La música: compañera para despertar a la vida
Por: Carmenza Botero
Carmenza Botero, codirectora de Espantapájaros Taller y directora del Grupo Malaquita, que se dedica a divulgar la música y la poesía desde la primera infancia, describe en este artículo cómo la música está presente en la vida de un niño, desde antes de nacer. ¿Desde qué mes de gestación oye un bebé? ¿Qué significa cantarle desde el vientre? ¿Qué lugar ocupa la música en el desarrollo cognitivo, sensorial y afectivo de los niños?
Hoy en día tenemos mucha información acerca del desarrollo integral del niño desde su concepción y también contamos con pautas educativas para aplicar esa información en beneficio de la formación de nuestros hijos y alumnos. Los innumerables estudios acerca del desarrollo emocional, físico, psíquico y social permiten que los padres, educadores y artistas podamos dar cada vez más sustento y encontrar mayor sentido a nuestra manera de relacionarnos con el niño a partir de prácticas lúdicas y artísticas que estimulen los sentidos y que, así, beneficien el desarrollo integral del ser humano.
Esta reflexión tiene como objetivo subrayar la indiscutible presencia de la música en la formación de todos los aspectos que integran al ser humano y exaltar el valor que tiene la manera consciente, respetuosa y comprometida con que nosotros, como adultos, entregamos un mundo sonoro o una canción a quienes están empezando su recorrido en la vida.
Parto de la premisa de que el primer acto humano es el conocimiento de
sí mismo y de que éste le permite al hombre ir adquiriendo una identidad propia que beneficia la apropiación, comprensión y relación con el mundo que lo rodea.
¿Cómo se logra el conocimiento de sí mismo?
A través de los sentidos y del cuerpo, el ser humano se apropia del mundo oyéndolo, tocándolo, oliéndolo, chupándolo y mirándolo. Empieza a descubrir, desde el vientre materno, los alcances de sus sentidos y comienza a conocerse corporalmente y a tener noción de lo que su cuerpo puede lograr. Se va adquiriendo, poco a poco, una personalidad corporal que se alimenta en la lactancia, en el abrazo, en el arrullo, en el cambio de pañal y en todo el manejo que se desprende de este complejo pero tan natural proceso. Así comenzamos a comprender y a apropiarnos del mundo.
¿Cuál es el papel de la música en todo esto?
La música juega un papel primordial, ya que es una vivencia con poderes sobre la actividad corporal, mental y espiritual.
Se puede hablar del oído y del sonido desde los primeros meses de gestación y, más adelante, de cómo desde las estructuras auditivas se va organizando ese sonido para convertirse en música. Voy a abordar esta reflexión a partir de dos momentos, dentro del desarrollo infantil, en los que la música tiene total y pleno impacto en el desarrollo emocional, psíquico, físico y social.
Antes de nacer
Estudios científicos han comprobado que el oído es el primer sentido que se desarrolla, ya que empieza a percibir, más o menos hacia los 5 meses de gestación, el latido del corazón y los sonidos que produce el aparato digestivo de la madre. Más adelante, la respiración y el mundo sonoro que a ella la rodea –las voces del padre, de los hermanos, de los abuelos y de otros seres cercanos– comienzan a dar mensajes de afecto al bebé, y es así como se prepara el terreno afectivo para el nacimiento. Pues bien, todos los sonidos del universo interno de la madre son el cimiento de lo que culturalmente conocemos como música, ya que éstos instalan el sentido rítmico, tanto a nivel auditivo como a nivel corporal; el sentido melódico a partir de la entonación de la voz de la madre y el armónico, legado de esa madre que instala huellas sonoras.
Después de nacer
En este momento el bebé se enfrenta a innumerables estímulos sensoriales que, sin duda, lo desconciertan. Es entonces cuando, con su sentido más desarrollado, el auditivo, busca las estructuras sonoras conocidas que contribuyeron a formarlo –la inflexión de la voz de la madre, la canción que ya le cantaron y la música que ya escuchó– para sentirse seguro y crear lazos entre su mundo actual y su mundo anterior.
