Voces en el Parque
Anthony Browne
Traducción de Carmen Esteva
Colección Los Especiales de A la Orilla del Viento. Fondo
de Cultura Económica, México, 1999. Primera edición
“Pienso que uno de los aspectos más negativos de
la educación, al menos en Inglaterra, es la manera como
los adultos subestiman la sorprendente capacidad de observación
visual que tienen los niños, a quienes se les hace creer
que crecer, madurar y convertirse en seres educados, significa
dejar atrás las imágenes y evolucionar hacia las
palabras. Esta es una de las razones por las cuales Inglaterra
es una nación visualmente iletrada”. Las propias palabras
de Anthony Browne, uno de los más reconocidos autores ingleses
de libros de imágenes, sintetizan lo que ha sido su trabajo:
una búsqueda inteligente y rigurosa para proponer al público
en general –no sólo a los niños- nuevas formas
de ver, de leer y de relacionarse con el lenguaje pictórico.
Su obra ha ayudado a romper ese estereotipo tan arraigado según
el cual los álbumes son sólo para los más
pequeños, para aquellos lectores que, por ser “iletrados,” necesitan
valerse de las ilustraciones como un lenguaje sencillo y de menor
complejidad que el verbal. En su caso sucede exactamente lo contrario:
la ilustración crea un universo lleno de referencias culturales
y artísticas, de pistas visuales, de claves y de guiños
permanentes que consideran al lector como alguien inteligente y
suspicaz, capaz de completar e interpretar el texto, sin importar
su edad.
La producción de Browne ha mantenido un ritmo constante
a lo largo de los años y en su trabajo sobresalen títulos
como Gorila, El libro de los cerdos, Cambios, El
túnel,
Zoológico y la serie de Willy. Además, para fortuna
de los lectores hispanohablantes, la editorial mexicana Fondo de
Cultura Económica, se ha preocupado por publicar muy pronto
sus libros y es así como Voces en el parque apareció en
español a finales del año pasado, con sólo
un año de diferencia de su publicación en Londres.
En esta ocasión, las constantes estilísticas ya tan
familiares para los seguidores de su obra, tales como las alusiones
a obras de arte famosas, la recreación de símbolos
e imágenes urbanas, el toque surrealista que transforma
lo cotidiano y la predilección por los personajes de gorilas
con características humanas, cobran fuerza y se renuevan
para contar una historia aparentemente simple: el paseo al parque
de dos perros, con sus amos.
Alrededor de Victoria, una fina perra labrador, y de Alberto,
un perro de raza indefinida, se entretejen las cuatro voces de
sus dueños, para narrar la misma historia del encuentro –o,
mejor, del desencuentro- en el parque desde cuatro puntos de vista
diferentes. Así tenemos acceso, por una parte, a la versión
de la madre sofisticada y a la de su hijo y, por otra, a la del
padre desempleado y a la de su hija. Cada voz plantea una perspectiva,
una forma peculiar de ver y de contar y este juego de contrastes
y de planos afecta incluso detalles como el tipo de letra, que
identifica a cada uno de los personajes. El nuevo libro de Browne,
en el que también se hacen evidentes las preocupaciones
sociales y un toque irónico de crítica social sutilmente
manejado, no se agota, ni mucho menos, en una primera lectura,
sino que invita al lector a leer y a releer, a mirar, a descubrir
cada vez más detalles insospechados y a desconfiar de la
idea superficial de que la realidad es una sola. Como los gorilas
de sus cuentos, que nos devuelven el reflejo de lo animal y lo
humano oculto en cada persona, este hermoso libro, de edición
impecable y cuidadosa, plantea un desafío al lector lúcido
y curioso de cualquier edad, para que observe con atención
y recomponga en su interior su versión particular de la
historia, es decir, para que construya el camino de su propia lectura.
Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista
Cambio de Colombia y aparece en este medio
con autorización expresa de la misma.
