Categorías
Actividades

Vacaciones: preguntas frecuentes

La semana pasada lanzamos nuestros cursos de vacaciones para niños entre 2 y 6 años y para mayores de 6 años. Estas son algunas de las preguntas que hemos recibido y sus respuestas:

Sobre el taller de escritura creativa

¿Se puede tomar desde otro país?

¡Sí! Estamos averiguando qué opciones de pago les vamos a ofrecer a las personas que no tengan una cuenta bancaria en Colombia. Pero definitivamente se puede tomar el taller desde cualquier lugar del mundo.

¿QUÉ MATERIALES SE NECESITAN?

Los materiales que ustedes ya tienen en su casa. No le pediremos a nadie que compre materiales sofisticados. Como nos enseñó alguna vez Claudia Rueda, los materiales más importantes para crear son un papel y un lápiz.

Confiamos en que tienen papel en su casa: ¡y puede ser papel reciclado! Seguramente los niños tienen marcadores, lapiceros y colores: los usaremos. Las revistas y los periódicos sirven para hacer collage, así como el material reciclado. Y a medida que cada niño necesite más materiales para ilustrar su libro, los asesoraremos y les daremos ideas.

¿EN QUÉ PLATAFORMA SERÁN LOS ENCUENTROS?

En Zoom. Para proteger la seguridad de los niños, se habilitará la «sala de espera» de Zoom y la administradora de la plataforma solo dejará entrar a los inscritos.

¿Cuál eS EL HORARIO?

De lunes a viernes de 11 de la mañana a 12 del medio día, hora colombiana.

¿Cuál eS LA METODOLOGÍA?

Nos encontraremos una hora al día, todos los días de lunes a viernes. En los encuentros, leeremos libros que nos inspiran y conoceremos los intereses de cada niño: sabemos que cada uno tiene una historia que contar. Al comienzo del taller, les ayudaremos a encontrar esa historia y a darle forma

Aprenderemos cómo se hacen una escaleta y un story board, y desde su casa cada niño hará el suyo. Las profesoras (¡y las autoras invitadas!) leeremos sus propuestas, les haremos sugerencias y les mostraremos libros y técnicas que les sirvan para seguir avanzando.

En algunas de las sesiones, las autoras Claudia Rueda y Yolanda Reyes nos contarán secretos de su arte.

¿Cuál es el plan de trabajo?

El taller dura dos semanas: del 6 al 17 de julio. La primera semana será para «soltar la mano», como decimos las escritoras, y organizar las ideas.

La segunda semana será para darle complejidad a la historia y al diseño del libro. En la vida real, los libros son el resultado de muchas reescrituras, cada vez más interesantes, y eso es lo que queremos replicar en este taller.

Recomendamos tomar el taller completo, desde el comienzo y hasta el final. De todas formas, para quienes decidan no hacerlo así, cada semana será como una unidad: por ejemplo, alguien que tome solo la primera semana tendrá al final una estructura para un libro que podrá seguir escribiendo en otro momento de la vida.

¿SI MI HIJO ESTÁ APRENDIENDO A ESCRIBIR PUEDE PARTICIPAR?

Sí, se puede. Si tu hijo ya distingue entre el dibujo y la escritura, y está familiarizado con los libros, y está interesado en contar una historia, puede tomar el taller y lo va a disfrutar. Hay muchos libros maravillosos que usan las imágenes y pocas palabras para contar una historia. Eso sí: es muy importante que tu hijo quiera escribir (o ilustrar). Es decir: que le entusiasme la idea de hacer un libro: eso es lo que vale. 

Categorías
Nuestra Directora

Lavarse las manos y esperar

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 8 de marzo de 2020, Yolanda Reyes escribió:

Lavarse las manos y esperar

Lavarse bien las manos, con frecuencia, como si nos jugáramos la vida en cada dedo, y seguir protocolos que recuerdan, pero sin un ápice de ironía, las ‘Instrucciones para subir una escalera’, de Cortázar. Evitar los gestos cotidianos, casi todos inconscientes, que van de la mano al ojo, a la boca o al mentón. Y de repente nos pillamos a nosotros mismos devanándonos los sesos, o con el dedo cerca de la oreja o la nariz, y nos reconvenimos con las viejas advertencias de la infancia y recuperamos la vieja sensación de peligro que siempre ha estado ahí, agazapada entre las urgencias cotidianas. Esa vulnerabilidad que separa la salud de la enfermedad –y la vida de la muerte– nos ha vuelto, a los que ya teníamos síntomas, aún más hipocondríacos.

