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Tiempo de remover las cenizas.
Mirjam Pressler.
Traducción de Olga Martín y Paula Botero.
Colección Zona Libre.
Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2005.

“Tengo que ponerle punto final a esto, piensa, tengo que volver a ser la chica despreocupada que fui hasta esos días de finales de abril…Yo no tengo la culpa de algo que pasó mucho antes de mi nacimiento, hace ya cincuenta y siete años, casi una eternidad, así de lejos está”. Estas palabras de Johanna, la protagonista de la reciente novela de Mirjam Pressler citadas en la contra carátula de la versión de Norma, son un acierto editorial pues no sólo sintetizan la esencia de esta historia sino uno de los temas recurrentes en la narrativa alemana contemporánea para jóvenes.

Mirjam Pressler (1940), reconocida autora alemana, lleva bastante tiempo explorando con valentía y cierta dosis de crudeza, la problemática de los jóvenes europeos. Desde los ochenta, sus libros fueron traducidos al castellano por Alfaguara y así conocimos novelas suyas como Chocolate amargo y Arañazos en la pintura, entre otros, que desafortunadamente no volvieron a circular. Su mirada realista fue una de las primeras en abordar esos llamados “temas tabú”,  cada vez más frecuentes en la literatura infantil y juvenil. Junto con otros escritores como su coterráneo Peter Härtling o la vienesa Christine Nöstlinger, Pressler acostumbró al público juvenil a una literatura de fuerte aliento existencial para dar nombre a preguntas recónditas relacionadas con la sexualidad, la muerte y los orígenes.

Esta nueva novela gira, precisamente, en torno a la pregunta sobre sus orígenes que se hace Johanna Riemenschneider, una adolescente alemana común y corriente, quien descubre, en un viaje de estudio a Israel, una parte oculta de su pasado. La protagonista, que no sólo ha heredado el nombre de su abuela sino también la prosperidad que le brinda a su familia la Casa de Modas Riemenschneider, conoce, durante la excursión escolar, a Meta Levin, una judía contemporánea de sus abuelos, y ese encuentro resquebrajará el mundo infantil de sus afectos incondicionales, para dar paso a sentimientos de culpa, en un entorno familiar en el que a nadie parece interesarle remover cenizas.

A manera de metáfora, la novela de Pressler da vueltas, desde la perspectiva personal de Johanna, en torno a esa culpa o “pecado original”, presente en la sociedad alemana. Así, mientras se desencadenan en esa adolescente preguntas sobre los orígenes de su herencia y sobre el papel que desempeñaron los adultos más entrañables en uno de los capítulos más terribles de la historia reciente, la autora va tejiendo la complejidad de matices, de versiones encontradas y de secretos a voces que constituyen una historia, a la vez privada y pública y que marcan para Johanna el final abrupto de la infancia, como sucede en las novelas de crecimiento. Tal vez porque aún no se han removido todas las cenizas del holocausto nazi, la novela no tiene un final feliz. Como si se negara a dar soluciones tranquilizadoras, la autora se limita a contar esas historias dentro de “La Historia” y a escudriñar los sentimientos recónditos, no sólo de Johanna, sino de todo un pueblo que todavía se pregunta, como ella, por qué debe culparse de algo que sucedió hace mucho, mucho tiempo. 

Yolanda Reyes.

Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista Cambio de Colombia y aparece en este medio con autorización expresa de la misma.

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