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Algunas cuestiones en torno al canon

María Teresa Andruetto



María Teresa Andruetto, una de las escritoras más reconocidas en el ámbito de la literatura infantil argentina (aunque esto sería encasillarla, pues escribe para diversos públicos y en muy diversos registros), ha sido invitada a Medellín y Bogotá. Espantapájaros le da la bienvenida a estas páginas, mientras ella llega personalmente a compartir con los lectores el lanzamiento de Stefano, una hermosa novela publicada por el sello editorial Babel, que será presentada por Yolanda Reyes el lunes 29 de septiembre de 2008, en el Complejo Cultural LaLocalidad de Usaquén. Estos dos textos de la autora cordobesa exploran las preocupaciones estéticas de toda una generación de escritores latinoamericanos que se preguntan sobre ese campo difuso que se denomina "Literatura Infantil" y que, pese a las etiquetas, se resiste a la comodidad y al encasillamiento. Al final de los escritos, la biografía de María Teresa Andruetto reafirma la vocación de una autora polifacética que no sólo escribe para niños, sino que quizás escribe, simplemente.


Algunas cuestiones en torno al canon
María Teresa Andruetto
www.teresaandruetto.com.ar

Texto leído en el II Argentino de Literatura. Universidad Nacional del Litoral. Santa Fe. 28/6 al 1/7 2006. Mesa de Literatura Infantil: Acerca de los problemas del canon. Beatriz Actis, Lilia Lardone, María Teresa Andruetto. Coordinación: Germán Prósperi.
  • 1. Caña, vara, norma, regla, precepto, modelo, prototipo, son las acepciones de canon que nos da el diccionario. Debiera entonces partir de que la idea de un canon como norma, precepto o prototipo no me gusta. Que me gusta mucho más que la literatura sea un remolino, siempre desacomodándose.... porque -como ha dicho Lotman- es siempre dialéctica la relación entre lo canonizado y lo no canonizado en una cultura y ese movimiento permanente, hace que los que están fuera tiendan a ocupar el centro y pugnen por insertar sus modelos desplazando a otros que están dentro, porque no existe centro sin periferia y "lo literario" en cada caso, tiempo y lugar, precisa de lo "no literario" para definirse. De modo que todo canon necesita de la amenaza exterior - la amenaza de lo no canónico- y es de ese exterior no canonizado de donde provienen las reservas de la literatura que vendrá.

  • 2. Presente/pasado. Un canon es una lectura del presente hacia el pasado, para decidir qué enseñar, qué antologar, cómo hacer para que ciertos libros permanezcan vivos y sean leídos por las generaciones que nos siguen. Lectura de lectores que nos arrogamos la facultad de dirigir las lecturas de los demás. Retomo la frase: para que ciertos libros permanezcan vivos y enseguida salta la paradoja, porque lo canonizado se fija, endurece, tiende a convertirse en monumento, o sea que en lo que respecta a la lectura como un acto irreverente (que es el concepto de lectura que me interesa), podríamos decir que tiende a morir. El Quijote convertido en brindis y celebraciones, del que hablaba Borges, o en un libro que no necesita ser leído porque ya lo han leído por nosotros las generaciones precedentes, como dice Raúl Dorra.

  • 3. Cada lector construye su canon. Horacio González habla del pinchazo, Barthes habla de punctum. Se está refiriendo a fotografías, pero podría estar hablando de libros. Dice: "No soy yo quien va a buscarlo, es él quien sale de la escena como una flecha y viene a punzarme. En latín existe una palabra para designar esta herida, este pinchazo, esta marca...(...)...a ese elemento que viene a perturbar...lo llamaré punctum", dice, "pues punctum es pinchazo, agujerito, pequeña mancha, pequeño corte, y también casualidad". Cada (buen) lector construye su canon, más allá de lo que canonicen la academia, la escuela o el mercado. "La gloria de un poeta depende de la excitación o de la apatía de las generaciones de hombres anónimos que la ponen a prueba, en la soledad de sus bibliotecas (...) Yo, que me he resignado a poner en duda la indefinida perduración de Voltaire o de Shakespeare, creo (esta tarde de uno de los últimos días de 1965) en la de Schopenhauer y en la de Berkeley. Clásico no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos, es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad", dice Borges.

