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La sustancia oculta de los cuentos
Por: Yolanda Reyes
Charla para los maestros, con ocasión del lanzamiento de Cuentos para siempre de la colección “Libro al Viento”, del Instituto Distrital de Cultura y Turismo. Biblioteca Virgilio Barco. Bogotá, Colombia. Junio 18 de 2004
I. El hilo de la memoria
Hace mucho, pero muchísimo tiempo, mucho antes de aprender a leer solos, quizá una voz amada nos contó alguno de esos cuentos tradicionales que suelen contarse a los niños y que hemos dado en agrupar bajo el rótulo de “cuentos de hadas” o “cuentos tradicionales”.
Deberíamos seguir el hilo de la memoria para evocar ese rostro, ese tono de voz, esas manos que iban señalando reinos y palacios lejanos, para construir una arquitectura que no existía entonces y que, sin embargo, era más real que todo lo demás: más real que el borde de esa cama que olvidamos; más real que la habitación o el patio o la noche aquella de esos tiempos... más real que nuestras caras de entonces, que las trenzas o las colas de caballo o la gomina que hace ya tanto no usamos...
Y ahora, cuando ya hemos olvidado el rostro que tuvimos y la edad exacta y el vestido, tal vez seguimos acordándonos de algún retazo de la historia, de alguna fórmula mágica de inicio, de algunas palabras que se repetían como un canto y que nombraban todo aquello de lo que no se hablaba durante el resto de las horas, todo aquello que no se decía en las visitas ni en la mesa ni en la fila del colegio...
La sustancia oculta de los cuentos: ese poder de las palabras para dar nombre y existencia a realidades interiores, tantas veces terribles e inciertas, a pesar de la supuesta inocencia que los adultos atribuyen a los tiempos de infancia. [leer más]
La voz de las Nuevas generaciones
En asuntos de lectura y escritura, los niños, las niñas y los jóvenes vinculados a los talleres de Espantapájaros son nuestros más calificados expertos. Por ello queremos incluir en este boletín sus voces, sus criterios y sus textos, que son la razón más poderosa para seguir apoyando la formación de nuevos lectores y escritores.
Corazón de Pollo y deseo de León
Este artículo es de Violeta Martínez Bohórquez, quien a sus 15 años nos cuenta las vivencias como estudiante de Noveno grado del Liceo Juan Ramón Jiménez y estudiante de Piano del Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia.
“Exámenes de admisión para los alumnos que deseen estudiar música y tengan conocimientos”
Esto fue lo que leí en el periódico, una mañana nublada de abril. Ese anuncio era de la reconocida Universidad Nacional de Colombia, pensé en que sería bueno presentarme al examen, aunque la verdad no estaba muy segura de saber lo suficiente y por lo tanto de pasar la prueba, pues mucha gente se presenta y sólo había cupo para cinco aspirantes a piano. Un poco ansiosa le comenté a mis padres sobre mi deseo de presentar dicha prueba. Ellos estuvieron de acuerdo. Sin embargo, mi papá me preguntó:
- ¿Estás segura? Pues él ya había estudiado allí y había pasado por eso antes que yo. Creo que él pensaba que yo no estaba segura de querer ingresar al conservatorio, ya que el nivel de exigencia es muy alto. No porque yo no fuera capaz, sino por el tiempo que debía invertir para preparar mis clases tanto del colegio como del conservatorio.
Estuve estudiando un pequeño repertorio para grabar en video y enviarlo, ya que en esto consistía la primera prueba. En el debía salir interpretando tres obras que duraran entre todas máximo diez minutos. Entonces manos a la obra, al siguiente mes ya tenía listo lo tenía listo, este consistía en una obra de Scott Joplin: “The easy Winners”, “La marcha turca” de Mozart, un ejercicio mecánico de Hannon y todas las escalas mayores con sostenidos. Grabé el video y lo envié a la Universidad.
Poco tiempo después me enviaron unos papeles en los cuales estaban los nombres de las jóvenes que pasaron el primer examen. Lo leí muy impaciente pero segura de que no pasaría, ¡pues habían mandado ochenta videos! Qué difícil fue eso. Estaba pasando mi dedo por los apellidos y en la M vi Martínez Bohórquez Violeta. Sentí cosquillas en el estómago y una gran emoción que no pude disimular.
Iba para la segunda prueba, que consistía en tocar el mismo repertorio pero esta vez ante un jurado conformado por tres maestras grandes pianistas, maestras del conservatorio...[leer más]
Este artículo continuará en el siguiente boletín.
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El expreso polar: Del libro a la película Una de las noticias cinematográficas de esta temporada es la adaptación de El expreso Polar, el emblemático y hermoso álbum de Chris Van Allsburg, a la pantalla grande.
Actividades
Niños que participan en el taller todo... menos libros aburridos
Los favoritos de Octubre.
Estas fueron las recomendaciones embrujadas en materia de libros, hechas por los miembros del taller Todo… Menos libros aburridos. A este taller asisten niñas y niños entre los cinco y los doce años, bajo la dirección de Martha Iannini y Olga Margarita Bohórquez.
