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Nuestra Directora: Lectura, poética y política en la primera infancia

A propósito del Lineamiento Pedagógico de Educación Inicial, que desde febrero del 2011 impacta a cerca de 120.000 niños de jardines infantiles y colegios del Distrito de Bogotá, queremos compartir el artículo de Yolanda Reyes publicado en el más reciente número de Había una Vez, revista de la institución chilena para la promoción de lectura Fundación Había una Vez.

   

Lectura, poética y política en la primera infancia

Los avances de la neuropsicología y la pedagogía, entre otras disciplinas, han cambiado nuestras ideas sobre los bebés y los niños y han modificado nuestras ideas sobre el papel de la literatura en la primera infancia. Al demostrar que somos sujetos de lenguaje, en tanto que nuestra historia está entrecruzada de símbolos, y al comprobar la compleja actividad psíquica que despliegan los bebés, hoy sabemos mucho más sobre la importancia del lenguaje en la génesis del ser humano.

De ahí se desprende la importancia de la literatura como el arte de jugar con el lenguaje para imprimir las huellas de la experiencia humana, elaborarla y hacerla comprensible a otras personas. Esa voluntad estética que nos impulsa a crear, recrear y expresar nuestras emociones, nuestros sueños ya nuestras preguntas, para contarnos “noticias secretas del fondo de nosotros mismos” en un lenguaje simbólico, es fundamental en el desarrollo infantil y los bebés son particularmente sensibles al juego de sonoridades, ritmos, imágenes y símbolos que trasciende el uso utilitario de la comunicación y que es la esencia del lenguaje literario.

Hablar de literatura en la primera infancia implica abrir las posibilidades a todas las construcciones de lenguaje –oral, escrito y no verbal– que envuelven amorosamente a los recién llegados para darles la bienvenida al mundo. Las experiencias literarias para la infancia abarcan diversos géneros: la poesía, la narrativa, los libros-álbum y los libros informativos , pero más allá de géneros y textos, aluden a la piel, al tacto y al contacto, a la musicalidad de las voces adultas y al ritmo de sus cuerpos que cantan, encantan, cuentan y acarician. Cuando arrullamos, cuando contamos sencillas historias en los deditos de la mano, cuando jugamos A la Rueda-rueda, cuando ofrecemos libros de cartón o de papel para tocar, probar y hasta morder o cuando contamos historias –las de los libros y las nuestras– ofrecemos un legado literario para explorar “mundos otros” que sólo existen en el lenguaje. Esa importancia de la experiencia literaria en la psiquis humana también ha replanteado la idea tradicional de la “lectura”, en tanto que antes y mucho más allá de lo alfabético, los niños “leen” de múltiples maneras, es decir, descifran e interpretan diversos textos. Si está demostrado que las carencias lingüísticas y comunicativas durante los primeros años afectan la calidad del aprendizaje y si partimos de la base de que la capacidad lingüística incide en el desarrollo del pensamiento, dar de leer a los más pequeños puede favorecer la equidad desde el comienzo de la vida, puesto que ofrece a todos los niños la oportunidad para descifrarse, expresarse, acceder a la cultura y aprender en igualdad de condiciones.

El lugar de la literatura: un recorrido desde el nacimiento.

La voz y la madre poesía.

En esas primeras “conversaciones” con múltiples lenguajes que enlazan a la madre y al padre con el recién nacido, podemos decir que nace la literatura y, más exactamente, la poesía. Los bebés “leen” con la piel y las orejas y su atención se centra más en la musicalidad de las palabras que en su sentido literal, como lo hacen los poetas. Así, mientras incorporan las voces de sus seres queridos, se entrenan como “oidores poéticos” y ese entrenamiento es crucial, tanto para la adquisición del lenguaje verbal, como para la consolidación de sus vínculos afectivos. Los arrullos, juegos, rimas y cuentos corporales  transmiten al bebé una experiencia poética que  se imprime en su memoria y lo ayuda a “pensar” en el lenguaje, es decir a explorar sonidos similares y diferentes, acentos, intenciones y  matices de su lengua materna. Pero, además de brindarle conocimiento y familiaridad con la lengua que conquista, la experiencia de ser arrullado y descifrado demuestra a los bebés cómo la literatura interpreta las emociones. La letra y las coreografías de las canciones de cuna tradicionales y de los primeros juegos como el Aserrín aserrán nos revelan su profundo valor simbólico: el drama de la madre  que aparece y desaparece, (duérmete mi niño, que tengo que hacer;) y las sombras que se pueden conjurar mediante ritmos y palabras.