  • 4. Fervor/ Lealtad. Sucede con algunos libros: abren en nosotros una grieta que no nos permite olvidarlos. No se trata exactamente de los mejores libros, sino de aquellos que nos disparan una flecha que, como el amor, como el amado, no flecha a todos por igual. No atesoramos el libro mejor escrito sino aquél que, poseedor de un punctum que lo aloja en nuestra memoria, sigue preguntándonos acerca de nosotros mismos. Como el coleccionista que distingue una pieza única entre tantas y la retiene para sí, cada lector arma su canon personal. Libros como diademas excavadas en la lectura, dice Horacio González.

  • 5. Canon y docencia. El intento de canonizar (seleccionar, fijar, detener y preservar) va unido a la docencia. Se trata de la discusión acerca de qué enseñar: ¿qué libros son los más representativos, los que vale la pena que lean las nuevas generaciones? Plantearse el problema del canon es entonces también -y particularmente en la LIJ- preguntarse acerca de cómo seleccionar las lecturas de los programas escolares.

  • 6. Centro/periferia, alto/bajo, interior/exterior, estabilidad/ cambio, tradición/ vanguardia, previsibilidad/ imprevisibilidad, memoria/olvido, están en el corazón de estas cuestiones en torno al canon. Especialmente quisiera detenerme en la dupla memoria/olvido: la selección de unos textos y el olvido de otros. Así, lo que es seleccionado, perdura - perdura porque es valioso, porque perdura adquiere valor- y lo que es más longevo puede considerarse de mayor calidad, con lo cual (y esa idea sí me gusta) lo canonizado estaría en las antípodas de la búsqueda de la novedad (que es muy diferente a la búsqueda de lo nuevo), me refiero a la novedad novedosa y efímera que reclama el mercado.

  • 7. Vara para hacer mediciones, el canon -qué lee, qué debiera leer una generación- es también un instrumento de control social. Retomo uno de sus sentidos: vara para hacer mediciones, así es el canon que aparece en los suplementos culturales de los periódicos masivos bajo el título de Los libros más vendidos, o en notas literarias que responden a operaciones editoriales de publicidad solapada. Canon efímero que dirige las ventas y preparan con fervor los especialistas en mercadotecnia.

  • 8. Canon de autores/ canon de textos. En la actualidad, los cánones de autores han sido sustituidos por los cánones de obras. La Literatura Infantil, sin embargo, en un procedimiento que apenas hace unos años ha comenzado a resquebrajarse, ha ido a la cola de ese concepto porque ha canonizado mucho más que textos, a autores. Se trata de un modo de canonización más peligroso, que puede convertir a un autor en marca registrada, arrimando de un modo indiscriminado hacia la totalidad de su obra -incluidos muchas veces textos sensiblemente menores, o una repetición infinita de sí mismos- grandes volúmenes de compras. Canon como proposición de un único ideal de escritura, cuando el rasgo propio, particular y diverso, el desvío, para decirlo con palabras del poeta Nestor Perlongher, es lo verdaderamente interesante en el proceso creativo. Tanto tiempo buscando el trazo personal, para que después quieran que pinte como todos, me decía hace poco Jorge Cuello. Así ha venido sucediendo en la LIJ argentina: proliferación de escrituras "a la manera de" ciertos autores ya consagrados.... pléyades de escritores repitiendo sus procedimientos hasta el punto de no poder distinguir un libro de otro y pléyades de seguidores repitiendo hasta el cansancio temas, modismos, recursos de escrituras que ya han obtenido un lugar y cuyas ventas están garantizadas.

