Espantapajaros · Principal

Un verano en La Cañada de los Osos.
Polly Horvath.
Colección Torre de Papel.
Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2004.


La narrativa de Polly Horvath deja una extraña sensación: cierto sabor agridulce, difícil de encasillar en las tendencias de la literatura infantil contemporánea, incluso en aquella considerada de vanguardia. Eso fue lo que sentí con Todo sobre un waffle, la primera novela de esta autora canadiense traducida al español hace un par de años por Norma, y la misma sensación se repitió mientras avanzaba por “la Cañada de los Osos”. A medida que me iba adentrando en ese mundo extraño, con ciertos tintes inverosímiles cercanos al esperpento, experimentaba también una familiaridad con los personajes y con las situaciones, en el fondo muy parecidos a cualquier vida prosaica y real.
     
Es difícil leer a Horvath sin caer en la tentación de hacerse trilladas preguntas: ¿se trata de un ejemplo más dentro de la tendencia realista que las leyes del mercado editorial han acuñado como género cercano a los preadolescentes?, ¿dónde ubicar esta extraña mezcla de crudeza naturalista con humor e ingenuidad?, ¿qué pensarán los niños a partir de once años, que según las indicaciones de la colección, son el “público objetivo” del libro? Por fortuna, las preguntas se tornan irrelevantes porque poco a poco, el lector  va quedando cautivado por ese lugar inaccesible y rodeado de osos feroces a donde viaja Trinqueta Clark, la protagonista, para pasar las vacaciones de verano con sus tatara- primas. Tal como le sucede a esa niña, la extrañeza inicial va cediendo a la fascinación y los lectores, al igual que el personaje, empezamos a aclimatarnos a las nuevas coordenadas. Cuando nos damos cuenta, nos movemos en otra lógica y leemos, simplemente, sin parar: sufriendo y riéndonos al mismo tiempo, todo ello sin mayores estridencias, de una forma que fluye, digamos, con naturalidad.

La vida de Trinqueta, una niña con una madre más que indiferente, está descrita con pequeñas pinceladas que oscilan entre la tragedia y la comedia. Desde su horrible nombre, puesto al azar por un padre que sólo apareció el día del parto, la autora se encarga de desmitificar todos los detalles azucarados que suelen asociarse con la maternidad. La hija es un verdadero estorbo para la madre que trabaja de mesera en el Country Club de Pensacola y que limpia apartamentos ajenos, mientras malvive en un pequeño y sombrío apartamento semi-subterráneo y sin ventanas. Su único sueño de hacerse socia del club parece muy lejano y, para empeorar la situación, la hija tiene una “Cosa” en la espalda: una “Cosa” congénita, así nombrada con mayúscula, que su madre se empeña en mantener oculta.

A medida que avanza la novela, esa “Cosa” y otras  cosas se irán develando. El encuentro de Trinqueta con sus ancianas parientas de Maine revela detalles dramáticos que nadie creería adecuados para los niños y que la autora entrega con ese estilo peculiar, en el fondo tan cercano a la percepción infantil. La vida y la muerte son tratadas sin tabúes y, a la vez, sin excesivos dramatismos, con un estilo peculiar que sorprende y que ha sido alabado por la crítica. El sarcasmo con el que la autora caricaturiza el mundo de los adultos se conjuga con una sensibilidad que indaga en el interior de los seres humanos y uno piensa, si es que piensa mientras vive ese largo viaje desde el sol de la Florida hasta los bosques de Maine, por qué hay ciertos libros que sólo circulan para el público infantil. Aunque viéndolo bien, leer a Horvarth es poner la palabra “infantil” entre comillas y descubrir cómo es posible hablar con maestría de todos los temas de la vida, a cualquier edad. 

Yolanda Reyes.

Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista Cambio de Colombia y aparece en este medio con autorización expresa de la misma.





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