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Vacaciones: preguntas frecuentes

La semana pasada lanzamos nuestros cursos de vacaciones para niños entre 2 y 6 años y para mayores de 6 años. Estas son algunas de las preguntas que hemos recibido y sus respuestas:

Sobre el taller de escritura creativa

¿Se puede tomar desde otro país?

¡Sí! Estamos averiguando qué opciones de pago les vamos a ofrecer a las personas que no tengan una cuenta bancaria en Colombia. Pero definitivamente se puede tomar el taller desde cualquier lugar del mundo.

¿QUÉ MATERIALES SE NECESITAN?

Los materiales que ustedes ya tienen en su casa. No le pediremos a nadie que compre materiales sofisticados. Como nos enseñó alguna vez Claudia Rueda, los materiales más importantes para crear son un papel y un lápiz.

Confiamos en que tienen papel en su casa: ¡y puede ser papel reciclado! Seguramente los niños tienen marcadores, lapiceros y colores: los usaremos. Las revistas y los periódicos sirven para hacer collage, así como el material reciclado. Y a medida que cada niño necesite más materiales para ilustrar su libro, los asesoraremos y les daremos ideas.

¿EN QUÉ PLATAFORMA SERÁN LOS ENCUENTROS?

En Zoom. Para proteger la seguridad de los niños, se habilitará la «sala de espera» de Zoom y la administradora de la plataforma solo dejará entrar a los inscritos.

¿Cuál eS EL HORARIO?

De lunes a viernes de 11 de la mañana a 12 del medio día, hora colombiana.

¿Cuál eS LA METODOLOGÍA?

Nos encontraremos una hora al día, todos los días de lunes a viernes. En los encuentros, leeremos libros que nos inspiran y conoceremos los intereses de cada niño: sabemos que cada uno tiene una historia que contar. Al comienzo del taller, les ayudaremos a encontrar esa historia y a darle forma

Aprenderemos cómo se hacen una escaleta y un story board, y desde su casa cada niño hará el suyo. Las profesoras (¡y las autoras invitadas!) leeremos sus propuestas, les haremos sugerencias y les mostraremos libros y técnicas que les sirvan para seguir avanzando.

En algunas de las sesiones, las autoras Claudia Rueda y Yolanda Reyes nos contarán secretos de su arte.

¿Cuál es el plan de trabajo?

El taller dura dos semanas: del 6 al 17 de julio. La primera semana será para «soltar la mano», como decimos las escritoras, y organizar las ideas.

La segunda semana será para darle complejidad a la historia y al diseño del libro. En la vida real, los libros son el resultado de muchas reescrituras, cada vez más interesantes, y eso es lo que queremos replicar en este taller.

Recomendamos tomar el taller completo, desde el comienzo y hasta el final. De todas formas, para quienes decidan no hacerlo así, cada semana será como una unidad: por ejemplo, alguien que tome solo la primera semana tendrá al final una estructura para un libro que podrá seguir escribiendo en otro momento de la vida.

¿SI MI HIJO ESTÁ APRENDIENDO A ESCRIBIR PUEDE PARTICIPAR?

Sí, se puede. Si tu hijo ya distingue entre el dibujo y la escritura, y está familiarizado con los libros, y está interesado en contar una historia, puede tomar el taller y lo va a disfrutar. Hay muchos libros maravillosos que usan las imágenes y pocas palabras para contar una historia. Eso sí: es muy importante que tu hijo quiera escribir (o ilustrar). Es decir: que le entusiasme la idea de hacer un libro: eso es lo que vale. 

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Actividades

Abrazos de palabras

Después de la lluvia, de Komagata

El primer domingo de la cuarentena, el 15 de marzo del 2020, Yolanda Reyes leyó para todos los niños de Espantapájaros este libro, que es uno de sus favoritos: ¡Después de la lluvia!, de Katsumi Komagata.

https://www.facebook.com/128473187176386/videos/2630989523664949/

Introducción a Espantapájaros «entrecasa»

El primer miércoles que no hubo jardín infantil, el miércoles 18 de marzo, Yolanda Reyes grabó este mensaje de voz para todas las familias de la comunidad.

Receta para dormir

¡Léamos un libro electrónico!