Seamos francos: ¿quién no se ha notado más vigilante de sus estornudos habituales, por no mencionar la tos de los demás? ¿Quién no ha navegado en internet en busca de información menos difusa sobre las señales del coronavirus 2019 y ha regresado de esas expediciones infructuosas sin ninguna claridad que le permita distinguirla de la gripa de toda la vida?

Si desde nuestros viejos tiempos escolares, cuando nos quedábamos en la casa silenciosa, tomando néctares y jarabes edulcorados y esperando a que empezara la programación educativa de la tele, parecía claro que de una gripa no se moría nadie (o casi nadie), hoy no es fácil asegurar a ciencia cierta qué podría pasar. Y, aunque las estadísticas disponibles indican que un alto porcentaje de los contagiados se recupera, de repente, el planeta se ha convertido en el salón de cuarto B, con la diferencia de que nadie quiere acercarse ni siquiera al más cercano.

Después de tantas guerras y amenazas nucleares, de tantas armas ‘naturales’ o sintéticas y de tantos grupos ilegales o legales, descubrimos –o, mejor, recordamos– que el peligro somos nosotros; que cada uno puede tener –o simplemente transportar de un aeropuerto a otro, sin imaginarlo siquiera ni mostrar síntomas– ese virus que nadie conoce bien aún y parece tomado de un cuento maravilloso, con su toque de murciélago y de especies salvajes, y sus orígenes lejanos.

A veinte años de comenzado este milenio, este covid-19 que evade los detectores de metales más sofisticados y los controles aeroportuarios diseñados para conjurar amenazas del tipo 11S nos trae un mensaje sobre los tiempos y los peligros que han cambiado (y que, en el fondo, son los mismos).

Lavarse las manos y la cara; no toserle encima a nadie y asumir la responsabilidad frente a los otros: ¿a eso se reduce todo, como en nuestros tiempos escolares? ¿Acaso, dónde está la ciencia: cuáles son las vacunas y los antibióticos para uso inmediato? Esa obsesión del todo para ya; esa urgencia de conectar causas y consecuencias y estímulos y respuestas infalibles parece diluirse momentáneamente en el aire, y como en aquellos libritos de pasatiempos que nos distraían en esos días eternos de estar enfermos sin ir al colegio, nos vemos uniendo punticos con un lápiz para encontrar una figura.

Quizás la figura que aparezca sea la de este viejo planeta agotado, resfriado y a veces sin defensas que insiste en decirnos cosas simples y en recordarnos otras que siguen siendo irremediables. Que no tenemos que trabajar si estamos enfermos, ni ser tan ‘productivos’, ni hacer tantos viajes ni asustarnos tanto por las bolsas de dinero. Que quizás sea tiempo de albergar, con esta incertidumbre, todo lo que nos hace humanos: ese regreso a la solidaridad, esos abrazos de palabras para estos días de cuarentena, esa ética del cuidado y ese viejo mandato de proteger a los más frágiles, empezando por los que antes fuimos eternamente jóvenes y hoy somos, simplemente, nosotros.

YOLANDA REYES

Categorías
Noticias Nuestra Directora

Su nombre es hoy

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 24 de febrero de 2020, Yolanda Reyes escribió:

Su nombre es hoy

El 19 de febrero por la mañana, Juliana Pungiluppi, la hoy saliente directora del ICBF, se había comprometido en una entrevista a resolver los problemas de contratación que tenían a la primera infancia más vulnerable del país sin atención integral en los centros de desarrollo infantil y en otras modalidades del instituto.

Para decirlo de manera sencilla, en la tercera semana de febrero no había jardines para más de medio millón de niños menores de 5 años, lo que significaba que no había desayuno, almuerzo ni meriendas, ni espacios donde pudieran atenderlos integralmente (nutrirlos, cuidarlos, educarlos y acompañar su desarrollo). Si usted tiene hijos pequeños, puede imaginar la pesadilla de hacerse estas preguntas al comenzar la semana: ¿con quién dejo a mis niños? ¿Cómo los alimento? ¿Quién los cuida?

De manera sorpresiva, el 19 de febrero por la tarde, los medios informaron de la renuncia, “por motivos personales”, de la misma directora que horas antes había prometido agilizar la contratación, y reprodujeron, sin hacer preguntas, un comunicado del ICBF en el que se enumeraban sus logros. Entre estos figuraba el “aumento del 10 por ciento en las adopciones de niñas, niños y adolescentes” –¡ay de este país que se ufana de ser potencia en trámites de niños no deseados!– y “la transformación del modelo de contratación de servicios de primera infancia”, que era, justamente, el causante del incumplimiento. El presidente Duque se sumó al coro con alguno de esos lugares comunes de agradecimiento por “el compromiso en pro de la infancia”.

