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Nuestra Directora: «El botín del ICBF»

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En su columna para El Tiempo, de hoy, lunes 7 de julio de 2014, Yolanda Reyes escribió:

.EL BOTÍN DEL ICBF

En su carta de renuncia a la dirección del ICBF, Marco Aurelio Zuluaga presenta una rendición de cuentas que preocupa, justamente, por las cuentas. Habla de contratos “cercanos a 3 billones de pesos anuales” y considera un logro de su gestión que ahora se ejecutarán por convocatoria pública, lo cual lleva a preguntarse cómo se ejecutaron antes. Menciona también 7 millones de “usuarios”, 8 mil “operadores”, cerca de 12 mil “colaboradores”, más “63 mil madres comunitarias incorporadas al mercado laboral normal” y agrega, como quien suma niños con Bienestarina, casi un billón de pesos para comprar alimentos.

Entre esa mezcla de cifras hay una frase que suena cínica, viniendo de alguien que se caracterizó por su desconocimiento del sector, pero que sintetiza, a la vez, la oportunidad y la amenaza del ICBF. Se trata, dice el ex director, de “un instituto desconocido que se tiene que dar a conocer a todos los colombianos, propiciando un control social sobre la ejecución de los recursos”. Ese “desconocido”, en efecto, cuenta con un presupuesto de 5 billones de pesos que se puede manejar desde la 68 en Bogotá y que llega hasta el último rincón del país. Tener esa plata y esa posibilidad de ejecución lo convierte en botín para pagar favores políticos, con la ventaja de que los temas de infancia están bastante a salvo de controles periodísticos, ciudadanos y políticos. Es tan apetecible el botín que hasta los Nule recibieron contratos de interventoría en la torta de la Bienestarina, pero eso no lo recuerda la ciudadanía con indignación similar a la que suscitaron los desfalcos en obras públicas.

Sin embargo, además de la amenaza que entraña el hecho de ser tajada política, el ICBF escenifica el eterno dilema presidencial entre clientelismo y meritocracia y, por ello, es un laboratorio en el que veremos a Santos decidir entre pagar los favores con niños, o jugársela por un director(a) técnico(a), que convierta al ICBF en protagonista de las transformaciones anunciadas. Si, como prometió en campaña, “ser el país más educado de América Latina en 2025” requiere brindar atención integral de calidad a 2.4 millones de niños en primera infancia, su apuesta en la dirección del instituto encargado de educar a la población infantil más vulnerable del país marcará una diferencia entre el dicho y el hecho.

A ese desafío se suma el de liderar la construcción de un país en paz, pues más allá de cualquier conversación, son los programas de prevención y de protección del ICBF los que garantizan la implementación del Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes, el liderazgo en asuntos cruciales como el reclutamiento ilegal de niños y la garantía y la promoción de derechos de la infancia, sin los cuales la paz es solo discurso. Esos dos pilares –educación y paz– requieren de un aliado que se la juegue desde el ICBF por la implementación de la Ley de Infancia y Adolescencia, que fue aprobada en 2006 y no ha podido ser aplicada por falta de directores comprometidos con ella. Y no se puede concluir sin mencionar la Bienestarina, un asunto que comprueba la falta de control político, pues fabricar “concentrado” para pobres en pleno siglo XXI, pese a que los estudios recomiendan modalidades más eficaces como los micronutrientes (o la comida, simplemente) es una aberración que no sabemos quiénes se niegan a desmontar, y que solo alguien con liderazgo, independencia y respaldo del Presidente podría evaluar.

La decisión de Santos sobre la dirección del Instituto ejemplificará lo que podemos esperar de su segundo mandato. Si vuelve a decir que “el ICBF es para la U”, le dará la razón a quienes lo acusan de tener un doble discurso y una doble moral. Es una situación que conlleva una elección y que nos muestra un carácter.

Yolanda Reyes

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