Gracias al catálogo virtual Make Make, podemos compartir con ustedes este libro para niños. Es Mi mascota, de Yolanda Reyes, ilustrado por Rafael Yocketng, uno de los más mordidos de Espantapájaros, y aquí lo tenemos en libro electrónico:

Para leer un cuento se necesita…

Este es un regalo para todas las personas que están en casa con niños pequeños. Ha llegado el momento de contarles un secreto: nadie lee mejor los cuentos que un papá, una mamá o un adulto amado el niño.

Ernestina desde Argentina

Estamos aprendiendo que los abrazos pueden estar hechos de palabras. Este abrazo nos llegó desde Argentina. Andrea Lanzani, que participó en nuestro programa de pasantías internacionales, lee en voz alta el libro de Yolanda Reyes, Ernestina la gallina, y nos regala su voz para compartirla con los niños de Espantapájaros y con todos los niños del mundo que están ayudando a aplanar la curva.

https://www.facebook.com/128473187176386/videos/2588225554621529/

Ernestina: la canción

https://www.facebook.com/EspantapajarosColombia/videos/506782866898268/

Abrazos de palabras

Literatura para tiempos difíciles

Volvemos a inspirarnos en la idea del “triángulo amoroso” que une tres vértices (niño, libro y adulto), esenciales en el acercamiento a la lectura desde la primera infancia, y hoy más necesarios que nunca.

En estos tiempos inciertos y difíciles generados por la pandemia, que a todos nos tomaron de sorpresa y que nos conectaron con la vulnerabilidad y el miedo (a la enfermedad, a la muerte, al encierro, a la ruina, al hambre y a tantas circunstancias exteriores e interiores), recurrimos a la  literatura, esa experiencia humana convertida en símbolos, para sentirnos vinculados, envueltos y abrazados en palabras. 

SÁBADO 29 DE AGOSTO

Lanzamiento del proyecto

Nuestra Hora del Cuento, ahora abierta al país y abierta al mundo, es un abrazo de palabras que vincula a niños y a los adultos con los creadores y sus obras. Los esperamos para la primera sesión, que será este sábado, 15 de agosto, a las 11 de la mañana (hora de Colombia.)

¿Cómo participar?

  1. Por favor, llena este formulario con tus datos.
  2. El sábado a las 10:00 a.m. (hora de Colombia), te enviaremos a tu correo electrónico* el enlace para entrar a nuestro espacio virtual en Zoom.
  3. Te recomendamos que antes de la sesión descargues Zoom y te familiarices con su uso. ¡Para que no te pierdas ni un minuto de la hora del cuento!
  4. Desde el sábado a las 10:50, podrás entrar a la sala de Zoom con el enlace que te hayamos enviado.

*Usaremos el correo electrónico que hayas registrado en el formulario de inscripción.

Este proyecto es posible gracias al Ministerio de Cultura y a sus Becas para la Consolidación de librerías independientes como Espacios Culturales.

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Noticias

El computador… ¿es una ballena?

Estos son algunos de los poemas que escribieron los niños y niñas que participaron en el taller de escritores de Espantapájaros la última semana de julio de 2020.

La cama

Por Luciana Emilia Sánchez

Mi cama es una 

Bella dama

Es de escama

en mi casa tiene fama

y mi cuarto la ama.

Plantas

Por Natalia Reyes

Una planta es como un animal

llena de vida y libertad

Y también es como una persona 

pero con mucha tranquilidad. 

Bruja peluquera

Por Sara Peláez

Yo tengo una vecina muy poco común

porque es una bruja.

Pero no te tienes que preocupar

esta bruja no asusta

todo es gracias a que esta bruja

en vez de hacer hechizos

hace rizos.

Y esto porque es una bruja peluquera

Entonces no le tengas miedo

porque en vez de volverte tetera

Te hará lindos peinados

y todos quedarán deleitados.

El computador

Por Sebastián Pacheco

El computador es un faraón

que te ayuda en la diversión

con mucha pasión;

es algo para consultar 

y volar en el mundo de la imaginación.

Para mí el computador

es la ballena con toda la información.

Mi amigo Zeus

Por Luciana Serrano

Zeus es un perro

nada callejero,

tiene una hermosa familia 

que lo acaricia y lo cuida.