Aunque esa banalidad mediática y presidencial en el tratamiento de la infancia no es nueva, sí ilustra un retroceso en un asunto que comenzaba a entenderse –al menos en teoría– como prioridad política. ¿Qué pasó con la ley de Cero a Siempre, sancionada en el gobierno Santos? ¿Se trató de la apuesta exclusiva de un gobierno (o de una ‘primera dama’), o de una verdadera política de Estado? ¿Qué significa que tantos niños a cargo del ICBF regresen desnutridos después de unas ‘vacaciones’ forzosas, y que miles de ellos sigan hoy sin jardines? ¿Cómo se mide el impacto de ese tiempo sin atención durante el momento crucial del desarrollo? Frente al total de esas vidas que suman doce o veinticuatro meses, ¿qué porcentaje representa cada día o cada semana sin garantía de derechos? ¿Qué pierden esos niños y sus familias; qué pierde este país?

Si más del 60 por ciento del presupuesto billonario anual del ICBF se dirige a la atención integral de la primera infancia, el proceso de contratar operadores con la debida anticipación, teniendo en cuenta los criterios de calidad y transparencia hacia los que apuntaba la directora y evitando la corrupción, por supuesto, era un trabajo de alta complejidad que, más allá de buenas intenciones, requería un equipo técnico calificado para prever las contingencias, pero sin interrumpir los servicios.

En un comunicado, el instituto pidió excusas a los padres de familia y mencionó el “sacrificio que será compensado con alta calidad en el servicio para garantizar el mejor futuro de los niños y las niñas”. Al leerlo, pensé en las palabras de Gabriela Mistral: “Muchas de las cosas que nosotros necesitamos pueden esperar, los niños no pueden. Ahora es el momento, sus huesos están en formación, su sangre también lo está, y sus sentidos se están desarrollando… A los niños no podemos contestarles mañana; su nombre es hoy”.

Frente al desafío de manejar el ICBF, conviene recordar esa urgencia de los niños que tiene que estar clara siempre: en cualquier administración, en todos los gobiernos, y también en esta sociedad que es corresponsable de todo lo que hagamos o dejemos de hacer por nuestros niños.

YOLANDA REYES

Categorías
Noticias Nuestra Directora

Pisa al comienzo de clases

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 28 de enero de 2020, Yolanda Reyes escribió:

Pisa al comienzo de clases

Ahora, cuando las familias pagan listas inverosímiles de útiles escolares, con las aspiraciones puestas en la educación de sus hijos, es tiempo de releer los datos de esa prueba trienal de Pisa en la que Colombia participa desde 2006 para analizar el lugar de nuestra educación en el contexto de los países afiliados a la Ocde, y confirmar lo que sabemos sobre las oportunidades que les esperan a nuestros adolescentes.

Frente a la sensación de pedalear en una bicicleta estática, sin movernos más que unas décimas entre la cohorte de los países con mal desempeño, es tiempo de asumir responsabilidades. Y la primera es discutir, sin indulgencia, los resultados. Después de 13 años de participar en la prueba, ya no podemos seguir diciendo que nuestro objetivo es meramente el de tener una línea base para comenzar a compararnos con otros y con nosotros a lo largo del tiempo, pues ya hay tiempo suficiente para saber que no hemos avanzado. Tampoco es responsable hurgar entre las cifras menos malas, para mostrar algún vaso medio lleno. Además de reconocer que ‘Colombia, la más educada’ no fue más que una propaganda para la segunda elección de Santos, conviene tener presente que los examinados nacieron y se educaron durante los gobiernos de Uribe y Santos.

El 50 por ciento de esos jóvenes alcanzaron al menos el nivel 2 en lectura, lo que significa que lograron “identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, encontrar información con base en criterios explícitos, aunque a veces complejos, y reflexionar sobre el propósito y forma de los textos…”. Este desempeño, entre deficiente y mediocre para lectores de estos tiempos de redes, posverdades y complejidades informativas y académicas, solo fue superado por el 1 por ciento de adolescentes colombianos que alcanzaron el nivel 5, ocupado, según Pisa, por quienes son capaces de “comprender textos largos, manejar conceptos abstractos o contraintuitivos y establecer distinciones entre hechos y opiniones”. Frente al promedio de 15 países de la Ocde que tienen más del 10 por ciento de estudiantes en esos niveles, nuestro caso es preocupante, no solo por el escaso porcentaje de lectores con esa complejidad simbólica, sino también por su pertenencia a un sector con privilegios económicos.

En ciencias, ese mismo 1 por ciento en nivel 5 nos permite vaticinar que no vamos a ser una potencia en los proyectos científicos de este siglo; sin embargo, el caso de matemáticas es más preocupante, pues el 66 por ciento se ubicó en los niveles 0 y 1, en tanto que un 0 por ciento logró el nivel 5. Adicionalmente, lo que sabemos sobre la brecha de inequidad se ratifica: “La posición socioeconómica fue un fuerte predictor de desempeño en matemáticas y ciencias en Colombia”.

