Nuevos acercamientos a los jóvenes
y la lectura
Michèle Petit
Fondo de Cultura Económica
Colección Espacios para la Lectura
Primera Edición, 1999
Unas semanas después de concluida la última versión
de la Feria del Libro de Bogotá, el libreto sobre el tema
de la lectura parece condenado a la repetición. Al ya tradicional
discurso inaugural sobre los dramáticos índices lectores
de los colombianos y a los artículos prefabricados de prensa
que reproducen los mismos lugares comunes, seguirá un largo
silencio, hasta la próxima coyuntura, cuando el asunto vuelva
a ponerse de moda, al igual que se ponen de moda la navidad o el
día de la madre. La reflexión sobre esta materia,
que, además de preocupar a los especialistas, debería
ser parte de las políticas de estado, amerita una discusión
seria. Por eso, la propuesta de la colección Espacios para
la Lectura de Fondo de Cultura Económica de México,
llena un enorme vacío en este campo y merece ser divulgada
entre un público amplio, pues interesa a todos los que,
desde distintas disciplinas e intereses, se preguntan por el acceso
al libro y por la formación de lectores.
Bajo la cuidadosa dirección de Daniel Goldin, uno de los
editores más serios en el ámbito de la literatura
infantil y juvenil, la colección, que ya cuenta con cuatro
excelentes obras, pretende convertirse, como su título lo
sugiere, en un espacio para la elaboración teórica.
Con muy buen criterio, el editor debió pensar que, al esfuerzo
de hacer libros de la mejor calidad para los niños y los
jóvenes, había que sumarle otro de la misma importancia:
la formación de adultos críticos que, superando el
empirismo y las buenas intenciones, convirtieran la promoción
de la lectura en materia de estudio, análisis y debate,
como única forma posible de avanzar en la construcción
de una cultura lectora en América Latina.
Dentro de esta colección, el libro de Michèle Petit
es una verdadera revelación. Formada como antropóloga
en París, pero con estudios de sociología y psicoanálisis,
la autora presenta una investigación que realizó en
Francia y que examina el papel de las bibliotecas públicas
en los procesos de marginación y exclusión. Su
trabajo se desarrolló en el medio rural y en barrios periféricos
donde predominaban poblaciones de inmigrantes. A través
de una mirada que conjugó lo social, con un acento centrado
en la singularidad de la experiencia de la lectura en cada sujeto,
Petit utilizó una metodología cualitativa para
dar cuenta de cómo el acceso a una biblioteca había
modificado las historias de vida de más de 90 jóvenes
entre 15 y 30 años. Valiéndose de entrevistas y
testimonios y no de las habituales muestras estadísticas,
la investigación se constituye en una mirada lúcida
y profunda sobre la incidencia de la lectura en la formación
del sujeto y en los procesos de democratización y transformación
cultural.
Desde el comienzo, la obra cuestiona estereotipos para decirnos
que, a pesar de las apariencias, la adolescencia y la juventud
siguen siendo los períodos de la vida en los que hay una
mayor actividad lectora, ligada a las preguntas existenciales y
a la tarea de la construcción de un espacio interior. Retomando
las palabras de Virginia Wolf, la autora nos demuestra cómo
la lectura se constituye para los jóvenes en “una
habitación propia” y nos recuerda que “es el
texto el que lee al lector. (...)“Es el texto el que sabe
de él, de las regiones que él no sabía nombrar”.
De esta forma, derrumba también el mito, según el
cual hay que ofrecer sólo “lecturas útiles” a
las poblaciones menos favorecidas, al demostrar que pensar la vida
propia con ayuda de la ficción es un derecho y una cuestión
de dignidad. Sólo desde esa distancia crítica, desde
ese entendimiento de sí mismo, del otro y del mundo que
confiere la lectura, se puede constituir un fundamento de la ciudadanía,
para tomar parte activa en la dimensión social y cultural
y tener una opinión que cuenta.
“Lo que determina la vida del ser humano es, en gran medida,
el peso de las palabras o el peso de su ausencia. Cuanto más
capaz es uno de nombrar lo que vive, más apto será para
vivirlo y para transformarlo”, dice Michèle Petit
y nos previene sobre un hecho que, especialmente para los colombianos,
no necesita mayores demostraciones: “La dificultad para simbolizar,
puede ir acompañada de una agresividad incontrolable. Cuando
carece uno de palabras para pensarse a sí mismo, para expresar
su angustia, su coraje, sus esperanzas, no queda más que
el lenguaje del cuerpo que grita con todos sus síntomas,
(...) y la traducción en actos violentos”.
A pesar de ser una investigación realizada en un medio
muy diferente al nuestro, estos Nuevos acercamientos a los
jóvenes
y la lectura nos dicen mucho sobre nuestra realidad y nos invitan,
más allá de las fórmulas, a pensar en el libro
como una herramienta real de democratización y de acceso
a la educación y la cultura. Los testimonios de los jóvenes
campesinos y de los inmigrantes africanos, con su profunda sencillez,
nos permiten vislumbrar el verdadero poder de la lectura. “Leo,
no para evadirme, porque no es posible evadirse. Voy a hacer una
frase de escritor: leo para aprender mi libertad”, dice Matoub,
un inmigrante de 24 años, transformado por su encuentro
con una biblioteca. Todos los bibliotecarios, los maestros y los
padres de familia del país, pero también los asesores
de estado, los periodistas, los ministros y las primeras damas,
deberían leer este libro para entender la dimensión
de esa herramienta que tienen al alcance de sus manos y a la que
aún no le han descubierto su verdadera potencia. Sin lugar
a dudas, Michèle Petit, quien viene como conferencista al
congreso Mundial de Literatura Infantil de la Ibby en Cartagena
en el mes de septiembre, será uno de los “platos fuertes” para
suscitar un debate urgente en nuestro país. Mientras tenemos
la fortuna de escucharla, leer su trabajo puede ser un comienzo
para cambiar el libreto habitual sobre la lectura.
Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista
Cambio de Colombia y aparece en este medio
con autorización expresa de la misma.
