La Isla.
Armin Greder
Traducción de L. Rodríguez López
Lóguez, Salamanca, 2003
Una historia cada vez más cotidiana
Para que nadie piense que se trata de mera ficción, Armin
Greder le añade a La Isla el subtítulo de “una
historia cotidiana”. Como tantas otras, ésta comienza
una mañana cuando los habitantes de la Isla encuentran a
un hombre que ha llegado en una balsa, arrastrado por la corriente.
Las imágenes lo muestran desnudo y la frase que cierra la
primera página nos aclara que “no era como ellos”.
A partir de ese momento, se inicia una dramática tensión
entre imágenes y palabras para plasmar la amenaza que representa
en una sociedad todo el que es considerado “diferente”.
Por las coordenadas de Greder, un artista suizo postulado al Premio
Andersen de Ilustración, es posible leer entre líneas
su intención de llevar a la literatura infantil la problemática
del inmigrante, que es motivo de preocupación, no sólo
para los gobiernos, sino para la gente de todas las edades de aquello
que se denomina “el primer mundo”. De hecho, los niños
europeos y norteamericanos enfrentan diariamente un doble discurso:
por una parte, los currículos educativos hacen énfasis
en la aceptación de la “diferencia” y señalan
las bondades del diálogo cultural, que ya se ha vuelto cotidiano
en sus aulas. Por otra parte, sin embargo, la realidad es cada
vez más xenófoba y menos tolerante y se traduce,
tanto en políticas represivas frente a la inmigración,
como en una actitud generalizada de desconfianza por parte de los
ciudadanos adultos.
Es esa doble moral la que intenta convertir en metáfora
Armin Greder con su mirada sensible y alejada de los clichés
a los que suele recurrirse para abordar el tema. Mediante la exploración
artística de todos los matices que entran en juego, de los
sentimientos contradictorios y de las tibias soluciones que implementan
los habitantes de La Isla para tranquilizar sus conciencias, el
lector presencia los cuadros sobrecogedores que concluyen con la
expulsión del “intruso” y con la quema de la
barca de un pescador, el único que se ha atrevido a sugerir
que se acoja al extranjero -aunque se le pague un poco menos por
su trabajo-.
La voz de ese inmigrante que no “encaja en el coro” y
la del pescador que no se oye porque “los demás hablan
más alto”, son los extremos de ese drama que Greder
ilustra con imágenes que nos recuerdan los esperpentos de
Goya o los gritos de Munch y que le abren fisuras al discurso políticamente
correcto, para proyectar la historia a múltiples interpretaciones.
Por eso no es descabellado pensar que este inquietante álbum
sería de mucha actualidad en nuestro país. Los niños
y los adultos que lo lean entenderán por qué lo recomiendo
como un libro urgente y oportuno.
Yolanda Reyes.
Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista
Cambio de Colombia y aparece en este medio
con autorización expresa de la misma.