Las brechas de género también son preocupantes: en matemáticas, los varones superan a nuestras niñas por 20 puntos; en ciencias, por 12, y únicamente en lenguaje, la ventaja de las colombianas es de 10 puntos. Sin embargo, esta no es una buena noticia, según pretendió mostrarlo algún comunicado oficial, pues es la más baja de los países de la Ocde, en los que la ventaja femenina en lenguaje es de 30 puntos. Por eso, para no tragar entero y exigir responsabilidades, necesitamos retomar la evaluación de Pisa, que se quedó como una asignatura pendiente del año pasado.

YOLANDA REYES

Categorías
Artículos Noticias Nuestra Directora

Nuestra directora: «Daniel y Goliat»

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 17 de junio de 2019, Yolanda Reyes escribió:

Daniel y Goliat

En medio de la sensación de que la prensa ha perdido conexión con los ciudadanos, el despido de Daniel Coronell de ‘Semana’ y su posterior reintegro, después de un acto de contrición tan sorprendente como la misma expulsión, dejan muchas más “lecciones aprendidas” que las reconocidas por el editorial de la revista. Y, aunque es pronto para saber qué tanto logra ‘Semana’ pasar la página y recuperar la credibilidad de sus lectores, el debate no puede restringirse a la adhesión o el repudio frente al columnista ni a los “confidenciales” de la negociación.

El caso Coronell ilustra no solo los dilemas éticos y profesionales que él afrontó y son inherentes al ejercicio periodístico en Colombia, sino eso que tanto repetimos en abstracto sobre el fin del mundo editorial como lo conocimos. Más allá del debilitamiento de los soportes tradicionales –la página impresa, la gran editorial–, el paradigma digital de las redes sociales ha transformado las formas de buscar, compartir, hacer circular y legitimar la información, además de poner en tela de juicio el sentido de las mediaciones tradicionales con sus jerarquías, sus propietarios y sus capitales.

Fue ‘La Silla Vacía’, un pequeñísimo mediador comparado con ‘Semana’, el que la puso en jaque al revelar que había eludido –postergado o silenciado– la publicación de las directrices del Ejército que presagiaban un regreso a los ‘falsos positivos’. Ese silenciamiento que llevó a las fuentes a recurrir a ‘The New York Times’ para publicar semejante información de interés nacional fue retomado por Coronell, lo cual refleja nuevas formas de alineación en las noticias: Juan Esteban Lewin, el joven periodista de ‘La Silla Vacía’, motiva al columnista más leído del país a cambiar su tema de columna para pedirle una explicación a la revista en la que escribe. Y lo hace públicamente, por ser un hecho con graves repercusiones que ya ha sido revelado por dos medios con prestigio entre los lectores. Para un periodista que ha construido su carrera justamente por hacer preguntas públicas incómodas, no era una opción la supuesta lealtad a los llamados ‘conductos regulares’ que posteriormente le reclamó el jefe-propietario.

El único capital irrecuperable para un líder de opinión en estos tiempos es la credibilidad ante sus lectores, que son globales, hiperactivos y ubicuos, acceden a la información desde cualquier lugar y con cualquier dispositivo, y ya no buscan el nombre de un diario en internet para leerlo de arriba abajo, sino que muchas veces llegan a los diarios por las firmas que les parecen confiables. Los medios como ‘The New York Times’ no solo han entendido cómo son de porosas las fronteras nacionales, sino que tienen claro que las audiencias urbanas no son locales y que la información periodística silenciada encontrará otros medios ávidos de publicarla.

En este nuevo contrato social, cultural y político, la conectividad ha facilitado también la participación inmediata de los lectores, e incluso les ha mostrado que no solo es posible prescindir del control de mediador, sino ponerlo en apuros económicos. Y, como también es posible medir exactamente el comportamiento lector, o lo que hoy se llama ‘tráfico’, el evidente impacto causado por la ausencia de Coronell en las audiencias seguro preocupó a los recientes socios de la revista.

Resultaría ingenuo creer que este cambio es siempre equitativo, como lo demuestran a diario las ‘fake news’. Sin embargo, la pregunta que ha dejado resonando Coronell, y que no es exclusiva para ‘Semana’, tiene que ver con el valor de la credibilidad, que es lo que convence hoy al lector para seguir a un medio. En estos tiempos móviles, no basta con mantenerla un siglo: se puede perder en un segundo.

