Nuevas Voces
El castillo de los libros
Por: María Fernanda Paz-Castillo
María Fernanda Paz –Castillo, crítica e investigadora
venezolana de literatura infantil, comparte con los lectores de Espantapájaros
su reciente experiencia como becaria en la Internationale Jugendbibliothek
de Munich, la biblioteca más completa y especializada en el campo
de los libros para niños y jóvenes. Esperamos que este testimonio
anime a muchas personas interesadas a visitar, en forma virtual, el “castillo
de los libros”, cuyas señas se incluyen al final. Y como la realidad
está cada vez menos lejos, quizás alguno de los que ahora
leen su crónica sea el próximo becario. Ojalá, en
una futura próxima entrega de este boletín, podamos conocer
avances de la investigación que nuestra colega está desarrollando
en torno al libro álbum.
El castillo de los libros.
Notas sobre mi experiencia en la Internationale
Jugendbibliothek
Para Jochen Weber, por los libros que puso
en mis manos; por los cafés y las cervezas; por Rothenburg
y por las calles de Munich; por esas largas conversas sin principio
ni fin… por
las bolas alemanas y por la amistad …
La Internationale Jugendbibliothek
fue creada por Jella Lepman en 1949. Lepman, inmediatamente después
de la II Guerra Mundial, realizó una exposición
internacional de libros para niños y jóvenes en
Munich con el fin de encontrar una nueva esperanza para los niños
y los adultos después de los años de terror nazi
y de los horrores de la guerra. Desde 1983, la Internationale
Jugendbibliothek tiene su sede en el Castillo de Blutenburg, en
el distrito de Obermenzing, en Munich. Albergar todos los libros
para niños y jóvenes
que se publican en el mundo -sin distinción de idioma,
cultura, calidad-, crear exposiciones itinerantes de libros, y
propiciar la investigación en torno a la literatura para
niños y jóvenes a partir del programa de becas para
investigadores, son algunos de los objetivos de la Biblioteca.

Schloss Blutenburg: el castillo de Blutenburg,
un día de otoño.
Hace poco más de un año, Petra Woersching –coordinadora
del programa de becas de la Internationale Jugendbibliothek- me
comunicó que había ganado una beca de investigación
en la Biblioteca.
Hacía más de diez años
había tenido
las primeras noticias sobre la Jugendbibliothek, pues algunos
colegas la habían visitado por aquellos tiempos. Desde
entonces tuve deseos de sentarme escribir un proyecto de investigación
para enviarlo, y tomar luego un avión justo hasta el corazón
de Bavaria.
No hace más de un año y medio me decidí a
escribir aquel plan de investigación, gracias a la insistencia
de Beatriz Helena Robledo, una de mis mejores amigas colombianas,
crítica de literatura para niños y jóvenes,
y quien también había sido becaria en la Jugendbibliothek
en el año 2000. El tema que propuse fue el que ha ocupado
casi todos mis años de estudio en torno a los libros para
niños: el libro-álbum. Traté de vincular
este tema general a uno más específico y, sin duda,
necesario: la evaluación de este complejo género
de libros para niños. El proyecto de investigación
fue aceptado, y entonces tomé aquel avión que me
condujo a una de las experiencias más maravillosas y fructíferas
de mi vida, tanto en lo profesional como en lo personal.
Todavía
recuerdo “eso” que sentí en el estómago
cuando entré al aeropuerto de Munich; aquellas palabras
larguísimas en un idioma incomprensible, lejano a más
no poder del mío, fueron entonces una premonición
de lo que me esperaría: un mundo nuevo se abría
ante mis ojos.
No fue gratuito tampoco encontrarme al día
siguiente en la entrada de la Biblioteca con las otras becarias,
quienes serían
mis compañeras de reflexión y ¡de diversión!
durante la estadía. Una de ellas, Arrundhatti, venía
de India (allá se desempeña como directora editorial
de Scholastic) y la otra, Irina, moscovita, es bibliotecaria de
la sala infantil de la biblioteca más grande de libros
en idiomas extranjeros que hay en Moscú.
