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Otros libros recomendados para estos lectores:

Amigo se escribe con H
María Fernanda Heredia
Colección Torre de Papel
Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2003

Pese a que ciertos críticos manifiesten reticencias frente a los concursos de obras inéditas y a que algunos fallos generen polémica, los concursos literarios abren espacio a nuevos autores y señalan caminos distintos a los que ya “funcionan”. Editoriales como SM de España; Fondo de Cultura Económica de México y Norma de Colombia –asociada con Fundalectura– le apuestan cada año a la búsqueda de nuevos títulos en el campo de la literatura infantil y juvenil. Amigo se escribe con H, de la ecuatoriana María Fernanda Heredia, ganó el Premio Norma-Fundalectura 2002. Este concurso, que recibe centenares de manuscritos, y en cual compiten, tanto escritores consagrados como nuevos nombres, desde Cuba hasta Brasil, puede servir de brújula para sondear los rumbos que toma la narrativa para niños de nuestros países. En ese sentido, la lectura de la obra de Heredia no se agota en las páginas del libro, sino que permite vislumbrar cómo se va transformando el concepto de escribir para niños en Latinoamérica.





Óyeme con los ojos

Gloria Cecilia Díaz
Ilustraciones de Chata Lucini
Colección Sopa de Libros
Madrid, Anaya, 2000

Desde hace unos años quería recomendar este libro, pero el dicho según el cual “nadie es profeta en su tierra” se aplicaba a Gloria Cecilia Díaz, una de las voces más sobresalientes de nuestra literatura infantil. A pesar de que esta quindiana obtuvo el prestigioso Premio Barco de Vapor con El valle de los cocuyos y que siguió publicando en España, muchas de sus obras no circulaban aquí. La verdad es que mi ejemplar de Óyeme con los ojos, vino de muy lejos y tuvo que andar de mano en mano hasta la última Feria del Libro, cuando la novela empezó, por fin, a circular. Este hecho, sumado a la publicación de otras obras suyas bajo el sello de Norma, son excelentes noticias para los niños colombianos, pues su autora, residente en París, constituye un excelente ejemplo de cómo se logra ser universal indagando en la particularidad, y de cómo se va construyendo, con paciencia y con rigor, una voz propia.




Asmir no quiere pistolas

Christobel Mattingley
Traducción de María Luisa Balseiro
Alfaguara. Madrid, 1995

“La guerra nunca tiene sentido”, dice Muris, uno de los personajes de esta novela. Es un abogado musulmán y está hablándole a Asmir, su hijo de siete años, la última noche que pasan todos juntos en su casa de Sarajevo. Trata de explicarle lo inexplicable: el absurdo de esa guerra que ha convertido al parque infantil en cráter de bomba y en cementerio. Al día siguiente, Asmir y Eldar, su hermanito de un año, tendrán que correr por las calles destrozadas de la ciudad, cargando la ropa y los juguetes indispensables, hasta llegar al aeropuerto y evacuar Sarajevo en un avión militar, acompañados por su madre y por su abuela. Luego sabrán que ése fue el último avión autorizado para salir. El padre tendrá que quedarse y el resto de la familia empezará la odisea de atravesar países y fronteras hasta llegar a Viena. Con cada frontera que logren pasar, Asmir sentirá que se aleja cada vez más de su padre. Y, con su lógica de siete años, se preguntará si él será capaz de encontrarlos, en esos exilios que se vuelven sus hogares temporales. La guerra nunca tiene sentido, recordará Asmir, mientras narra su historia.



Mis 130 apellidos

Irene Vasco
Bogotá, Alfaguara, 2003

“Hay cosas que uno sabe desde que nace”, dice Emilio Moscovici, el niño judío de siete años, protagonista del libro. Pero, cuando viaja a encontrarse con su gran familia en Israel, se le confunden muchas cosas. Emilio descubrirá que Israel es más que “una página del libro de geografía”; que su apellido se puede pronunciar de 130 formas distintas y que comparte vínculos profundos con mucha gente dispersa por el mundo.

Los que abrieron caminos en el cielo
Pilar Lozano
Bogotá, Planeta, 2002

La periodista y autora de libros para niños y jóvenes se sumerge en una etapa de la historia de Colombia, desde 1919 hasta 1933, para recrear las aventuras de un grupo de hombres colombianos y extranjeros que se atrevieron a volar en aviones sin frenos, con ruedas tan delgadas como las de una bicicleta, y que aprendieron a aterrizar en ríos, laderas o pantanos de nuestra accidentada geografía. Un documento interesante y documentado, apto para lectores intrépidos.

El horrible sueño de Harriet y otros cuentos de terror
Anthony Horowitz
Ilustraciones de Ricardo Peláez
Traducción de María Vinos
México, Fondo de Cultura Económica, 2002

Del mismo autor inglés de la Granja Groosham, una excelente novela que se anticipó y superó con creces a Harry Potter, llegan al público juvenil estas ocho historias de horror. Horowitz, maestro en crispar los nervios y en atrapar por el cuello hasta a los más inquietos lectores, mezcla terror, ironía e irreverencia, como siempre. De antología, sobre todo, el cuento de La cámara asesina.

Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista Cambio de Colombia y aparece en este medio con autorización expresa de la misma.

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