YOLANDA REYES

Categorías
Desde el jardín: blog de Espantapájaros

Pasantías en Espantapájaros: La experiencia de Andrea Bralic

PasantiasEspantapajaros

Foto pasante
Andrea Bralic leyendo «Hola, doctor» de Michaël Escoffier y Matthieu Maudet

El 21 de febrero, Andrea Bralic, educadora de párvulos en el jardín infantil y sala cuna Perün Rayen (Chile), participó en nuestro programa de pasantías “Aprender en el terreno de la primera infancia”, un programa de inmersión en el mundo de los bebés, los niños, los libros, el arte y la propuesta de Espantapájaros.

De la visita de Andrea, nos quedó una maravillosa experiencia y este texto que ella nos envió y que queremos compartir con todos ustedes:

Como educadora de párvulos, y con una madre apasionada por la literatura infantil y dedicada a la mediación lectora, escuché hablar durante mucho tiempo sobre las experiencias desarrolladas por el jardín infantil Espantapájaros. En febrero de 2019, durante mis vacaciones de verano, viajé a Colombia y aproveché la ocasión para visitar este jardín.
Fui afortunada al vivir, durante una jornada, lo que siempre creí que era una utopía: “La calidad de la Educación Parvularia se juega en la sala de clase”, esta frase la leí por primera vez en un texto de Ernesto Treviño, en mi primer año de universidad, y me incentivó a querer dar lo mejor de mí como futura educadora. Muchas veces sentí que era imposible abarcar esa frase, pero en esa reveladora visita, comprobé cómo es posible que la frase baje y transite, desde el texto escrito por un experto, al diario vivir de la comunidad de Espantapájaros.
Los niños tienen cien lenguajes, nos recuerda Loris Malaguzzi, y cien formas son las que tienen en Espantapájaros para expresarlos: oportunidades de soñar con los libros, crear a través del arte, maravillarse con la música, gozar con la cocina, disfrutar con el juego o sorprenderse con la naturaleza.
En todo momento observé interacciones para el aprendizaje guiadas por adultos, pero iniciadas y desarrolladas por los mismos niños/as, dentro de un espacio físico pensado para ellos y construido por ellos. Un hogar habitado por personas, donde cada uno se considera fundamental para construir y generar relaciones pedagógicas afectivas y aportar desde la libertad de elección y expresión a esta gran familia llamada Espantapájaros.

Si quieren conocer más sobre el programa de pasantías, pueden escribirnos a comunicacion@espantapajaros.com

Categorías
Artículos Noticias Nuestra Directora

Nuestra directora: ‘Emascular’ y otros significados

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 20 de mayo de 2019, Yolanda Reyes escribió:

‘Emascular’ y otros significados

Desde aquella frase ridículamente célebre de Turbay sobre su gobierno ‘hormonado y testiculado’ no recuerdo un alarde de testosterona similar al protagonizado por el Fiscal General de la Nación el día de su renuncia. “Las facultades de investigación de la Fiscalía… quedaron emasculadas”, declaró, y me llamó la atención que nadie se hubiera preguntado por el sentido de ese participio puesto ahí, como si semejante crisis hubiera sido motivada por una afrenta a la virilidad del personaje.

Algunos medios, acostumbrados a transcribir sin rechistar los culteranismos y los latinajos de ciertos abogados, creyeron oír ‘enascuradas’ (sic) en el discurso de Martínez y publicaron una palabra que ni siquiera existe. No les importó comunicar que, según el Fiscal, las facultades de investigación de la Fiscalía habían quedado… ni idea cómo, y al fin y al cabo daba igual porque nadie entendía nada y no era solo por no tener un diccionario.

Sin embargo, como para entender hay que empezar por buscar el significado de las palabras –y preguntarse quién las elige y en qué circunstancias–, emascular significa “extirpar o inutilizar los testículos o los testículos y el pene de un hombre o de un animal macho”. O ‘capar’, según la definición más escueta de la Real Academia de la Lengua. En ese sentido, la renuncia intempestiva del Fiscal lucía como un “acto de honor”, en sentido primitivo.

No obstante, si algo sabemos de Martínez, es que sus estrategias tienen más de maquinación que de instinto primitivo. ¿Cuál es, entonces, la agenda oculta, más allá de la pataleta de un niño tirano (o de un ego emasculado)? ¿Se trata, simplemente, de la oportunidad de salir como un héroe, en un momento en el que las investigaciones de Odebrecht pueden amenazar su continuidad y su legitimidad en el cargo, o hay más mensajes que no alcanzamos a descifrar? “Mi conciencia y mi devoción por el Estado de derecho me impiden continuar”, declaró también, con una frase que se oponía a sus actos recientes enmarcados en un incomprensible pacto de silencio urdido –¿con quiénes y por qué?– para no entregar las pruebas más importantes del caso Santrich a la JEP.

