¿Cómo escoger buena literatura para
niños?
Por: Yolanda Reyes
2003
Ésa es la pregunta más frecuente que me hacen los padres y
no me gusta contestarla en abstracto porque cada niño y cada niña
son diferentes y los padres también lo son y cada persona tiene sus
gustos, sus preguntas, sus formas de leer... Y todavía no he mencionado
las edades, porque hay desde bebés, hasta adolescentes en ese rótulo
que los adultos denominan con el genérico de “niños”.
Pero también ésas son categorías abstractas porque a
un bebé le gustan los animales, mientras el bebé de al lado
prefiere las flores y una niña de diez años odia los poemas,
aunque a otro niño le fascinen. Lo mismo sucede con las novelas de
aventuras o con las que hablan de la vida real. Igual con los monstruos que
con las hadas. Unos se van por los cuentos; otros, por las historietas. Algunos
quieren muchos dibujos y otros quieren letra pequeña. Y eso por no
hablar de momentos, porque hay libros para leer de noche y otros para leer
de día. Hay libros para llorar y hay otros para reírse. Unos
son perfectos para contestar esa pregunta que nos da vueltas en la cabeza
pero hay otros que nos dejan un montón de preguntas nuevas. A veces
necesitamos una respuesta y a veces necesitamos más preguntas.
Y así sucesivamente...
Entonces, ¿no hay respuesta? Más bien no hay una
receta. O, tal vez, podría haber una: Para dar de leer a
un niño, sólo hay que saber leer. ¿Leer cómo? ¿Leer
qué?
1. Leer a los niños.
Quiénes son y qué les
gusta. Qué nos dicen todos los días, no sólo
con lo que hablan, sino con lo que no hablan. Qué lo desvela
y qué los hace soñar. A qué juegan, de qué se
ríen, por qué lloran. Qué sienten con los
libros que ven en la casa, en la biblioteca, en la librería
o en la clase. Por cuáles se inclinan. Así sean hermanos
gemelos o compartan el mismo pupitre en el salón, pueden
ser totalmente distintos. Ningún especialista sabe lo que
usted sabe sobre ese niño concreto que espera un libro justo,
en un momento justo de su vida. Confíe en esa sabiduría
instintiva. Sus propios niños son su primer texto de lectura.
2. Leer el libro, panorámicamente.
Como lee las vitaminas
en la caja del cereal: usando su criterio. Usted no compra el
cereal sólo por la caja más vistosa o porque tiene un muñeco
de Walt Disney. Tampoco compra un disco sin mirar la carátula
y las canciones que trae. Incluso, muchas veces pide que se lo
dejen oír.
Eso mismo que hace en la tienda de discos o lo que hace en la
librería,
antes de comprar un libro para usted, debe hacerlo con los libros
para sus niños. No compre el primero que le ofrecen en la
supertienda. Antes de fijarse si tiene pasta dura o troquelados,
pregúntele al libro:
a) ¿Quién lo firma? Usted no compra
un libro anónimo,
a no ser que se trate del Cantar del Mío Cid. Tampoco le
da lo mismo comprarse una novela de Saramago que la de un "escritor
fantasma". El mercado está lleno de libros para niños
firmados por multinacionales. Como
en cualquier literatura, un verdadero escritor de libros para niños
respalda lo que escribe con su firma.
b) ¿Quién es el ilustrador? En los álbumes
o libros de imágenes, la ilustración es un lenguaje
tan válido como el texto. Aprenda a distinguir “unos
dibujitos”, de una ilustración con carácter
y estilo propios. (De nuevo, la firma de un ilustrador es garantía
de que hay alguien detrás de ese trabajo). Usted está educando
la mirada de su niño. Desconfíe de los estereotipos:
del sol con carita feliz o de la típica casita triangular.
Mire más allá: pídale a la ilustración
que no se limite a repetir lo que dicen las palabras, sino que
las amplíe, que juegue con ellas; que proponga nuevas lecturas;
que deje un espacio para la imaginación. Los buenos libros
de imágenes pueden ser los museos de un niño.
c) ¿Es versión original o adaptación? En el
caso de los cuentos de hadas, de las historias de tradición
oral o de los clásicos, en el libro debe decir si se trata
de una adaptación o de una versión original. Es distinto
leer la Caperucita de Perrault o la de los hermanos Grimm que leer
una adaptación, pues en ésta puede haberse perdido
la fuerza del lenguaje y la carga simbólica de las imágenes.
