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“De los obstáculos pueden salir oportunidades”
Entrevista con Claudia Rueda

La ilustradora colombiana que ganó Mención Honorífica en el concurso de literatura infantil A la orilla del viento de la editorial Fondo de Cultura Económica de México, con su libro La suerte de Ozu, habló con Martha Iannini en Espantapájaros.

Martha Iannini: ¿Cómo nace la historia y cómo nacen las ilustraciones del libro La suerte de Ozu?
¿Cómo le fueron llegando al corazón, a la mano? ¿Cómo cobraron vida?

Claudia Rueda: La suerte de Ozu nació hace ya varios años. Los libros se cultivan lentamente, como una semilla que toma su tiempo y tiene que pasar por muchas etapas antes de retoñar. La historia de Ozu comenzó a darme vueltas hace como cinco años, cuando tuve mi primera hija. Por esa época, un tema me inquietaba y mucho más desde que empecé a hacer libros para niños: ¿Qué historias quiero contarle a mis hijas? ¿Les deben enseñar algo? ¿Deben tener una moral, o divertirlas sencillamente? ¿O hablarles de los temores y peligros de la vida a través de brujas, ogros y dragones, como lo hacen los cuentos de Grimm, Andersen y Perrault, que fascinan a los niños?

Las brujas y los ogros me encantan, pero eso no era lo que yo buscaba en ese momento. Mi inquietud era la de cómo hablarle a los niños sobre eso que llamamos vida, eso que viene sin manual de instrucciones y que nos monta tan pequeños en un mundo tan grande, extraño y fascinante, lleno de muros, agujeros y laberintos. Nosotros recibimos mucha moral en nuestra formación, pero poco de ética, poco del Arte de vivir del que habla Fernando Savater. Yo no creo en tanto moralismo para los niños. No pretendo hacer énfasis en lo que está bien, lo que está mal, o en el final feliz, porque la vida no es en blanco y negro. Las historias de filosofía oriental resaltan la complejidad tan bella de la vida, pero absteniéndose de juzgar.

M I:¿Cuál es el sentido de esta historia y por qué le gusta tanto?

C R: Esta historia, basada en una leyenda taoísta, nos muestra una serie de eventos en la vida del joven Ozu, quien siempre los considera lo peor o lo mejor que le ha podido suceder. Su padre, con gran sabiduría, siempre le dice que es imposible saber si lo que nos ocurre es en realidad bueno o malo. Y la historia va demostrando que el padre tiene razón.

La suerte de Ozu habla del desapego a los pesados prejuicios que cargamos sobre el éxito y el fracaso. El éxito no es necesariamente que todo salga bien, o ganarse todos los trofeos o ser el más popular de la clase, o el más guapo. No es ganarse la lotería, sino salir triunfante de una vida con dificultades, pues saber vivir es en parte ver que los obstáculos pueden ser oportunidades.

A mí me gusta contarle a los niños la historia del pintor Henri Matisse, quien habiendo terminado estudios de Derecho en París, cae enfermo y tiene que permanecer en cama durante un buen tiempo. Para distraerse comienza a pintar, cosa que no había hecho nunca antes, y queda desde entonces fascinado con la pintura. Gracias a esa enfermedad (aparente desgracia), abandona el Derecho y se dedica a pintar, convirtiéndose en uno de los artistas más importantes de siglo XX

M I: La historia de Ozu termina de una manera inusual: queda abierta, sin final aparente, ¿por qué?

C R: En muchas leyendas orientales el final no es obvio, como sí lo es en la mayoría de cuentos clásicos europeos, donde por ejemplo el príncipe se lleva en su caballo a la princesa, viven felices y comen perdices (generalmente con cofre lleno de oro incluido)

Yo creo que a los niños no hay que concluirles tan fácilmente las cosas. La historia de La suerte de Ozu queda abierta precisamente porque así es la vida.

M I: ¿A la hora de ilustrar cómo se siente más cómoda: buscando usted misma las historias y dándoles un lenguaje visual, o recibiendo una historia de otro autor y acomodándose al texto, para crear a partir de ahí?

C R: A mí me encanta crear. Me apasiona. Pero también disfruto muchísimo investigando, ya sea para ilustrar leyendas, cuentos clásicos, o textos de autores contemporáneos. Lo importante es que la historia me guste, sin importar su origen. A través del dibujo, el color, y los personajes, me la voy apropiando, le voy dando identidad, la vuelvo mía.

Pero también estoy escribiendo ahora, y la satisfacción de ilustrar mis propios textos es muy grande.

Esperen el próximo libro ilustrado por Claudia que ya está “en el horno”. No les adelanto más.

Martha Iannini

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