En esta coyuntura actual tan difícil para la justicia, con semejante mezcla amorfa entre narcotráfico, control territorial, asesinatos de líderes, polarización política, presiones internacionales y falta de liderazgo presidencial, el rol del Fiscal habría podido ser el de continuar trabajando desde el Estado de derecho.

Por el contrario, sus recientes declaraciones en la entrevista concedida ayer a Yamid Amat para este diario indican que Martínez recurre de nuevo a la ‘puerta giratoria’ para salir y entrar de la institucionalidad, según las circunstancias. Ahora dice que trabajará como “un obrero” para defender los procesos institucionales de la paz, y se vale de la imagen de los ‘arreglos de sastre’ para contarnos que se dedicará (¿en calidad de qué?) a hacer un “vestido de la paz” que se ajuste a todos los sectores. ¿Alguien cree que es posible?

Esos supuestos ‘buenos oficios’ para componer, al margen de la institucionalidad y sin responsabilidades públicas, unos acuerdos con los egos políticos de siempre (Uribe, Gaviria, Vargas Lleras y otros eternos barones) enmarcan el nuevo vocabulario del Fiscal e ilustran esta sucesión de vaivenes entre paz y guerra que no se resuelven nunca y mantienen la ciudadanía de este país en un estado de incertidumbre, miedo y desesperanza.

Quizás hoy, más que nunca, cabe insistir en la necesidad de una sociedad políticamente activa para desentrañar, pero no solo en el caso del Fiscal, los mensajes que circulan entre líneas y no auguran nada claro. Y, mucho me temo, nada bueno.

YOLANDA REYES

Categorías
Artículos Desde el jardín: blog de Espantapájaros Gracias por los libros Lectura Libros recomendados Literatura Infantil Lo que pasa en la librería Noticias

Así vivimos la visita de Paloma Valdivia

Encuentros Espantapajaros

Paloma en Espanta

El sábado 4 de mayo nos volvió a visitar Paloma Valdivia en Espantapájaros (aquí pueden ver cómo fue la visita anterior). Para nosotros, las visitas de autores son como encuentros con viejos amigos, en los que la preparación, la visita y la despedida son un ritual y un motivo de celebración. Nuestra historia con Paloma Valdivia es una historia de cariño y admiración; muchos de sus libros han estado, y se han mantenido imbatibles, en la lista de Los más mordidos.

Por eso, desde que los niños se enteraron de que Paloma vendría a Colombia, empezaron a pedir, a pedir y a pedir los libros de ella en todas las horas del cuento que hubo en el jardín infantil y en la librería por esos días.

Jennyfer Benítez, profesora de Espantapájaros, en su Hora del Cuento, leyendo "Los de arriba y los de abajo"
(Jennyfer Benítez, profesora de Espantapájaros, en su Hora del Cuento, leyendo «Los de arriba y los de abajo»)

Rocío y su hijo, Rafa, leyendo "Estaba la rana"
(Rocío y su hijo, Rafael, leyendo «Estaba la rana»)

Además, como parte de la preparación para la visita de Paloma, los niños quisieron pintar los animales, los árboles y las cosas que más les gustaban de sus historias para que al llegar ella se sintiera como en casa.

El mural de la entrada para recibir a Paloma, lleno de los dibujos que todos los niños hicieron para ella.
(El mural de la entrada para recibir a Paloma, lleno de los dibujos que todos los niños hicieron para ella)

Llegó el día

Paloma llegó antes de que el evento comenzara para recorrer Espantapájaros y descubrir las sorpresas que los niños le habían preparado. Recorrió cada espacio con una sonrisa, mientras las profesoras le contaban las anécdotas detrás de cada dibujo como, por ejemplo, que Abril dibujó el zorro de De paseo (uno de los libros de ella) con antenas porque quería que su zorro fuera diferente, o que Juana quiso dibujar solo siete cachorros (en lugar de diez perritos).

También aprovechó para contarnos que, para ella, venir a Colombia sin visitar Espantapájaros es imposible, porque esta casa es especial y le encanta encontrar lectores, pequeños y grandes, que disfrutan tanto con sus libros.

Paloma tomando fotos de la exposición con todos los mensajes de los niños.
(Paloma tomando fotos de la exposición con todos los mensajes de los niños)

Cuando llegaron, los niños no podían creer que tuvieran en frente a la persona que había hecho sus libros favoritos. Si no nos creen, mírenlos en la foto, como fans antes de un concierto:

Lucía, Susana y Simona con todos sus libros favoritos de Paloma.
(Lucía, Susana y Simona con sus libros favoritos de Paloma)

Y Paloma nos tenía una sorpresa maravillosa: leyó los nuevos libros de su editorial, Ediciones Liebre, que trajo en su maleta desde Chile. Además, leyó muchos de nuestros favoritos, como Estaba la ranaNosotros y Yo tenía 10 perritos.