Tiene un vicio permanente,

que no sale de su mente:

¡salir a ladrar!

como estamos en cuarentena

 ladra en casa sin parar.

Aquí termino la historia 

de mi querido amigo Zeus

Nos vemos pronto amigo lector

Hasta una próxima ocasión.

El payaso asesino

Por Emiliano Estrada

El payaso asesino duerme tranquilo y a cierta hora se despierta hambriento. Aunque él ya no es el mismo, en vez de matar, él cambia su felicidad por la tristeza. En casa, con una máquina de plomo, transforma su tristeza, que cambió por un plato de espagueti para saciar su dieta.

El piso

Por Simón Juliao

El piso siempre está ahí. Tú siempre caminas por él y él nunca camina por ti. Él siempre te mira pero tu casi lo miras a él. El te ve diferente que como tú lo ves a él. Él ve el mundo desde una diferente perspectiva. Él prefiere ser como tú, pero él todavía ama verte a ti todos los días.

A es B…

Por Sara Peláez

A es B, B es A 

En este mundo nada es normal

Por eso nadie hace nada mal

Y todos hablan diferente 

aunque nadie sea demente

Todo está al revés

Y todos comen carne de res.

El camaleón

Por Natalia Reyes

El camaleón naranja 

busca huevos de pascua

El camaleón se parece a un león

pero tiene la cola de un ratón.

Este es el camaleón 

que usa un medallón

También come canelón

Y cambia de color.

Mi consola

Por Emiliano Estrada

Mi consola es reluciente,

reluciente como mi mente,

brillante como el sol, 

inteligente como un halcón, 

Y cuando canto una canción

juego Mario con pasión.

El despertador

Por Luciana Emilia Sánchez

Mi despertador 

Es un cantador

Se levanta con una canción 

y me hace saltar del colchón.

El closet

Por Natalia Reyes

El closet te guarda la ropa

Y nunca se equivoca

Siempre te de algo 

Que sirve con el zapato.

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Noticias

El taller de escritura creativa sigue

Hoy, viernes 17 de julio, estuvimos en el lanzamiento de Primeras páginas, la antología del taller de escritura creativa en Espantapájaros.

Qué privilegio haber compartido estas semanas con niños y niñas que disfrutan leyendo y escribiendo, y parece que quieren seguir…

Para los curiosos, y los que tengan tiempo, aquí les dejamos el enlace a la edición digital del libro… (¡hecho en tiempo récord!)

Hoy en el lanzamiento, muchos niños nos dijeron que quieren seguir escribiendo. Que quieren seguir en el taller. Nosotras también queremos. ¿Y tú? ¿Te animas a estar en este club de lectura y en este círculo de escritura creativa?

Taller virtual de escritura creativa

PARTE II

Horario: lunes a viernes, de 11:00 a.m. a 12:00 m.

Fechas: del 21 al 31 de julio

Edades: de 6 años en adelante

Costo: 290,000 pesos

Inscripciones: Para inscribirte puedes llenar este formulario de Google https://forms.gle/73AQ5cH7bFYsYUFc6

Más información: teléfono 6200754 – correo electrónico comunicacion@espantapajaros.com

Para reservar el cupo de tu hijo o hija, por favor consigna el valor del curso en la cuenta corriente número 622000453, del Banco de Bogotá. A nombre de Talleres y Espectáculos Espantapájaros limitada, Nit: 800.086.160-1. Después de pagar puedes enviar el comprobante de pago al correo secretaria@espantapajaros.com y te confirmaremos cuando lo recibamos.

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Solicitud régimen permanencia DIAN

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Lavarse las manos y esperar

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 8 de marzo de 2020, Yolanda Reyes escribió:

Lavarse las manos y esperar

Lavarse bien las manos, con frecuencia, como si nos jugáramos la vida en cada dedo, y seguir protocolos que recuerdan, pero sin un ápice de ironía, las ‘Instrucciones para subir una escalera’, de Cortázar. Evitar los gestos cotidianos, casi todos inconscientes, que van de la mano al ojo, a la boca o al mentón. Y de repente nos pillamos a nosotros mismos devanándonos los sesos, o con el dedo cerca de la oreja o la nariz, y nos reconvenimos con las viejas advertencias de la infancia y recuperamos la vieja sensación de peligro que siempre ha estado ahí, agazapada entre las urgencias cotidianas. Esa vulnerabilidad que separa la salud de la enfermedad –y la vida de la muerte– nos ha vuelto, a los que ya teníamos síntomas, aún más hipocondríacos.