  • 9. La LIJ no ha sido considerada por la academia. La queja de los autores, acerca de que la Literatura Infantil no ha sido considerada por la academia, es constante, la venimos repitiendo desde los primeros años ochenta, pero ¿no es acaso el olvido de la academia lo que ha favorecido la proliferación de escritores y escrituras de dudosa calidad que se venden en cantidades que un escritor que publica en el circuito adultos no podría soñar? Olvido de la academia. Inexistencia de la crítica. Nulo riesgo editorial y la escuela como mercado cautivo. Esas son las cuatro patas que nos han traído hasta acá, o por lo menos hasta un momento que fijaría en torno a la debacle del 2001, cuando se empieza a percibir un incremento del interés académico, un comienzo de desarrollo de la crítica especializada y el nacimiento de nuevos (pequeños y de capitales nacionales) emprendimientos editoriales.

  • 10. Variedad/uniformidad. ¿Cómo se hace para estar en el centro y en los márgenes? En toda cultura trabajan dos mecanismos contrapuestos: la tendencia a la variedad y la tendencia a la uniformidad. También sucede eso al interior de cada escritor y entonces la escritura se coloca en un punto de tensión entre esos dos extremos: diversidad/ uniformidad. Mientras preparaba estas líneas me llegó una entrevista a Enrique Butti. Leo un párrafo porque dice, de un modo más eficaz que el de mis palabras, la posición en que me interesa colocarme a la hora de escribir: "Lo que debe preocuparle al escritor es tratar de escapar de sus límites o, por lo menos, tratar de cavarse túneles, fosos, pozos, ir más allá. Nuestra época canta loas a los escritores bien pautados y de senderitos asfaltados, cuando no de bien señalizadas autopistas. La alternativa la constituyen los autores que, merced a su vagabundeo, han dilatado los alcances y la amplitud de su estilo, autores preocupados no por estampar su firma en cada línea de sus libros, sino arrebatados por saltos mortales siempre más allá..." El cambio de género y de potencial lector han sido para mí modos de escapar a los encasillamientos que Butti llama "senderitos asfaltados o bien señalizadas autopistas". Yo podría, a esta altura de los años, visto cómo van las cosas, dedicarme exclusivamente a escribir libros para los chicos. Es ése un espacio en el que he alcanzado cierto reconocimiento, no tengo mayores problemas para colocar editorialmente lo que produzco y a su vez, los libros que he publicado -sin ser yo nunca un éxito de ventas- se han sostenido a lo largo del tiempo, de modo que devienen en liquidaciones de derechos de autor que -de dedicarme yo a tiempo completo a producir ese tipo de textos- engrosarían. ¿Para qué entonces escribir poesía, por ejemplo, para editarla en ediciones pequeñas, alternativas, a cambio de unos pocos ejemplares de obsequio? ¿Por qué escribir cuentos que, como dicen a coro los editores, no se venden? Sin embargo, cada vez que termino un proyecto de escritura (o cuando lo abandono porque no funciona como quisiera) me cruzo a viejos borradores que están en una búsqueda diametralmente opuesta a la que tenía entre manos. Es que no se trata sólo de escapar a los encasillamientos o etiquetas que puedan ponernos los lectores o los editores, sino sobre todo a los propios encasillamientos, etiquetas y estereotipos. Se trata de generar estrategias para permanecer en constante desacomodo, si es que uno entiende la escritura como una exploración, un camino de conocimiento.

  • 11. Adecuación / exploración. En relación a esto, quisiera leer unas líneas sobre Carver, escritas por su mujer en el prólogo a uno de sus libros de poemas, porque tienen que ver con la exploración, con ese desacomodo interno al que me refiero, con la dialéctica entre el propio centro y los propios arrabales: "Ray utilizó su poesía -dice Tess Gallagher- para sacar al tigre de su escondite... (...)... desobedecía a sabiendas las presiones que le hacían para que escribiera relatos porque era en lo que se centraba su reputación y por lo que recibía mayores recompensas en términos de reputación y de público. No le importaba. Cuando recibió el premio Mildred and Harold Strauss, concedido sólo a escritores de prosa, inmediatamente se sentó y escribió dos libros de poesía. No estaba 'haciendo carrera'; vivía una vocación y eso significaba que su escritura, fuera poesía o prosa, estaba ligada a unos mandatos íntimos que insistían más y más en una aprensión crecientemente inmediata de sus asuntos..." He traído este párrafo también para decir que se necesita tener un sentido ético sin fisuras para sostener lo que él sostuvo y aquí se ha dicho. Y para decir también que la ética de lo estético -la búsqueda de esa verdad interna de escritura- es para mí (ahora que hablamos de centro y periferias) central en un escritor y, aún más, que se trata de una construcción que lleva toda la vida. Centro del hacer que se sostiene por la posibilidad interna de forzar los propios límites, de explorar los linderos de la experiencia, los propios arrabales.