Una vez conocidas
todas las personas que trabajan en la Biblioteca, y que se
convertirían
en mis colaboradores, dediqué una
buena parte de mis energías a entender el sistema de búsqueda,
que la verdad no es nada complicado, pero sí diferente
a todos aquellos que había utilizado hasta ese momento… (Además, ¡es
en alemán!). Analicé y entendí este sistema
y el de catalogación con el fin de poder localizar físicamente
en la sala de estudios los libros de referencia que necesitaría,
pues los libros para niños se encuentran en un enorme y
cuidado depósito en el último piso del castillo.
A ellos accedí localizándolos primero en el catálogo,
llenando fichas y esperándolos pacientemente, aunque tuve
la oportunidad de bajar y tomar por mí misma los libros,
pues en la Jugendbibliothek, ¡todo es posible!
Ya escogido
el lugar en el cual trabajaría –en la sala de
estudios hay un buen número de cubículos-, lo primero
que hice fue pedir la edición más antigua de la
Biblioteca del Orbis Pictus ( Commenius,
Johann Amos. Este libro, que la historia de la literatura infantil
considera el antecedente de los libros para niños,
se convirtió en
mi libro de cabecera durante toda mi investigación. ) ,
y releer concienzudamente mi proyecto de investigación.
Con tristeza me di cuenta de que todo lo planteado en los objetivos
sería imposible de realizar en apenas tres meses pues lo
que me había propuesto requería tanto tiempo de
investigación
y reflexión como una tesis de grado. El proyecto pretendía
realizar una comparación entre los criterios de evaluación
de instituciones que se dedican a ello –como muchas de éstas
no tienen criterios escritos, mi idea era extraerlos a partir
de las evaluaciones y reseñas… pero ello, de entrada, convertía
mi objetivo en una labor titánica-. Luego de esto y de
seleccionar y analizar muchos buenos libros, establecería
unos criterios muy
Commenius, Johann Amos.
Este libro,
que la historia de la literatura infantil considera el antecedente de
los libros para niños, se convirtió en mi libro de cabecera durante
toda mi investigación.
Con tristeza me di cuenta de que todo lo planteado en los
objetivos sería imposible de realizar en apenas tres
meses pues lo que me había propuesto requería
tanto tiempo de investigación y reflexión como
una tesis de grado. El proyecto pretendía realizar una
comparación entre los criterios de evaluación
de instituciones que se dedican a ello –como muchas de éstas
no tienen criterios escritos, mi idea era extraerlos a partir
de las evaluaciones y reseñas… pero ello, de entrada,
convertía mi objetivo en una labor titánica-.
Luego de esto y de seleccionar y analizar muchos buenos libros,
establecería unos criterios muy personales que se derivarían
de todo este trabajo y de toda mi experiencia como evaluadora.
Entonces, reformulé con rapidez mis objetivos. Para aquel
entonces ya había regresado Jochen Weber de Berlín –acompañaba
a María Teresa Andruetto en la presentación de Stefano ( El
libro tiene una primera edición en español del
año 1997 por Sudamericana y una reedición de esta
misma editorial del año 2004. Recomiendo leer este libro
pues es entrañable, sencillamente fabuloso.) en
alemán, pues él lo había traducido a este
idioma-. Jochen sería en adelante mi ángel de
la guarda, mi tutor (el mejor del mundo), y mi amigo. Entonces,
con Jochen, reconstruí mis objetivos: me dedicaría
a analizar un corpus nada desdeñable de libros para niños –todos
ellos provenientes de premiaciones, referencias en artículos
y libros críticos sobre el tema-. Después del
ejercicio de búsqueda y observación, elaboraría
unos criterios para ser corroborados “sobre y en” cada uno de
estos libros , con el fin de llegar a conclusiones certeras
sobre la evaluación de libros-álbum, lo cual no
es algo distinto a saber qué libro es bueno o no, y por
qué.

Ausleihe: una actividad con niños en la biblioteca
de préstamo de la Jugendbibliotehk.