Paloma Valdivia leyendo "¡Puf!", uno de los libros publicado por su editorial, Ediciones Liebre.
(Paloma Valdivia leyendo «¡Puf!», uno de los libros publicado por su editorial, Ediciones Liebre)

El momento de la firma de libros se convirtió en un encuentro cercano lleno de risas y anécdotas sobre sus lecturas.

¡Los primeros en llegar a la fila!
(¡Los primeros en llegar a la fila!)

Paloma conversando con Emiliano y
(Paloma conversando con Emiliano y María Paula)

Una de las lectoras más pequeña de Paloma: Aila junto a su mamá, Malika.
(Una de las lectoras más pequeña de Paloma: Aila junto a su mamá, Malika)

Para Lucía, Valentina y Alejandra esta firma será inolvidable.
(La firma y el dibujo de Paloma para Valentina, Alejandra y Lucía)

Al final, estar con Paloma Valdivia se volvió un recuerdo inolvidable para los niños, que han crecido con sus historias y se han permitido encontrarse, una y otra vez, en sus personajes. Y, como nos lo demostraron Emilio y Martín, también se han permitido ellos mismos ser esos libros:

Ser libros

Gracias por tu visita

Categorías
Artículos Noticias Nuestra Directora

Nuestra directora: «Léete, Filbo»

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 6 de mayo de 2019, Yolanda Reyes escribió:

Léete, Filbo

Adoro el último día de Filbo –que siempre cae en lunes– porque ya no hay charlas ni ríos de gente que impidan ver el bosque, y puedo andar, libre por fin, entre libros, con esa sensación de carnaval a punto de acabarse. Me gusta, incluso, ver los ritos de cierre del oficio –armar cajas, llenarlas y sellarlas– y trato de quedarme hasta que una voz anuncia, como en las tiendas de cadena, que la función se ha terminado y rompe el hechizo de esa ‘cadena del libro’ que cada año, durante dos semanas, suplanta la realidad.

Además de salir con nuevos libros, es tiempo de balances, y seguramente en los próximos días conoceremos las cifras de ventas, de asistentes y de actividades que también, año tras año, son parte de la retórica post-Filbo. Sin embargo, mientras otras ferias –de modas, arte, artesanía, maquinaria o lo que sea– se toman los espacios, conviene aprovechar que faltan casi doce meses para la próxima Filbo y pensar, aún con esta versión fresca, qué tipo de feria propone Bogotá. Más allá del número de ejemplares, de metros cuadrados o de asuntos logísticos, ¿cuál es su identidad, cuál es su apuesta cultural y cuál es su lugar en el conjunto de las ferias del libro de Colombia y de América Latina?

Se trata, en últimas, de preguntar por el concepto o, para decirlo con ese lenguaje que han puesto de moda los autodenominados ‘coachs’, por su misión y su visión. ¿Alguien lo sabe? ¿Qué historia –o qué historias– les cuenta Filbo a los lectores, qué recorridos propicia, cuál es su narrativa? Más allá de lanzar una programación anual y de invitar –o no– a un país, ¿existe algún diseño susceptible de ser leído? Si, como sabemos, el ambiente es otro educador, ¿cuál es la idea de lectura, de lector, de formación lectora, de infancia, de educación, de libro y, por supuesto, de literatura y de escritura que “se lee”?

¿Es posible, para atender el eslogan que este año lanzó Filbo, ‘leerse’, mientras se avanza a empellones entre una multitud desorientada? ¿Qué lectura sobre lectura se lleva una familia con dos niños en edad escolar y un bebé, que hace largas filas a la entrada de Corferias un domingo y, después de entrar, hace otra fila para ver el pabellón de Colombia y otra para comer crispeta y otra para salir? ¿Cuál es la curaduría, no solo del pabellón, sino de la feria, que se les ofrece a tantas familias que han invertido su dinero y su tiempo del domingo entre las filas? ¿Cómo se enriquecen su experiencia, su perspectiva y sus ganas de leer? ¿Qué se llevan, además de una colección de papelitos para botar en casa? ¿Cómo hacen para separar el grano de la paja, entre el ‘Bebé Políglota’, el estand del ejército, y el que ofrece literatura de calidad?