  • 12. Tradición/vanguardia. Todo escritor se coloca en algún punto entre la tradición y la vanguardia, pero dónde debe buscar la tradición o la vanguardia un escritor que escribe "para niños", ¿en la tradición literaria universal?, ¿en la tradición universal de la literatura destinada a los niños?, ¿en la tradición literaria argentina?, ¿en la literatura argentina para niños?, ¿en qué tradición debe/quiere/puede inscribirse una escritora argentina de hoy que entre sus libros ha escrito algunos destinados a jóvenes lectores?

  • 13. Literatura/ Infantil. ¿Qué está primero? ¿El sustantivo o el ambiguo adjetivo? ¿De qué padres aprender? Aún cuando leo considerable cantidad de libros destinados a niños y jóvenes, incluso mucho material inédito en mi reciente función de directora de una colección de libros para jóvenes, desde aquellos tiempos hasta hoy, se ha construido en mí y ha permanecido, la idea de que hay que buscar a los padres en el campo de la literatura, sin adjetivos.

  • 14. La literatura infantil/ Los comienzos.
    Empecé a trabajar en la Literatura Infantil en un tiempo que era al mismo tiempo el de final de la dictadura, el del inicio de mi maternidad y el de la fundación de CEDILIJ, institución que contribuí a formar y que a su vez me formó, un tiempo - fines de 1983/ comienzos de 1984- que los investigadores han empezado a considerar como los años de constitución del campo. En ese marco de fervor democrático naciente, fundamos -durante el filo de los años 83/84- un centro de LIJ, en busca de un espacio más específicamente literario en relación a este tipo de libros, un espacio que se opusiera a posturas más conservadoras y utilitarias. Lo que buscábamos revisar, cuando no combatir, era los fines didácticos, los textos funcionales, la escolarización de los textos destinados a los chicos. Veníamos de hacer estudios literarios, casi todas egresadas de la carrera de Letras, y queríamos plantarnos lisa y llanamente en la literatura. Si hay un adjetivo que yo le hubiera dado entonces a la LIJ, además de "didáctica" (palabra que usábamos para repudiar todo lo que no nos gustaba) ese adjetivo hubiera sido "marginal", ella - la Literatura Infantil y Juvenil- era por entonces algo que estaba en los márgenes de la literatura y en las orillas del mundo editorial y, tal como nosotros la entendíamos, estaba fuera de la escuela y lejos de todas las estrategias de ventas. Estaba en los márgenes y nosotros queríamos llevarla al centro. Al centro de la escuela, por sobre todo. Al centro de la escuela convertida -lo decíamos con orgullo- en verdadera literatura. Nuestras innumerables charlas, jornadas, cursos, seminarios y encuentros de aquellos años comenzaban y terminaban casi invariablemente con la frase "porque la Literatura Infantil también es literatura"

