Libro de los prodigios
Ema Wolf
Colección Torre de Papel
Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 2003.
A simple vista, se trata de un libro más de Torre de Papel
de Norma. Y esa colección, como suele ser habitual en el
mercado de las colecciones infantiles, agrupa las obras de acuerdo
con la edad de los lectores y asigna colores diferentes por edades.
Así sabemos que los libros de Torre Amarilla se leen a partir
de los 11 años, en tanto que los de Torre Roja están
destinados a niños más pequeños. Sin embargo
todas esas pistas editoriales diseñadas para orientar al
público adulto –especialmente a los maestros que prescriben
lecturas a los niños– ocultan, de vez en cuando, algún
misterio.
Eso sucede con El libro de los prodigios, un curioso ejemplar
que, como el célebre Patito Feo, corre el riesgo de no pertenecer
a ningún grupo conocido. Los niños que leen por devoción
o por “impulso” dirán que, si es de Torre de
Papel, debe ser otro de esos libros “para leer en el colegio”.
Y los maestros, que dictaminan lo que se debe leer en el colegio,
dirán que no es un libro fácil para asignar a todos
los lectores del salón. Tal vez eso haga parte de la extraña
naturaleza de la obra que, desde su misma concepción, pretende
escapar de las taxonomías habituales. ¿Cómo
juntar una piedra que anda sola con un trazado personal del mapa
del cerebro o con un loco que busca, hace trescientos años
el nombre secreto –el “otro nombre” – de
la ciudad de Buenos Aires?
La argentina Ema Wolf, una de las más prestigiosas figuras
de la literatura infantil latinoamericana, parece haberle querido
jugar al lector una travesura con este extraño inventario
de prodigios, como si ella misma buscara transgredir ciertos parámetros
del oficio de escribir para los niños o como si quisiera
vacunarse contra tantos estereotipos propios del género.
Mediante el ejercicio de alejarse de territorios transitados y
seguros, construye una personalísima colección de
relatos sobre fenómenos y objetos fantásticos, en
los cuales el lector vuelve a encontrar, junto con el humor y la
agudeza que caracterizan a la autora, una voluntad explícita
de tallar, palabra por palabra, ese universo de ficción
en el que se conjugan el guiño inteligente, la poesía
y algunas preguntas muy provocadoras.
Este libro de prodigios, al estilo de las enciclopedias sobre
objetos y lugares que nunca han existido, es para lectores exigentes
de todas las edades. Por eso valdría la pena que estuviera
en otra colección más elaborada: quizás
en una que reuniera todo aquello que no es susceptible de organizar
por colecciones.
Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista
Cambio de Colombia y aparece en este medio
con autorización expresa de la misma.