Seamos francos: ¿quién no se ha notado más vigilante de sus estornudos habituales, por no mencionar la tos de los demás? ¿Quién no ha navegado en internet en busca de información menos difusa sobre las señales del coronavirus 2019 y ha regresado de esas expediciones infructuosas sin ninguna claridad que le permita distinguirla de la gripa de toda la vida?

Si desde nuestros viejos tiempos escolares, cuando nos quedábamos en la casa silenciosa, tomando néctares y jarabes edulcorados y esperando a que empezara la programación educativa de la tele, parecía claro que de una gripa no se moría nadie (o casi nadie), hoy no es fácil asegurar a ciencia cierta qué podría pasar. Y, aunque las estadísticas disponibles indican que un alto porcentaje de los contagiados se recupera, de repente, el planeta se ha convertido en el salón de cuarto B, con la diferencia de que nadie quiere acercarse ni siquiera al más cercano.

Después de tantas guerras y amenazas nucleares, de tantas armas ‘naturales’ o sintéticas y de tantos grupos ilegales o legales, descubrimos –o, mejor, recordamos– que el peligro somos nosotros; que cada uno puede tener –o simplemente transportar de un aeropuerto a otro, sin imaginarlo siquiera ni mostrar síntomas– ese virus que nadie conoce bien aún y parece tomado de un cuento maravilloso, con su toque de murciélago y de especies salvajes, y sus orígenes lejanos.

A veinte años de comenzado este milenio, este covid-19 que evade los detectores de metales más sofisticados y los controles aeroportuarios diseñados para conjurar amenazas del tipo 11S nos trae un mensaje sobre los tiempos y los peligros que han cambiado (y que, en el fondo, son los mismos).

Lavarse las manos y la cara; no toserle encima a nadie y asumir la responsabilidad frente a los otros: ¿a eso se reduce todo, como en nuestros tiempos escolares? ¿Acaso, dónde está la ciencia: cuáles son las vacunas y los antibióticos para uso inmediato? Esa obsesión del todo para ya; esa urgencia de conectar causas y consecuencias y estímulos y respuestas infalibles parece diluirse momentáneamente en el aire, y como en aquellos libritos de pasatiempos que nos distraían en esos días eternos de estar enfermos sin ir al colegio, nos vemos uniendo punticos con un lápiz para encontrar una figura.

Quizás la figura que aparezca sea la de este viejo planeta agotado, resfriado y a veces sin defensas que insiste en decirnos cosas simples y en recordarnos otras que siguen siendo irremediables. Que no tenemos que trabajar si estamos enfermos, ni ser tan ‘productivos’, ni hacer tantos viajes ni asustarnos tanto por las bolsas de dinero. Que quizás sea tiempo de albergar, con esta incertidumbre, todo lo que nos hace humanos: ese regreso a la solidaridad, esos abrazos de palabras para estos días de cuarentena, esa ética del cuidado y ese viejo mandato de proteger a los más frágiles, empezando por los que antes fuimos eternamente jóvenes y hoy somos, simplemente, nosotros.

YOLANDA REYES

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Noticias Nuestra Directora

Su nombre es hoy

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 24 de febrero de 2020, Yolanda Reyes escribió:

Su nombre es hoy

El 19 de febrero por la mañana, Juliana Pungiluppi, la hoy saliente directora del ICBF, se había comprometido en una entrevista a resolver los problemas de contratación que tenían a la primera infancia más vulnerable del país sin atención integral en los centros de desarrollo infantil y en otras modalidades del instituto.

Para decirlo de manera sencilla, en la tercera semana de febrero no había jardines para más de medio millón de niños menores de 5 años, lo que significaba que no había desayuno, almuerzo ni meriendas, ni espacios donde pudieran atenderlos integralmente (nutrirlos, cuidarlos, educarlos y acompañar su desarrollo). Si usted tiene hijos pequeños, puede imaginar la pesadilla de hacerse estas preguntas al comenzar la semana: ¿con quién dejo a mis niños? ¿Cómo los alimento? ¿Quién los cuida?