  • 15. Terratenientes/inquilinos. No pertenecer de un modo exclusivo a este campo, compartir este hacer escritural con otros (la narrativa o la poesía para adultos, como es mi caso) tiene a la hora de la difusión sus desventajas. Ya se sabe: todo campo reclama pertenencia, demanda fidelidad. Sin embargo, a la hora de elegir novelas, libros de cuentos o de poemas para la colección destinada a jóvenes lectores que dirijo, lo más interesante proviene casi siempre de escritores que no escriben exclusivamente para niños o jóvenes, como es el caso de César Bandin Ron y su libro de poemas experimentales Sumamente hormiga, o las novelas de David Wapner, o una novela de Angeles Durini que tengo entre manos, incluso a veces provienen de escritores que tal vez nunca se han puesto a pensar en un lector joven, como es el caso de Hebe Uhart de quien estoy preparando una selección de cuentos. Es que a mí me gustaría un campo de LIJ que no tuviera terratenientes, sino inquilinos, visitantes y viajeros, gente que lisa y llanamente escribe, y en cuya escritura asoma a veces algún escrito que puede ser leído por lectores niños o jóvenes. Como ha pasado con Clarice Lispector, Ionesco, Saramago, Bradbury, Colasanti, Dino Buzzati o Calvino... un campo de florcitas a la manera de aquellas que plantó Daniel Divinsky alguna vez. Me parece que en un campo de esas características podríamos decir con facilidad porque la literatura infantil también es literatura. Y sería cierto.

  • 16. ¿Al centro de qué? En aquellos años nuestro mundo y el mundo de todos era tanto más bipolar que el de hoy y entonces era sencillo saber de qué lado se estaba y contra quiénes disparábamos nuestros dardos. Ciertos autores de aquel tiempo (ninguno de ellos ha perdurado), ciertas colecciones y editoriales (hoy todas desaparecidas), ciertos espacios de formación, no eran para nosotros recomendables. Más aún, en muchos casos eran de un modo franco nuestros enemigos, pues tras los libros de escaso o nulo valor literario que escribían, editaban o difundían, se atrincheraban posturas ideológicas que repudiábamos. Teníamos muy en claro que había que difundir a otros autores y a otros libros, y que había que fundar otras editoriales y revistas y, por sobre todo, que había que construir otra calidad de mediadores. Todo (o casi todo) estaba por hacerse y teníamos para recomendar a unos pocos escritores, cada uno de ellos con uno, dos, no muchos más, libros publicados. Lo que a nuestro juicio era por entonces recomendable y, casi sin excepciones, lo que perduró de los años ochenta hasta nuestros días, lo hemos canonizado nosotros (me refiero al conjunto de instituciones, publicaciones, congresos y editoriales que surgieron entonces) en nuestros cursos, seminarios, campañas de lectura, revistas, reconocimientos públicos y reseñas. Empezamos por tender un puente entre aquel ayer apocalíptico y este hoy integrado pero luego, en aquel futuro que es hoy nuestro presente, a veces, muchas veces, no supimos distinguir -entre los innumerables libros editados que llegaron más tarde- aquellos libros que podían revelarnos algo sobre nosotros mismos... de otros que eran puro papel inútil, letra impresa incapaz de decir nada.

