. La crítica era elemental: me gusta ese libro o no me gusta. Ahora hay programas universitarios y los críticos tienen una formación y un criterio.

¿Podrías contarme cómo funcionan las compras estatales?

Hay unas convocatorias, y las editoriales tienen que presentar sus libros pata que un comité los examine con lupa: hay gente del gobierno, de la Fundación Nacional del Libro Infantil y Juvenil, de las universidades, y críticos importantes. Se fijan en la calidad literaria y ilustraciones, todo lo miran con lupa. El ofrecimiento es grande y la disputa es tremenda.

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Desde la librería: La primera inversión de Nana

El sábado pasado recibimos una visitante en nuestra librería que nos dejó muy felices. Se trata de Anamaría Bastidas, de dos años y siete meses, mejor conocida en el jardín infantil como Nana.

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Nana llegó con sus papás y una alcancía en la que tenía todos sus ahorros. Había guardado monedas desde hacía tiempo para comprar con su propio dinero Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak.  

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Nana contó las monedas que había dentro de la alcancía con la ayuda de su papá. Su puso muy feliz cuando vio que la plata se alcanzaba para comprar el libro que quería, y otros dos, de Maisy, la famosa ratoncita que Lucy Cousins creó.

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¿Por qué regalar libros?

¿Por qué regalar libros a los niños?


Un artículo escrito por Yolanda Reyes, directora de Espantapájaros

 

Porque a los niños les gustan las historias. Porque en el fondo, cada vida es una historia. Y al asomarse a las páginas de un libro, los niños se asoman a la infinidad de historias de la vida de la gente.

Porque los niños son curiosos como cualquiera de nosotros. Y quieren saber qué piensan otras personas, cómo se sienten, cómo resuelven sus problemas, cómo se enamoran, por qué lloran y se ríen, qué sueñan y cuáles son sus pesadillas.

Porque los niños no tienen tantos años de experiencia. Y los libros les «prestan» la experiencia ajena de quienes han vivido más, para «leerse» en ella.

Porque los niños saben que, detrás de un cuento, vendrán papá o mamá a leerles cada noche. Y saben también que se quedarán a la orilla de la cama y no se irán a atender sus asuntos adultos ni apagarán la luz, al menos, hasta que ese cuento se termine. Y por eso siempre piden que les cuenten otra y otra y otra vez…

Porque un libro es como una barca que conecta dos orillas: día y noche, sueño y vigilia, luz y sombra. Y, en esa barca, los niños se deslizan lentamente desde el mundo real hacia el mundo de los sueños.

Por un sin número de razones prácticas que a los niños los tienen sin cuidado, pero que a las mamás sí les importan. Por ejemplo, los libros no se desbaratan en miles de piecitas plásticas que hay que recoger por toda la casa, cuando se acaba la fiesta de cumpleaños. Tampoco necesitan pilas ni tienen complicados mecanismos ni requieren manuales de instrucciones para armar cuando se van los invitados.

Porque no todos los niños ni las niñas son iguales y por eso hay libros tan distintos. Hay sobre momias, dinosaurios y reinos lejanos, sobre monstruos y sobre hadas, sobre la vida real y sobre la vida imaginaria. Unos son para llorar y otros son para reírse, unos cantan y otros cuentan y otros son como museos: abiertos a todas horas y durante todos los días de la semana. Hay algunos para leer con el tacto, con las orejas y con los dientes –como leen los bebés– y hay otros para leer con la imaginación, con el corazón, con el asombro.

Y porque muchos libros –y eso lo sabemos los más grandes– permanecen en la memoria, mucho tiempo después de terminadas las fiestas de cumpleaños. Porque su garantía no expira con el tiempo, sino todo lo contrario. Porque el rumor de las historias que leímos cuando éramos pequeños se queda con nosotros, como una música, como una voz, como un encantamiento… Y nos arma por dentro y nos ayuda a construir casas imaginarias para refugiarnos y pasar algunas temporadas de la vida, jugando al reino del «había una vez, hace muchos pero muchísimos años»… Jugando al reino de la posibilidad, que no se acaba nunca.