De manera sorpresiva, el 19 de febrero por la tarde, los medios informaron de la renuncia, “por motivos personales”, de la misma directora que horas antes había prometido agilizar la contratación, y reprodujeron, sin hacer preguntas, un comunicado del ICBF en el que se enumeraban sus logros. Entre estos figuraba el “aumento del 10 por ciento en las adopciones de niñas, niños y adolescentes” –¡ay de este país que se ufana de ser potencia en trámites de niños no deseados!– y “la transformación del modelo de contratación de servicios de primera infancia”, que era, justamente, el causante del incumplimiento. El presidente Duque se sumó al coro con alguno de esos lugares comunes de agradecimiento por “el compromiso en pro de la infancia”.

Aunque esa banalidad mediática y presidencial en el tratamiento de la infancia no es nueva, sí ilustra un retroceso en un asunto que comenzaba a entenderse –al menos en teoría– como prioridad política. ¿Qué pasó con la ley de Cero a Siempre, sancionada en el gobierno Santos? ¿Se trató de la apuesta exclusiva de un gobierno (o de una ‘primera dama’), o de una verdadera política de Estado? ¿Qué significa que tantos niños a cargo del ICBF regresen desnutridos después de unas ‘vacaciones’ forzosas, y que miles de ellos sigan hoy sin jardines? ¿Cómo se mide el impacto de ese tiempo sin atención durante el momento crucial del desarrollo? Frente al total de esas vidas que suman doce o veinticuatro meses, ¿qué porcentaje representa cada día o cada semana sin garantía de derechos? ¿Qué pierden esos niños y sus familias; qué pierde este país?

Si más del 60 por ciento del presupuesto billonario anual del ICBF se dirige a la atención integral de la primera infancia, el proceso de contratar operadores con la debida anticipación, teniendo en cuenta los criterios de calidad y transparencia hacia los que apuntaba la directora y evitando la corrupción, por supuesto, era un trabajo de alta complejidad que, más allá de buenas intenciones, requería un equipo técnico calificado para prever las contingencias, pero sin interrumpir los servicios.

En un comunicado, el instituto pidió excusas a los padres de familia y mencionó el “sacrificio que será compensado con alta calidad en el servicio para garantizar el mejor futuro de los niños y las niñas”. Al leerlo, pensé en las palabras de Gabriela Mistral: “Muchas de las cosas que nosotros necesitamos pueden esperar, los niños no pueden. Ahora es el momento, sus huesos están en formación, su sangre también lo está, y sus sentidos se están desarrollando… A los niños no podemos contestarles mañana; su nombre es hoy”.

Frente al desafío de manejar el ICBF, conviene recordar esa urgencia de los niños que tiene que estar clara siempre: en cualquier administración, en todos los gobiernos, y también en esta sociedad que es corresponsable de todo lo que hagamos o dejemos de hacer por nuestros niños.

YOLANDA REYES

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Pisa al comienzo de clases

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 28 de enero de 2020, Yolanda Reyes escribió:

Pisa al comienzo de clases

Ahora, cuando las familias pagan listas inverosímiles de útiles escolares, con las aspiraciones puestas en la educación de sus hijos, es tiempo de releer los datos de esa prueba trienal de Pisa en la que Colombia participa desde 2006 para analizar el lugar de nuestra educación en el contexto de los países afiliados a la Ocde, y confirmar lo que sabemos sobre las oportunidades que les esperan a nuestros adolescentes.

Frente a la sensación de pedalear en una bicicleta estática, sin movernos más que unas décimas entre la cohorte de los países con mal desempeño, es tiempo de asumir responsabilidades. Y la primera es discutir, sin indulgencia, los resultados. Después de 13 años de participar en la prueba, ya no podemos seguir diciendo que nuestro objetivo es meramente el de tener una línea base para comenzar a compararnos con otros y con nosotros a lo largo del tiempo, pues ya hay tiempo suficiente para saber que no hemos avanzado. Tampoco es responsable hurgar entre las cifras menos malas, para mostrar algún vaso medio lleno. Además de reconocer que ‘Colombia, la más educada’ no fue más que una propaganda para la segunda elección de Santos, conviene tener presente que los examinados nacieron y se educaron durante los gobiernos de Uribe y Santos.