  • 17. Utilitarismo, mercado y otras yerbas. Debemos situar ese nacimiento del campo, nuestra inserción en ese campo, y el fervor militante de entonces en el contexto social: fin de la dictadura, ilusionado renacer de la democracia, primavera alfonsinista. Estábamos construyendo algo nuevo y paralelamente estaba el mundo. No éramos un hongo solo en medio del campo, habitábamos un contexto que reclamaba esos nacimientos y escuchábamos a una escuela que estaba pidiendo otra cosa. Desde ese lugar mirábamos hacia atrás ciertos modelos, la escasísima tradición de la literatura infantil que nos precedía: Javier Villafañe, María Elena Walsh, Syria Poletti, María Granata, José S. Tallon, Laura Devetach, Nelly Canepari, Edith Vera, Jorge W. Abalos... - algunos con apenas un libro publicado o incluso con copias mecanografiadas circulando por fuera de todo mercado- conformaban para nosotros el pequeño universo modelo de este campo literario naciente, incipiente, en los primeros ochenta. Fueron años de militancia por el libro, por la lectura, por la literatura, años fuertemente cargados de voluntarismo, sentido militante y grandes ideales. En ese arremeter nuestro de entonces hacia el centro de lo instituido para generar un nuevo canon -en el que aparecieron en escena Graciela Montes, Graciela Cabal, Gustavo Roldán, Ema Wolf, Ricardo Mariño...entre otros, lo que sumado a los nombres anteriores podría considerarse como el canon fundante- dos cuestiones asomaban como grandes desafíos a resolver en el futuro, dos cuestiones -debemos también decir- que aún están pendientes. Una de ellas tiene que ver con el acecho de nuevas formas de un utilitarismo que no ha cesado, apetencias didácticas no ligadas ya a los buenos modales sino a lo que se podría llamar nobles ideales, cuestiones como la función social de los textos, la educación en valores, la preocupación por lo que entonces llamábamos "temas tabú", cuestiones que persisten hoy de muchas maneras, groseramente explícitas o de modos más sutiles, tal como lo refieren las reflexiones hechas por Marcela Carranza en La literatura al servicio de los valores, o cómo conjurar el peligro de la literatura publicada en Imaginaria, o por Cecilia Bajour en Abrir o cerrar mundos: la elección de un canon, leída en noviembre de 2005 en el Seminario Internacional Feria del Libro Infantil de México, o las reflexiones de ambas en Abrir el juego en la literatura infantil y juvenil, publicada también en Imaginaria o las de Claudia López sobre las Venturas y desventuras del canon literario en la escuela, publicada en La Mancha, así como las permanentes reflexiones de Graciela Montes acerca de los mandatos y corrales de la zona literaria que nos ocupa. La otra cuestión, más mediata, imprevisible por aquellos años tiene que ver con la creación de lectores y la promoción de la escuela como la gran compradora de libros, lo que devino en la explosiva aparición del mercado y sus estrategias de venta: canonización de autores más que de textos; aceptación de libros "sobre tablas" sin decantación crítica; (más) venta de lo que se vende más, considerando las cifras de ventas como única muestra de calidad bajo la idea de que debe ser bueno si a los chicos les gusta (lo que se promociona con obsceno merchandising....) y algo más que apareció junto a todo eso: la banalización de la figura del escritor contratado para ir a las escuelas con el objeto de llevar a cabo una suerte de "animación de sí mismo" que, si en un comienzo tenía el buen propósito de provocar un encuentro con los lectores, a menudo termina convirtiéndose en una acción que en lugar de llamar la atención sobre el libro, lo reemplaza.

  • 18. Una mesa de muchas patas. En fin, que un campo debe sostenerse por varias puntas: los estudios académicos, la rigurosidad del aparato crítico, la formación lectora de docentes bibliotecarios y otros mediadores, la ética estética de los creadores, la capacidad de riesgo de los editores. Me parece que buena parte de lo que ha sucedido en términos de gran circulación de tantos libros pobrísimos en la LIJ de nuestro país, tuvo que ver con la - por lo menos hasta hace unos años- escasa o nula existencia de espacios de investigación y crítica y con el corrimiento de un modo de lectura alerta en las legiones de mediadores, formadores, maestros, bibliotecarios, coordinadores de talleres y técnicos de programas y campañas de lectura, lo que dejó a los grandes grupos editoriales el campo bastante libre en eso que podríamos llamar la conquista de la escuela.

  • 19. Lectura alerta y flechazo. Lectura alerta, me digo. Alerta al pinchazo del que habla Horacio González o al punctum de Barthes, a eso que se produce cuando no lo esperamos, cuando olvidados de los destinatarios para los que podría llegar a ser "apropiado" leerlo, olvidados de su posible utilidad en clase e ignorantes de su eficacia para enseñar tales o cuales cosas, olvidados también de lo que estábamos buscando en él, el libro que tenemos en las manos nos hiere, deja escapar una flecha que nos punza y nos perturba. Libro que cuando nos llega es pequeña mancha, agujerito y también casualidad, alegría de haber sido flechados, ignorando el después, el sin más y el para qué, olvidados también de eso que debíamos hacer: escribir unas líneas sobre los problemas del canon.

 

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