Si nos detenemos un poco, nos damos cuenta de que la evolución maravillosa del sentido auditivo le permite al bebé, a la hora de nacer, estar habilitado orgánicamente para percibir todas las cualidades del sonido: su altura, el volumen, el timbre y duración. Este es un momento maravilloso en el que el niño está absolutamente abierto a recibir con atención cualquier estímulo y a traducirlo y percibirlo como afecto que se le entrega. Por eso es tan importante cantarles, arrullarlos y hablarles, para ir ayudando a que se den las conexiones neuronales de la zona auditiva, que también son cimiento para el desarrollo del lenguaje y, por ende, del pensamiento. No debemos dejar de lado otro vehículo que favorece estas conexiones: el cuerpo. El contacto físico que se genera con un arrullo, con un abrazo y con una caricia, contribuye a fortalecer su esquema corporal, a asociar el ritmo con un movimiento, a la salud del niño y a la salud en sus relaciones afectivas
Después de haber escuchado, después de haber almacenando sonidos, palabras, estructuras gramaticales y, con ellas, todo el afecto con que su desprevenido sentido auditivo ha obrado, el bebé comienza experimentar con su voz, basándose en lo que tiene instalado auditivamente. Es aquí cuando también se empieza a vislumbrar una mayor autonomía del cuerpo, en todo su significado. Este momento puede suponer la capacidad para irse separando de la madre, y puede coincidir con el ingreso a la escuela maternal. Entran, entonces, en el escenario otras personas: las maestras de preescolar, a quienes les es de extrema utilidad tener conciencia del poder que tienen para instalar huellas sonoras a través de la palabra y de la canción infantil.
Acudir a la poesía, a los juegos de palabras y a las rondas va instalando en el niño el afecto, la solidaridad, la curiosidad, el desafío a las dificultades del pensamiento simbólico, el amor por la palabra, el ritmo silábico y un contorno melódico. Esto hace que la poesía se convierta en un material musical de inigualable valor, pues precede a las estructuras musicales más formales.
Por otra parte, así como es muy positivo que las mamás canten desde el embarazo a sus hijos, los maestros de los más pequeños, unidos en ese esfuerzo, pueden ayudarles a los niños, con canciones, a reconocer su cuerpo, a descubrir el lenguaje y, en general, a descubrir el mundo. Comparto plenamente el planteamiento de Violeta Hemsy de Gainza cuando afirma que: “La canción infantil es el alimento musical más importante que recibe el niño” (1) .
Es fundamental insistir en el valor que tiene la canción infantil en la formación integral y musical del ser humano, porque ésta congrega todos los elementos musicales. Contiene la melodía, el ritmo, la armonía y el poema. Obviamente las primeras canciones que canta un niño tambalean, como tambalea su caminar en un comienzo, y por eso es importante contar con un repertorio adecuado que le permita al niño, a la vez que escucha, ir puliendo su precisión melódica y rítmica y su sentido armónico. El texto, muchas veces sin sentido, va instalando también una sonoridad y un ritmo que, sin duda, apoyan enteramente el desarrollo musical.
Todos los que le hemos cantado a los niños hemos notado cómo al cantar afloran sus miedos, sus angustias y sus problemas íntimos. También hemos experimentado cómo se van desarrollando funciones psíquicas de percepción, memoria, lenguaje, razonamiento, imaginación que apoyan todos los otros aprendizajes escolares.
Con la canción infantil podemos apoyar entonces, el desarrollo auditivo, el desarrollo corporal, a través del ritmo, el desarrollo lingüístico y conceptual y, lo más importante, las posibilidades expresivas que posibilitan una sensibilización y una socialización sana.
Es así como, para concluir, resalto que el primer acercamiento a la música prepara el terreno para el futuro. Tanto los padres como los educadores de los más pequeños deben comprender el poder de la música en la formación del ser humano y lo que ésta hace posible para nuestra relación con el mundo y con las otras personas.
Como lo dijo Rudolf Steiner, creador del sistema de educación Waldorf: “La música es cimiento de la capacidad espiritual, de la capacidad matemática, de la creatividad y del intelecto” (2).
Notas
(1) Violeta Hemsy de Gainza. La iniciación musical del niño. Buenos Aires. Ricordi Americana. 1964.
(2) Rudolf Steiner. Qué pretende la escuela Waldorf. Ed. Rudolf Steiner. Madrid, 1905.