Cuídese también de las novelas simplificadas. Alicia
en el país de las maravillas de Carroll, Pinocho de Collodi,
Peter Pan y Wendy de Barrie son novelas complejas y muy hermosas
para leer a su debido tiempo. Leer esas obras resumidas en cuenticos
de pocas páginas es como leer La Odisea en un resumen escolar.
Es mejor que su hijo pueda gozar la riqueza íntegra de la
obra, cuando crezca un poco más. Desconfíe también
de los clásicos para adultos en versiones aniñadas.
Ya llegará, a su debido tiempo, el momento de disfrutar
la verdadera voz de Shakespeare o la de Cervantes.
d) ¿Cuál es la edad sugerida? La mayoría
de las editoriales ofrecen rótulos con sugerencias de edad.
Fíjese en esas recomendaciones pero enriquézcalas
con su criterio. Hay libros para todas las edades; hay otros sin
edad, y además los procesos lectores no son idénticos.
La edad cronológica de un lector es apenas una de las variables.
Coteje la sugerencia de la editorial con su conocimiento de ese
niño real que recibirá el libro.
e) ¿Qué editorial respalda ese libro? Además
de su nombre, revise la ciudad, el año de publicación,
el nombre del traductor, etc. Desconfíe si esos datos no
son explícitos. Pase las páginas; lea la carátula
y la tapa. Encontrará datos sobre el libro y su autor que
le darán las primeras pistas.
3. Involucre a los niños en la búsqueda.
Llévelos
a bibliotecas públicas y a librerías. Lea con ellos
y acompáñelos en su proceso de crecer como lectores.
Crea en la palabra de su hijo pero, a la vez, bríndele herramientas
para que él vaya educando su criterio. En la medida en que
un niño tenga contacto con literatura de calidad, irá afinando
su sensibilidad y se volverá cada vez más exigente.
No siempre lo fácil, lo que está de moda o lo que
encabeza la lista de "los más vendidos" es lo
mejor. Tampoco se deje tentar por las colecciones completas, que
no garantizan, de por sí, la calidad de cada título.
Dé libertad para escoger pero ofrezca también la
riqueza de esa experiencia suya que ha ido ganando como lector
adulto. Y no pretenda acertar siempre. Leer es también equivocarse.
4. Busque asesoría.
El campo de la literatura para niños
es enorme. Muchos autores, ilustradores, géneros y tendencias
que no conocimos cuando éramos niños han enriquecido
notablemente las opciones de lectura. No se limite a lo que usted
leyó en su infancia. Aproveche que tiene hijos para descubrir
nuevas obras y no pretenda saberlo todo. Busque un librero o un
bibliotecario que conozca de literatura infantil. Consulte las
listas de libros recomendados, las publicaciones periódicas
sobre el tema y las instituciones que promueven la lectura. Se
sorprenderá con los descubrimientos y encontrará libros,
no sólo para leer con sus hijos, sino también para
usted.
5. No confunda una obra literaria con un libro didáctico.
Así como usted busca mucho más que enseñanzas
explícitas cuando lee una novela de García Márquez,
su hijo busca en la literatura mucho más que una moraleja.
La literatura se mueve en el campo de lo simbólico y apela
a la experiencia profunda de los seres humanos. Desconfíe
de los mensajes explícitos y de las moralejas obvias. El
mercado está lleno de libros infantiles que "disfrazan" bajo
el rótulo de "cuento" las intenciones didácticas
de los adultos. Aprenda a diferenciar los manuales de autoayuda
de las obras literarias. La literatura no pretende explicar valores,
letras del alfabeto, normas de urbanidad o mensajes ecológicos.
Lea entre líneas y no escoja un libro sólo por su
tema sino por la forma como un autor construye una voz y un mundo
propios. Desconfíe de ese lenguaje pseudo infantil, lleno
de diminutivos y de esas historias "light" en las que
los protagonistas son tan perfectos como ositos de peluche. (Su
hijo será el primero en "no tragarse el cuento").
Los libros para niños pueden ser atrevidos, transgresores,
irreverentes, sutiles, inteligentes, tristes, o miedosos. Todos
esos matices, que constituyen la infinita variedad de la experiencia
de un ser humano, alimentarán el mundo interior de su hijo
y le irán dando claves secretas para descifrar mucho sobre
su propia vida y sus emociones, sobre sus sueños y sus pesadillas;
sobre la fantasía y la realidad.
Cuando lea literatura al lado de un niño déjese
tocar por el lenguaje cifrado y misterioso de los libros. Todo
lo demás se irá dando por añadidura.