El 50 por ciento de esos jóvenes alcanzaron al menos el nivel 2 en lectura, lo que significa que lograron “identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, encontrar información con base en criterios explícitos, aunque a veces complejos, y reflexionar sobre el propósito y forma de los textos…”. Este desempeño, entre deficiente y mediocre para lectores de estos tiempos de redes, posverdades y complejidades informativas y académicas, solo fue superado por el 1 por ciento de adolescentes colombianos que alcanzaron el nivel 5, ocupado, según Pisa, por quienes son capaces de “comprender textos largos, manejar conceptos abstractos o contraintuitivos y establecer distinciones entre hechos y opiniones”. Frente al promedio de 15 países de la Ocde que tienen más del 10 por ciento de estudiantes en esos niveles, nuestro caso es preocupante, no solo por el escaso porcentaje de lectores con esa complejidad simbólica, sino también por su pertenencia a un sector con privilegios económicos.

En ciencias, ese mismo 1 por ciento en nivel 5 nos permite vaticinar que no vamos a ser una potencia en los proyectos científicos de este siglo; sin embargo, el caso de matemáticas es más preocupante, pues el 66 por ciento se ubicó en los niveles 0 y 1, en tanto que un 0 por ciento logró el nivel 5. Adicionalmente, lo que sabemos sobre la brecha de inequidad se ratifica: “La posición socioeconómica fue un fuerte predictor de desempeño en matemáticas y ciencias en Colombia”.

Las brechas de género también son preocupantes: en matemáticas, los varones superan a nuestras niñas por 20 puntos; en ciencias, por 12, y únicamente en lenguaje, la ventaja de las colombianas es de 10 puntos. Sin embargo, esta no es una buena noticia, según pretendió mostrarlo algún comunicado oficial, pues es la más baja de los países de la Ocde, en los que la ventaja femenina en lenguaje es de 30 puntos. Por eso, para no tragar entero y exigir responsabilidades, necesitamos retomar la evaluación de Pisa, que se quedó como una asignatura pendiente del año pasado.

YOLANDA REYES

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Nuestra directora: «Daniel y Goliat»

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 17 de junio de 2019, Yolanda Reyes escribió:

Daniel y Goliat

En medio de la sensación de que la prensa ha perdido conexión con los ciudadanos, el despido de Daniel Coronell de ‘Semana’ y su posterior reintegro, después de un acto de contrición tan sorprendente como la misma expulsión, dejan muchas más “lecciones aprendidas” que las reconocidas por el editorial de la revista. Y, aunque es pronto para saber qué tanto logra ‘Semana’ pasar la página y recuperar la credibilidad de sus lectores, el debate no puede restringirse a la adhesión o el repudio frente al columnista ni a los “confidenciales” de la negociación.

El caso Coronell ilustra no solo los dilemas éticos y profesionales que él afrontó y son inherentes al ejercicio periodístico en Colombia, sino eso que tanto repetimos en abstracto sobre el fin del mundo editorial como lo conocimos. Más allá del debilitamiento de los soportes tradicionales –la página impresa, la gran editorial–, el paradigma digital de las redes sociales ha transformado las formas de buscar, compartir, hacer circular y legitimar la información, además de poner en tela de juicio el sentido de las mediaciones tradicionales con sus jerarquías, sus propietarios y sus capitales.

Fue ‘La Silla Vacía’, un pequeñísimo mediador comparado con ‘Semana’, el que la puso en jaque al revelar que había eludido –postergado o silenciado– la publicación de las directrices del Ejército que presagiaban un regreso a los ‘falsos positivos’. Ese silenciamiento que llevó a las fuentes a recurrir a ‘The New York Times’ para publicar semejante información de interés nacional fue retomado por Coronell, lo cual refleja nuevas formas de alineación en las noticias: Juan Esteban Lewin, el joven periodista de ‘La Silla Vacía’, motiva al columnista más leído del país a cambiar su tema de columna para pedirle una explicación a la revista en la que escribe. Y lo hace públicamente, por ser un hecho con graves repercusiones que ya ha sido revelado por dos medios con prestigio entre los lectores. Para un periodista que ha construido su carrera justamente por hacer preguntas públicas incómodas, no era una opción la supuesta lealtad a los llamados ‘conductos regulares’ que posteriormente le reclamó el jefe-propietario.