Jochen y yo nos pusimos en la tarea de localizar las fuentes
de información, lo cual resultó ser una de las
partes más fructíferas del trabajo ya que, para
seleccionar, hay que ver mucho; el decidirse por un libro implica
que muchos otros quedan por fuera (no menos buenos, pero sí quizás
menos útiles para la consecución de mi objetivo).
Esta parte de la investigación también me significó sumergirme
de lleno en la crítica –lo cual indudablemente sería
el sustento de toda mi investigación y uno de mis objetivos
principales-. Ratifiqué, por ejemplo, mi idea de que
era imposible hablar del álbum en abstracto, pues toda
la crítica y los ejercicios críticos que localicé sobre
este género, partían de un corpus de libros como
el que yo misma intentaba armar.
Durante mi investigación,
la misma escena se repitió constantemente:
antes que nada, buscaba los libros-álbum que citaba el
texto crítico estudiado, y entonces comenzaba la lectura
conjunta de todos estos materiales. De esta forma aparecieron
muchísimos libros totalmente desconocidos por mí,
pero cuyo valor para la literatura infantil ha sido incalculable.
Allí no sólo descubrí autores e ilustradores
que hoy en día son referentes ineludibles, sino que pude
confrontar distintos puntos de vista y llegar hasta el fondo
de la discusión: pude aprehender lo que es realmente
un álbum, sintiéndome en la capacidad de dejar
de lado muchos libros que, aunque son vendidos, promovidos e
introducidos en todos los medios como álbumes, no comparten
con los “verdaderos álbumes” su esencia, que no es otra
que la interrelación entre la palabra y la imagen y entre
las imágenes mismas.
En una de esas búsquedas
cayó en mis manos Where
the girls are de Nikolaus Heidelbach ,( Annick
Press, Toronto, 1994. Es importante mencionar que cuando este
libro fue publicado en Alemania surgió todo un debate crítico
en torno a él debido a las controversiales imágenes
de niñas que presenta y a la posición de éstas
frente a los niños.) un libro que no
sólo
me desconcertó, sino que me
llevó a un campo
nuevo y desconocido para mí hasta entonces: el mundo de los abecedarios,
de los alfabetos. Como estaba literalmente en el “castillo de libros”, allí encontré –nuevamente
gracias a Jochen y a una exposición de abecedarios que la Biblioteca había
montado un par de años atrás- todo tipo de abecedarios: desde aquellos
del siglo XVII, hasta los más novedosos y postmodernos como el de Heidelbach.
Fue entonces cuando caí en cuenta de que los más conocidos autores ( Llamaron
especialmente mi atención los abecedarios de Satoshi Kitamura, Rotraut
Susanne Berner, Dr. Seuss, Mitsumasa Anno, Max Velthuijs, Monique Felix, entre
otros. )de álbumes
habían hecho un abecedario, los cuales indudablemente no circulan ni en
Latinoamérica ni en España . ¿Los motivos?... ¿Cómo
saberlos? ¡Parece incomprensible!
Uno de los más importantes resultados
en cuanto a mi investigación sobre los abecedarios fue elaborar una
clasificación que atiende a la intención de éstos,
la cual está relacionada también con las diversas
corrientes pedagógicas que han existido a lo largo de
la historia.
Confieso que me costó mucho retomar el hilo
de mi investigación
sobre los álbumes, pues era tanto y tan insaciable mi
apetito por ver cada vez más abecedarios, que prácticamente
me dediqué a ellos durante un mes, en el que, por cierto,
no dejé de leer crítica sobre el álbum,
pero me concentré en los abecedarios –muchos de los cuales
sí son verdaderos álbumes-.