Libro: Mi madre es rara Autor: Rachna Gilmore Editorial: Juventud
“Cuando la mamá toma café se le quitan las uñas y los cuernos y se vuelve normal… que es estar contenta. Me gustó porque mi mamá es igual. Se lo recomiendo a la mamá de una amiga, Daniela. Porque la mamá está loca”.
Zoe Short Edad: 11 años Quinto de primaria
Libro: Fernando Furioso Autor: Hiawyn Oram Editorial: Ekaré
“Se trata de un niño que quería ver una película de vaqueros, pero la mamá no lo dejó y se puso muy bravo. Tan, tan, tanto que el mundo se rompió como la cáscara de un huevo. Y al final, el niño no se acordó porqué estaba bravo. Me gustó porque Fernando se parece mucho a mí. Se lo recomiendo a mi mamá, porque ella también cuando se pone brava no se acuerda porqué se puso así. Yo creo que lo heredé de mi mamá”.
Alicia Barón Edad: 10 años Tercero de primaria
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Libros recomendados
Yo leo a escondidas
La Isla. Armin Greder Traducción de L. Rodríguez López Lóguez, Salamanca, 2003
Una historia cada vez más cotidiana Para que nadie piense que se trata de mera ficción, Armin Greder le añade a La Isla el subtítulo de “una historia cotidiana”. Como tantas otras, ésta comienza una mañana cuando los habitantes de la Isla encuentran a un hombre que ha llegado en una balsa, arrastrado por la corriente. Las imágenes lo muestran desnudo y la frase que cierra la primera página nos aclara que “no era como ellos”. A partir de ese momento, se inicia una dramática tensión entre imágenes y palabras para plasmar la amenaza que representa en una sociedad todo el que es considerado “diferente”.
Por las coordenadas de Greder, un artista suizo postulado al Premio Andersen de Ilustración, es posible leer entre líneas su intención de llevar a la literatura infantil la problemática del inmigrante, que es motivo de preocupación, no sólo para los gobiernos, sino para la gente de todas las edades de aquello que se denomina “el primer mundo”. De hecho, los niños europeos y norteamericanos enfrentan diariamente un doble discurso: por una parte, los currículos educativos hacen énfasis en la aceptación de la “diferencia” y señalan las bondades del diálogo cultural, que ya se ha vuelto cotidiano en sus aulas. Por otra parte, sin embargo, la realidad es cada vez más xenófoba y menos tolerante y se traduce, tanto en políticas represivas frente a la inmigración, como en una actitud generalizada de desconfianza por parte de los ciudadanos adultos.
Es esa doble moral la que intenta convertir en metáfora Armin Greder con su mirada sensible y alejada de los clichés a los que suele recurrirse para abordar el tema. Mediante la exploración artística de todos los matices que entran en juego, de los sentimientos contradictorios y de las tibias soluciones que implementan los habitantes de La Isla para tranquilizar sus conciencias, el lector presencia los cuadros sobrecogedores que concluyen con la expulsión del “intruso” y con la quema de la barca de un pescador, el único que se ha atrevido a sugerir que se acoja al extranjero -aunque se le pague un poco menos por su trabajo-.
La voz de ese inmigrante que no “encaja en el coro” y la del pescador que no se oye porque “los demás hablan más alto”, son los extremos de ese drama que Greder ilustra con imágenes que nos recuerdan los esperpentos de Goya o los gritos de Munch y que le abren fisuras al discurso políticamente correcto, para proyectar la historia a múltiples interpretaciones. Por eso no es descabellado pensar que este inquietante álbum sería de mucha actualidad en nuestro país. Los niños y los adultos que lo lean entenderán por qué lo recomiendo como un libro urgente y oportuno.
Yolanda Reyes.
Yo no leo alguien me lee
Secreto de familia Isol. Colección Los Primerísimos. México, Fondo de Cultura Económica, 2003.
Todas, hasta las mejores familias, tienen sus secretos. Y en este álbum para los más pequeños, Isol ilustra, con su humor irreverente, algunos de esos típicos y muy bien guardados secretos. Una madre que parece un puercoespín y otra con peinado de oso demuestran a los niños lo raras que lucen las familias, especialmente a las 6 de la madrugada.
Yolanda Reyes.
Yo empiezo a leer solo
Me llamo Yoon Helen Recorvits. Ilustraciones de Gabi Swiatkowska. Juventud, Barcelona, 2003.
“Me llamo Yoon. Vine de Corea, un país muy lejano”. Así comienza la historia de esa niña que deberá aprender a escribir su nombre, cuyo significado es “sabiduría resplandeciente”, en un nuevo idioma. Pero ella no quiere aprender la nueva manera de escribir ni entiende las palabras ni tiene amigos. Las hermosas ilustraciones de este álbum se conjugan con la sencillez poética de una historia que muchos niños han vivido al enfrentarse y conquistar progresivamente otra cultura.
Yolanda Reyes.
Estos libros han sido recomendados por Yolanda Reyes en la página de literatura de la Revista Cambio de Colombia y se publican aquí con la gentil autorización de sus editores.
Lea esta y otras reseñas de libros para todas las edades en nuestro sitio web www.espantapajaros.com

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