El único capital irrecuperable para un líder de opinión en estos tiempos es la credibilidad ante sus lectores, que son globales, hiperactivos y ubicuos, acceden a la información desde cualquier lugar y con cualquier dispositivo, y ya no buscan el nombre de un diario en internet para leerlo de arriba abajo, sino que muchas veces llegan a los diarios por las firmas que les parecen confiables. Los medios como ‘The New York Times’ no solo han entendido cómo son de porosas las fronteras nacionales, sino que tienen claro que las audiencias urbanas no son locales y que la información periodística silenciada encontrará otros medios ávidos de publicarla.

En este nuevo contrato social, cultural y político, la conectividad ha facilitado también la participación inmediata de los lectores, e incluso les ha mostrado que no solo es posible prescindir del control de mediador, sino ponerlo en apuros económicos. Y, como también es posible medir exactamente el comportamiento lector, o lo que hoy se llama ‘tráfico’, el evidente impacto causado por la ausencia de Coronell en las audiencias seguro preocupó a los recientes socios de la revista.

Resultaría ingenuo creer que este cambio es siempre equitativo, como lo demuestran a diario las ‘fake news’. Sin embargo, la pregunta que ha dejado resonando Coronell, y que no es exclusiva para ‘Semana’, tiene que ver con el valor de la credibilidad, que es lo que convence hoy al lector para seguir a un medio. En estos tiempos móviles, no basta con mantenerla un siglo: se puede perder en un segundo.

YOLANDA REYES

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Desde el jardín: blog de Espantapájaros

Pasantías en Espantapájaros: La experiencia de Andrea Bralic

PasantiasEspantapajaros

Foto pasante
Andrea Bralic leyendo «Hola, doctor» de Michaël Escoffier y Matthieu Maudet

El 21 de febrero, Andrea Bralic, educadora de párvulos en el jardín infantil y sala cuna Perün Rayen (Chile), participó en nuestro programa de pasantías “Aprender en el terreno de la primera infancia”, un programa de inmersión en el mundo de los bebés, los niños, los libros, el arte y la propuesta de Espantapájaros.

De la visita de Andrea, nos quedó una maravillosa experiencia y este texto que ella nos envió y que queremos compartir con todos ustedes:

Como educadora de párvulos, y con una madre apasionada por la literatura infantil y dedicada a la mediación lectora, escuché hablar durante mucho tiempo sobre las experiencias desarrolladas por el jardín infantil Espantapájaros. En febrero de 2019, durante mis vacaciones de verano, viajé a Colombia y aproveché la ocasión para visitar este jardín.
Fui afortunada al vivir, durante una jornada, lo que siempre creí que era una utopía: “La calidad de la Educación Parvularia se juega en la sala de clase”, esta frase la leí por primera vez en un texto de Ernesto Treviño, en mi primer año de universidad, y me incentivó a querer dar lo mejor de mí como futura educadora. Muchas veces sentí que era imposible abarcar esa frase, pero en esa reveladora visita, comprobé cómo es posible que la frase baje y transite, desde el texto escrito por un experto, al diario vivir de la comunidad de Espantapájaros.
Los niños tienen cien lenguajes, nos recuerda Loris Malaguzzi, y cien formas son las que tienen en Espantapájaros para expresarlos: oportunidades de soñar con los libros, crear a través del arte, maravillarse con la música, gozar con la cocina, disfrutar con el juego o sorprenderse con la naturaleza.
En todo momento observé interacciones para el aprendizaje guiadas por adultos, pero iniciadas y desarrolladas por los mismos niños/as, dentro de un espacio físico pensado para ellos y construido por ellos. Un hogar habitado por personas, donde cada uno se considera fundamental para construir y generar relaciones pedagógicas afectivas y aportar desde la libertad de elección y expresión a esta gran familia llamada Espantapájaros.

Si quieren conocer más sobre el programa de pasantías, pueden escribirnos a comunicacion@espantapajaros.com