En cuanto a los álbumes,
algunos de mis hallazgos son los autores que conocí y
la claridad sobre la consecución
de un cierto nivel mínimo de calidad formal en la mayoría
de los álbumes que se producen en países como
Alemania, Inglaterra, Francia, Italia. Sin embargo, aunque muchos
de estos libros guardan las apariencias de buenos libros-álbum,
en el momento de analizarlos y pensarlos nos encontramos con
que no son tan buenos como a simple vista parecen. Sin embargo,
resaltan aquellos libros que, partiendo de lo establecido y
de los avances del género, logran dar algún salto
adelante, y se imponen no sólo por su calidad sino por
sus novedosos planteamientos en relación con la niñez,
la lectura, la historia, la postmodernidad. Un tema sobre el
que me gustaría investigar es si el hecho de que un libro
sea considerado como álbum ya implica que éste
posee cierto nivel de calidad.
Sandra Beckett, profesora de
la Brock University (Ontario), puso en mis manos un tipo de
libro del cual nunca había ni leído,
ni escuchado, ni visto absolutamente nada. Se trata de los libros
creados por Katsumi Komagata .
( De
estos libros existen pocos ejemplares, pues son producidos en
bajo número debido
a sus elevadísimos costos. Entre algunos de los títulos
de este autor se encuentran: The animals (1991), Walk & Look (1992),
1 to 10 (1991), Go around (1992), todos publicados
por la editorial Kaiseisha,Tokyo.)Sin duda, estos libros
causaron en mí no sólo
sorpresa, sino que me han llevado a pensar en las numerosas posibilidades
del papel, del color, de la línea, de los libros como
objetos únicos e irrepetibles a los cuales entramos como si de un mundo
nuevo se tratase; también son un excelente material para reflexionar acerca
de nuevas formas de leer sobre el papel, un tema que muchos creen agotado.
En
este momento trabajo en la escritura de uno de los productos de mi investigación:
se trata de un texto que contiene una breve historia del álbum a partir
de hitos y tendencias, y que incluye ejercicios críticos para acercarse
a los álbumes,
haciendo uso de los criterios que he ido construyendo a lo largo
de mi experiencia como evaluadora y que ahora se complementan
y enriquecen gracias a mi trabajo de investigación de
estos meses en Munich.
Ahora bien... De no haber sido por los
cafés a media
mañana con mis colegas (a quienes hay que sumar a Leena,
una editora finlandesa que llegó mucho después
y con quien me divertí horrores enseñándole
español y a bailar salsa), de las cervezas nocturnas
con Jochen y de las idas y venidas por aquel corredor del castillo
que desembocaba en la sala de estudios y cuyas paredes estaban
cubiertas por las ilustraciones de los cuentos de los Hermanos
Grimm realizadas por Adolf Born ,( Merecedor
de la Manzana de Oro en la Bienal Internacional de Bratislava
y la Medalla de Oro en Leipzig. Las ilustraciones a las que
me refiero forman parte del libro Märchen . München
: C. Bertelsmann Jugendbuchverlag, 2004.)
dudo que hubiese podido culminar mi investigación, y
lo que es más: mi estadía en Munich. Toda la diversidad
cultural que encontré enriquece mi concepción
sobre los libros y la literatura, sobre el entendimiento sin
importar el idioma, sobre la importancia y necesidad de las
diferencias a partir de un mismo referente: los libros para
niños.
Mi investigación se vio interrumpida por
maravillosos eventos, encuentros, y despedidas: viajé a
Frankfurt a la Feria del Libro; conocí los Alpes; despedí a “la
camarada Irina”, y luego a Arrundhati y a Leena; conocí a
Evelyn Arizpe, con quien entablé buena amistad en el
plazo de un fin de semana (y quien había volado entre
Escocia y Munich a presentar los resultados de una investigación
que desarrolló en la Universidad de Cambrigde con libros-álbum
y niños, la cual será publicada próximamente
en la colección Espacios para la lectura del
Fondo de Cultura Económica); aprendí a tomar cerveza,
a comer salchicha blanca con mostaza dulce; supe que el alemán
se aprende con dedicación, estudio y amor, y nada más
y nada menos, tuve la oportunidad de estar en “el ombligo de
la literatura para niños”, pues eso es lo que es la Internationale
Jugendbibliothek.