Conviene preguntarse si esta supuesta diversidad sin jerarquías que junta todo sin criterio obedece a una equivocada idea de pluralismo o si se trata, simplemente, de una forma de eludir el crecimiento desmesurado de una feria que, por ser parte de un tinglado comercial, se transa según el precio del metro cuadrado. En caso de que el éxito comercial sea el hilo conductor y todos los criterios culturales y educativos deban supeditarse a esa ‘visión’, es imperativo tener claro el objetivo para no disfrazar de altruismo un negocio al estilo de las ‘grandes superficies’. Los libros no hablan solos y la manera de organizarlos, de acompañarlos, de proponer recorridos y de orientar al lector también se lee, y dice más que todos los discursos y todas esas frases hechas sobre el oficio de leer y de escribir.

Quizás es hora de proponer otro eslogan para pensar y debatir durante los meses de preparación de la siguiente feria. ‘Reinvéntate, Filbo’. Reescríbete y, por favor, hazte pequeña, que calidad y cantidad no son lo mismo.

YOLANDA REYES

Categorías
Artículos Noticias Nuestra Directora

Nuestra directora: “Caperucita bajo censura”

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 22 de abril de 2019, Yolanda Reyes escribió:

Caperucita bajo censura

 

En una escuela de Barcelona, la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (Ampa) sacó 200 libros de la biblioteca. La Ampa encontró “un alto contenido sexista” en el 30 por ciento de los libros y consideró que, por tratarse de alumnos de educación infantil, su lectura podría llevarlos a reproducir estereotipos de género. ‘Caperucita Roja’, ‘La Bella Durmiente’ y la leyenda de San Jordi, según cuenta la noticia, fueron algunos de los títulos censurados.

Quizás la realidad es tan incontrolable, y quizás a veces los padres están tan ocupados, que parece más tranquilizador purgar la biblioteca de los niños, con la vana ilusión de controlar sus mentes, que ocuparse de educarlos y hacer cambios culturales en la realidad cotidiana. Y, aunque cortar las raíces del árbol genealógico de Caperucita requeriría una expedición interminable a través de siglos, versiones y países muy lejanos, me atrevo a sospechar que los niños se las arreglarían para eludir la vigilancia de la Ampa. Así como la Bella Durmiente encontró el único huso que sus padres no lograron ocultar, la literatura, como los sueños, tiene vida propia y existe, justamente, para dar nombre a las emociones contradictorias que todos enfrentamos desde la infancia.

Al contrario de los argumentos dados por la Ampa, he visto que los niños entienden, desde edades muy tempranas, que existe una ‘lengua-otra’ inventada por la humanidad para nombrar las cosas indecibles, y que saben que, en ese lugar seguro del lenguaje, es posible convertirse en otros para vivir experiencias que pertenecen a un orden distinto, pero que les hablan de sus vidas. Por supuesto, ese saber se va construyendo paulatinamente y depende de los adultos: si les ofrecemos libros buenos y diversos para leer –para leerse–, si los acompañamos a descubrir los que cada uno necesita y si respetamos sus elecciones, ellos van descubriendo las huellas que han dejado otros tiempos y otras vidas en las páginas. Y, a través de esa conversación entre los libros y la vida, descubren otros mundos, no de hechos sino de símbolos que se pueden interpretar.

Al amparo de esas conversaciones, que son la esencia de la cultura, los niños exploran su identidad: pueden ser el lobo y Caperucita y el dragón y la princesa; tener vidas secretas y afrontar emociones, temores y deseos indecibles, y regresar al mundo real, que funciona con normas y marcos muy distintos. Y, aunque las familias de esa escuela tengan razón al querer examinar la calidad de los títulos de las bibliotecas de sus hijos, lo que están confundiendo es la literatura con la ideología –o con la propaganda o con la moraleja–. Esta confusión no es nueva en el campo de los libros para niños, tan expuesto a las intenciones didácticas de los adultos para adoctrinar a los niños y venderles libros a quienes los educan.

Si antes se inventaron historias predecibles para enseñar virtudes o se pavimentaron los cuentos de hadas para quitarles las escenas miedosas, bajo el sello edulcorado de Disney, hoy, el último grito de la moda es hacer cuentos por demanda para embotellar y rotular las emociones, escribir biografías esquemáticas o historias sosas de ‘anti princesas’, para ‘empoderar’ a las niñas, y hacer pasar estos productos de escritura rápida por textos literarios.

¿Cómo saber, en medio de esa avalancha que ahora encontraremos en Filbo, cuáles son los libros que necesita el corazón de cada lector? La única fórmula es leer (cada historia, cada niño) y pedir lo que le pedimos, a cualquier edad, a la literatura: que deje zonas en penumbra para que cada cual encuentre no un mensaje explícito, sino una urdimbre de imágenes, palabras y huellas de otros tiempos, de otras vidas, resonando.

YOLANDA REYES